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Periodismo y agitprop

Actualizado 26 febrero 2012  
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Antonio Pérez Henares
No era la masacre de los inocentes, ni la policía las SS; pero que los medios de comunicación han seguido como pardillos, en unos casos, y en otros con entusiasmo fervoroso, los postulados del agitprop leninista es la evidencia mayor de los sucesos de Valencia.

La primera reflexión es la alucinante magnificación de lo sucedido. Se ha convertido una tangana entre estudiantes y policías saldada con algunos contusionados, todos leves, tan solo hospitalizada- y por un botellazo-una señora que pasaba por allí, en el acontecimiento nacional y mundialmente exportable.

Los términos brutal, masacre, agresión, estado policial, fascismo han determinando una primera y contundente demostración: La exageración hasta el paroxismo de lo sucedido.

La desmesura, que tan contraria es a la verdad y tan inmediatamente la trasforma en mentira, ha sido antes que a muchos imputable a los medios informativos. Unos, por interés partidista y los otros, por intoxicación y seguidismo, han dado el más preclaro ejemplo de la ruptura de cualquier deontología profesional, de absoluta falta de rigor, de carencia absoluta de cualquier contraste y de negación , en suma, de los mínimos principios de la información.

El periodismo ha obviado cualquier intento de objetividad para pasar a ser aquello con que soñaba el líder soviético: agitación, prensa y propaganda. El AGITPROP. No es nuevo, llevamos años entrenando, no es patrimonio de un sector, se practica desde los dos extremos con pasión e irá a más y a mayor.

Un twiter, aunque se repita cien veces, no es la biblia de la información, ni su exclusiva fuente. La mínima profesionalidad exige, al menos, intentar contrastar lo que dice y lo que una parte proclama. Exige situar bajo el mismo rasero a ese jefe policial con su despropósito de utilizar argot cuartelero, “el enemigo”, con el del ya talludito lidercito juvenil con su “a sangre y fuego” a “quemar las calles”. Exige dimensionar lo sucedido. Exige, ante todo, intentar conocer la verdad, su origen, los acontecimientos previos, las acciones anteriores a la acción policial. En suma, y como poco, las dos versiones.

No ha sido el caso. Al contrario. Los periodistas han sido los aliados esenciales y los propagandistas enfebrecidos que repartían la consigna y el panfleto. Con la nueva herramienta de internet y sobre todo de los portales digitales convertidos en el contralibro de estilo del periodismo donde nada se contrasta, todo se avala e inmediatamente se convierte en causa y desmesura, el agitprop ha ocupado red, papel, radios y pantallas. Una monumental mixtificación, cuyo objetivo era llevar la agitación a las calles, la convocatoria a la revuelta masiva, partiendo de un incidente menor y consiguiendo con su amplificación hasta el paroxismo hacer de ello causa mayor. Que así ha sido y el objetivo, con creces logrado.

Pasados los días, con la tempestad, aunque fuera de vaso de agua, más calmada, aparecen todo tipo de elementos y detalles que cambian y mucho la percepción. A veces asuntos cruciales, hasta el propio detonante de la famosa calefacción, o de la invasión continua y provocativa de las calles o el insulto reiterado y la provocación hasta acabar en violencia a las Fuerzas de Seguridad, los perfiles de los detenidos, el objetivo de las sedes PP y un largo etcétera sobre los que parecía haber la clara voluntad de ocultar y no informar.

Emergen desde el fondo los hechos y algunas intenciones. Y quedan a la intemperie las vergüenzas de nuestra profesión, donde los unos empujados por la pasión partidista y los otros por amarillismos y complejos hemos dado un penoso espectáculo y hecho de todo menos lo que debíamos: intentar informar con veracidad.

PD. La radiotelevisión publica (RNE y todos los canales de TVE) que hasta las elecciones mantuvieron un cierto barniz de equilibrio, han derivado en un sectarismo y en una radicalidad y tendenciosidad asombrosas. Los encumbrados por el anterior gobierno de Zapatero se han encastillado en sus puestos y aprovechando los resquicios legales pretenden aguantar todo el tiempo posible dirigiendo ideológicamente su predio.Han convertido esos medios, en estos últimos meses, en el máximo altavoz antigubernamental -he odio jalear y convocar las manifestaciones sindicales en ¡Tablero Deportivo!- negándose a aceptar que existen nuevas mayorías, sociales y políticas expresadas en las democráticas urnas.
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