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La Crónica de Guadalajara
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Lunes, 27 de marzo de 2017

Cerrando un círculo con don Paco Rodríguez de Coro

Actualizado 28 enero 2017 12:56  
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En la noche del viernes tuvo lugar en Guadalajara, Hotel AC, la esperada presentación del libro 'Martínez Izquierdo. Diputado, Senador y primer Obispo de Madrid Alcalá (1830-1886)', seguida de una cena solidaria, ambas a favor de la Fundación Nipace.

Había, sin ser experto en conteos, cerca de 200 personas, disfrutando del coloquio conducido de manera ágil y amena por el periodista alcarreño Antonio Herráiz, con intervenciones del presidente de Nipace, Ramón Rebollo; el alcalde de Guadalajara, Antonio Román; el arquitecto y escritor Javier Solano; el Obispo de nuestra diócesis, Don Atilano Rodríguez y el propio autor del libro.

La especial relevancia del evento, estaba lógicamente condicionada por ser el biografiado un personaje ilustre de nuestra provincia, molinés, de Rueda de la Sierra, pero también por tratarse de una obra madurada y perfeccionada por su autor durante más de cuatro décadas, que finalmente ve la luz en una tierra que no destaca por ser especialmente entusiasta en la memoria y agradecimiento a sus grandes hombres.

Se trataba de una obra magistral, y muy posiblemente la más trabajada y pulida de las más de cuarenta de su autor, y me consta de primera mano, porque he sido su asistente y conductor en algún viaje de trabajo de campo por Rueda de la Sierra, Molina de Aragón, Fuentelsaz, Milmarcos y el Santuario de la Virgen de la Hoz.

Sin embargo, contagiado por el ambiente del evento y oteando entre los asistentes, he identificado en la presentación de este pedazo de libro la trascendencia de cerrar un círculo vital colectivo con la culminación de algo muy grande que comenzó en la primavera de 2008, con la presentación del libro “Guadalajara Sentida, A corazón Abierto”, un desahogo intimista de Paco de Coro, tras un episodio complicado de enfermedad. La dedicatoria de este libro rezaba: “Para mis amigos de Guadalajara, los mejores con los que yo podía soñar…” y como Paco es Paco, apostillaba que especialmente a sus exalumnos, porque sí, y también a sus adorables madres y a sus nietos, porque le daba la gana…

A partir de ese momento, se produce en Guadalajara, año tras año, una secuencia infatigable de presentaciones de más de una decena de libros, todas ellas en actos entrañables, casi todas (y digo casi todas) con nutrido apoyo institucional, y siempre en una atmósfera coherente y respetuosa con la condición de sacerdote católico y salesiano de quien nos convocaba; un hombre que, por encima de su productiva trayectoria como profesor, escritor e historiador, está consagrado a Dios y a su evangelio.

Mientras transcurría el coloquio, me venían a la mente, una a una, todas las tardes de presentaciones pasadas de libros de Paco de Coro en Guadalajara, los intervinientes, las curiosas anécdotas, incluso fragmentos destacados de mis propias intervenciones.

Gozando de esa sensación placentera que produce la evocación sosegada de episodios felices a partir de los cincuenta, sobresalía el recuerdo del nacimiento del río, visto desde el momento y lugar de la desembocadura. Mi imaginación retornaba obcecada a aquella tarde lluviosa del 14 de mayo de 2008 en nuestra “Guadalajara sentida” y pensé que el soneto que dediqué públicamente a Paco en aquella ocasión (con bastante más valor emotivo que lírico), podría perfectamente haber sido escrito para ésta: 

Sacerdote, heterodoxo y culto,
historiador de monjas y vascones,
revolución, obispos y masones,
de San Juan Bosco niño y del adulto.
 
Disfrutas tu trabajo hasta el exulto,
ratón de bibliotecas y rincones,
olfateas secretos y traiciones,
comprometido, no escurres el bulto.
 
La fortuna te trajo a nuestra tierra;
Guadalajara se apropió el tesoro
y aún hoy, lustros después, a ti se aferra.
 
Tus alumnos lucimos sin desdoro,
con tal solemnidad que casi aterra,
tu exquisita amistad, Paco de Coro.
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