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La Crónica de Guadalajara | Opinión
AHORA SÍ, PRESIDENTE BARREDA
Augusto González Pradillo
01/09/2008
La opinión semanal de LA CRÓNICA DE GUADALAJARA

Quienes hayan seguido la trayectoria de LA CRÓNICA DE GUADALAJARA a lo largo de su ya dilatada existencia habrán comprobado que en esta casa nunca hemos regalado un halago a José María Barreda. Tampoco se lo hemos cobrado, claro está. Con estos antecedentes, se podrá valorar mejor el que desde aquí nos podamos sentir reconfortados en nuestra condición de ciudadanos al ver que el Gobierno regional que tiene la obligación de gobernarnos está hoy en mejor situación para hacerlo que con lo que hasta ayer pululaba por Toledo.

¿Se ha obrado algún milagro? ¿Se ha producido algún fenómeno paranormal? Habitual desde luego, no es lo que ha ocurrido. Procedente de la inspiración divina, suponemos que tampoco... que ya no son estos los tiempos del abate Bono. Lo que ha venido a suceder es que se intuye que al fin José María Barreda Fontes ha resucitado para la política después de un año, siesta más o siesta menos, de incomprensible abulia política. Y eso es bueno para todos, más que nada porque su sueldo y el de todos sus altos cargos los pagamos entre todos, a escote, para que a todos nos ayuden con su gestión a hacernos un poco más soportable nuestra existencia mortal en esta peculiar comunidad autónoma.

A este que les escribe lo que más le ha gustado del nuevo Ejecutivo regional es que el poco pirotécnico Barreda se haya cargado de un plumazo esa solemne majadería de la paridad que con tanto empeño cuidan otros, incluso en más altas esferas. El nuevo Gobierno de Castilla-La Mancha no es paritario, puesto que en él pesan mucho más las mujeres que los hombres, dietas de adelgazamiento presentes o futuras aparte. Está bien que así sea, porque uno siempre creyó que a los consejeros se les elige por sus méritos y no como sexos andantes. Un triunfo, al menos aparente, para el sentido común.

Ha insistido mucho el propio presidente Barreda en lo del ahorro que implica reducir las consejerías. Bueno. Vale. Tal vez. Quizá. A ver cómo lo gestiona. Incluso se podía mostrar generoso y cederle a Antonio Román (tan necesitado de coche y de cariño) alguno de los vehículos oficiales que se queden en desuso en las cocheras, por falta de consejero que lo ocupe.

La prueba del nueve del supuesto ahorro estará cuando averigüemos dónde recolocan y a cargo de qué presupuesto a los muchos que ahora se van a quedar con el paso cambiado y en la calle, después de haber sido algo en el organigrama regional. Los sueldos, según uno de los principios básicos de la política, no se crean ni se destruyen, sólo se transforman. Estaremos atentos para ver qué va a ser de Eladia Abánades, Alberto Rojo, Sergio David González, Ángela Ambite... y cualquiera que pueda verse en un tris por los efectos colaterales del cambio de Gobierno y sus cesantías aparejadas. Cuando lo veamos, lo valoraremos.

Enhorabuena también para María Antonia Pérez León, que ya tiene en las reuniones de los martes del Consejo de Gobierno a una amiga, en la persona de María Ángeles García, cuya perseverancia frente a la adversidad merecía eso y más. No es que la jefa socialista provincial se lleve mal o poco con la señora Herrero o la señora Valerio, pero no hay color en la comparación. Si no hay dos sin tres, como bien dice el refrán, el que la tercera sea quien es certifica el ascendiente de la presidenta de la Diputación ante Barreda. Pues que se note, que va haciendo falta (por ejemplo, ayudando a terminar de una vez por todas con la discrecionalidad de las inversiones regionales en la provincia, en razón del color político de cada municipio; es sólo una sugerencia, pero haría mucho para que todos los guadalajareños nos sintiéramos iguales ante Dios y ante las inversiones públicas. Amén).

A fin de cuentas, lo mejor de lo que ha pasado es ver que las vacaciones cuando se acaban, se acaban para todos. Los periodistas incluso podremos perdonarle algún día al presidente Barreda que haya ejercido de tal precisamente en una tarde de domingo y nos haya sacudido abruptamente la galbana del último fin de semana del estío. Bien está si eso es indicio de que algo cambia definitivamente en Castilla-La Mancha.

En la misma proporción que irritaba contemplar una Administración regional adormecida y que sólo se movía por la inercia de otros tiempos anima a la esperanza ver que a Barreda le hayan sentado tan bien las vacaciones. Ojalá haya disfrutado de todas las siestas posibles. De todas. Para que no le quede ninguna que dormir de aquí en adelante. Si es así, hasta se lo agradeceremos. Trabajo no le va a faltar.

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