La misma noche de las elecciones, conocidos los resultados provinciales, decidí escribir estas líneas, más como un desahogo que como una manera de manifestar mi decepción. La prudencia me indicó que sería mejor posponerlas a la espera de las valoraciones que de los mismos hiciesen el Secretario General o la Ejecutiva Provincial del Partido Socialista. A día de hoy todavía espero una explicación que vaya más allá de los “resfriados de Madrid, que hacen estornudar a Guadalajara”. Esperaba algo de autocrítica, algo que en política se echa en falta y más en esta provincia, en la que es posible encabezar una lista al Congreso después de haber perdido una alcaldía por más de 5000 votos.
Opte por abandonar la militancia activa tras las elecciones municipales de 2003. Hasta ahora he mantenido mis discrepancias con la actual dirección provincial en el ámbito interno, por los conductos reglamentarios o bien comunicándolas directamente, como cuando no avalé a Jesús Alique como candidato a la alcaldía en 2003, privándonos de unas primarias entre dos buenas compañeras. Espero que nadie vea en esta carta un ánimo de revanchismo. No formo parte de ninguna “familia” ni aspiro a integrarme en ninguna operación renovadora. Creo que la responsabilidad de los militantes en este momento es hacer una profunda reflexión sobre dónde nos encontramos y cómo queremos que sea nuestro partido en el futuro. Es responsabilidad de la dirección provincial del PSOE dejar que esa reflexión se realice libre y públicamente. En casi veinticinco años de militancia recuerdo pocos momentos tan tristes como éste en los que se ha llegado a culpabilizar a los votantes de nuestras derrotas. Esto ha colmado mi paciencia y me ha decidido finalmente a hacer pública mi opinión.
Claro que los votantes son culpables, pero tanto de las derrotas como de las victorias. Esa es una de las bases de la democracia ¿no? Lo que importa es quiénes son los responsables de que los electores opten por una u otra opción. Tampoco me sirve la cercanía de Madrid para achacar a su influencia los resultados en Guadalajara. Si fuese así, ¿por qué en “la aldea gala” de Marchamalo no se dan esos resultados? Puede que se den más adelante, cuando empiece a incrementarse su censo con nuevos residentes hipotecados, como nos ha pasado en todo el Corredor.
No es que los estatutos de los partidos políticos no sean democráticos, pero están diseñados para que el poder sea ejercido de arriba a abajo, favoreciendo al que lo ostenta en cada momento. Si ese poder es ejercido además con autoritarismo y no con la autoridad de los votos degrada la vida interna de la organización, privando del debate a las agrupaciones locales y a sus militantes, que en muchos casos quedan reducidos a meras comparsas que han de aprobar unas listas en cuya confección no han participado y, éste es el caso, han aparecido publicadas en la prensa antes de un mínimo debate interno. De esta manera la militancia de base se desmotiva, se aleja poco a poco de la organización y deja de participar activamente en la vida interna del Partido, en sus asambleas y en sus comités. Y esto a su vez fortalece aun más a quien tiene la dirección del partido porque valora la ausencia de crítica como aprobación de la gestión, contando además con la seguridad del apoyo de quienes tienen que agradecerle las libres designaciones para los más diversos cargos, cargos que tienen a su favor el manejo del Diario Oficial y de los presupuestos para acallar cualquier crítica. Cuando uno milita en un partido espera aportar su trabajo y sus ideas, no repetir obedientemente consignas redactadas en despachos oficiales. Cuando uno milita en un partido sabe que existen unas reglas de juego, pero con estas reglas nos quedaremos donde estamos, no avanzaremos.
La derrota del PSOE en Guadalajara, y también en Castilla-La Mancha, no puede enmascarase en una victoria general de Zapatero. La dirección nacional aspiraba a recuperar el segundo diputado por esta provincia, aunque desconozco en qué se basaban si todos aquí lo sabíamos perdido. La derrota se debe a una forma de hacer política de los dirigentes provinciales que ya no es válida, además de a los méritos propios del PP, con un Román valorado por un partido renovado y respaldado por los votantes. O algo cambia en el PSOE de Guadalajara o tendremos PP para rato no sólo en la capital. Ese será el gran reto de quien tome las riendas a partir de ahora, que deberá ser alguien cercano, y que no esté sentado cómodamente en Madrid.
Los antiguos filósofos explicaban que la realidad que nos rodea está compuesta por cuatro elementos. Esos cuatro elementos conforman también la realidad de nuestra derrota: el agua, su ausencia y sus trasvases; el fuego, con los responsables políticos y técnicos de su extinción imputados; la tierra, o el suelo o el ladrillo, con un crecimiento exponencial, que es algo diferente a desarrollo. El cuarto elemento es el personal, el que se refiere a nuestros candidatos, que se presentaron a la recuperación tras suspender en mayo, en puestos de salida y siguen dando por bueno el 1-1... aire, puro aire. Pues eso: ¡Aire!
Carlos M. Paulos Rey es militante del PSOE