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La Crónica de Guadalajara | Opinión
BAJO EL SIGNO DEL CHIKICHIKI
Augusto González Pradillo
09/03/2008
La opinión semanal de LA CRÓNICA DE GUADALAJARA

Si alguna vez en los últimos tiempos hemos llegado a sentir la tentación de tomarnos en serio, el Chikilicuatre ha venido en nuestro auxilio para evitarnos semejante trauma. De la patria de Falla a la del autor del Chikichiki hay un trecho que ya hemos franqueado, porque esto es lo que hay y sólo vale darle vueltas si asumimos que siempre volveremos al punto de partida... justo a tiempo de no reconocernos como fuimos y asustarnos al vernos como somos.

Hemos echado el rato durante las últimas semanas, entretenidos en la montaña rusa de la campaña electoral (arriba y abajo, al ritmo de los mítines y los debates) para terminar con unos cuartos de menos en el bolsillo y el estómago de aquella manera, después de tanto meneo. Es el misterio insodable de la montaña rusa: nos atrae aunque nos maltrate, hasta el punto de volver a montarnos en ella una y otra vez, pese a que ya no nos sorprenda y, además, nos cueste dinero. Algo así es lo que han/hemos elegido los españoles. Más de lo mismo, cuatro años más.  Aunque esperemos que sea muy diferente, como puede ser.

No creo pecar de original si destaco que en estas elecciones se ha votado en gran medida más contra la derecha que a favor del PSOE, soslayando el encanto personal que haga valer su líder máximo, alias "Z", devenido a veces en notorio poder de encantamiento. Desde el otro lado se hacía lo propio, llenando las urnas de reproches ensobrados contra Zapatero antes que de apoyos manifiestos a un Rajoy incapaz de emocionar a nadie. Al final, sólo ha sido él quien se ha emocionado en el balcón de Génova.

Los ciudadanos no teníamos demasiadas escapatorias para votar en positivo, habida cuenta la radicalidad que se ha aposentado en la política española desde hace más de una década. Quienes confiamos en vivir lo suficiente como para ver una España gobernada al margen de los intereses de los nacionalistas periféricos seguiremos esperando lo impensable. Del mal el menos, al presidente Z se le han quedado las bolas propicias para la carambola fácil, dada la histórica habilidad de Convergencia i Unió para rentabilizar su presencia en Madrid, antes en pesetas y en el futuro más inmediato, se supone, en euros.

Lo que no puede ser de ningún modo es que nos lancemos de nuevo a otros cuatro años de ricino a granel. Si fuera así, mejor que vayan avisando los señores de la oposición, porque más de uno preferirá tomarse una vacaciones andorranas hasta el 2012. Un hombre tan poco dado al entusiasmo como Mariano Rajoy (doble perdedor en las presidenciales de esta república con monarca) podría invitar a sus inasequibles Zaplana y Acebes a darse un garbeo y autodisolverse solos o en compañía de otros, más que nada para variar y así oxigenar su partido. Todo antes que volver a las andadas y a las andanadas. Aunque si la alternativa es la niña (Victoria)Esperanza (Aguirre)...

Y desde el PSOE, bien vendría que nos hicieran un favor tras la resaca de la victoria: que quienes renuevan el mando trabajen para 45 millones y no para la mitad, que no se conformen con el fácil esquema del frente a nosotros, los otros. Los hay que aún creemos que eso es posible, aunque sea más difícil y menos lucido que ocuparse en satisfacer a los propios. Algunos(unos cuantos millones) creemos no ser ni de unos ni de otros y que eso aún no es delito.

A la vista de lo que puede suceder en los próximos cuatro años en España, entenderán que esta no sea la mejor ocasión para entretenerse en las minucias provinciales. Ya habrá momento para ello, porque ya se encargarán de recordárnoslo a golpe de ruedas de prensa y comunicados. A vuelapluma, destaquemos que el Corredor del Henares sigue provocando sobresaltos a los responsables socialistas de la calle Madrid, pese a las tradicionales excepciones de Marchamalo o Fontanar. Y fijémonos en el desparrame popular en Sigüenza, con viso de anuncio para navegantes escasos de tripulación.

Pero lo que ahora importa es lo que acontece en Madrid, tan cerca, tan lejos, tan insondable. Y con la economía fastidiando, para darle más picante a nuestros días y más pesadillas a nuestras noches.

Terrible oficio este de ser español incluso sin quererlo. Ya que nos parieron por aquí, al menos podrían ponérnoslo más fácil. Pues va a resultar que esta vez, tampoco.

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