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La Crónica de Guadalajara | Opinión
BARREDA NO QUIERE GANAR EN GUADALAJARA
Augusto González Pradillo
19/05/2008
La opinión semanal de LA CRÓNICA DE GUADALAJARA

Algunos lectores sostienen que los artículos de esta columna son demasiado largos y demasiado floridos. Podemos, pues, la retórica y vayamos a lo concreto: José María Barreda Fontes no quiere ganar sus próximas elecciones en Guadalajara. Y si quiere, disimula muy bien sus objetivos. Como siga así, no le van a amparar ni los despropósitos del PP, que tanto le han venido ayudando.

Para llegar a estas conclusiones basta con mirar cómo se está tratando a la ciudad de Guadalajara desde que las urnas le dieran la patada a Jesús Alique.

Desde Toledo se está tratando a la capital alcarreña como "territorio desafecto" y se la está represaliando por la vía de las inversiones... que no llegan o se van justo cuando parecía que tenían que llegar.

No hay política más torpe que la de castigar de arriba a abajo al electorado por no votar a los propios. Hacer eso en Guadalajara, con la tradición de victimismo que gastamos los alcarreños, es algo muy parecido a un suicidio con fecha de vencimiento en 2011.

La ciudad de Guadalajara es un incordio para Toledo, eso es algo bien sabido, pero también pasa por ser el banderín de enganche de todo el Corredor... esa misma comarca electoral que ha girado de forma clara hacia la derecha, sin que en Fuensalida despierten del letargo. Se ve que andan entre el FORCOL y el formol.

Todo esto no son especulaciones, sino hechos constatables. El último episodio ha sido el racaneo a cuenta de la reforma de Francisco Aritio, que sería un bulevar a cargo de la Junta de Comunidades si el PSOE hubiera retenido el Ayuntamiento de Guadalajara. Eso ocurre en la misma ciudad que tendría un Palacio de Congresos hace años, aunque no fuera tan mono ni tan de Moneo como el de Toledo, si la Administración regional tuviera un mínimo interés por gastarse los cuartos en el proyecto. Que no lo tiene.

Con Román en la alcaldía, los dineros regionales que llegan a través del FORCOL para la capital de la provincia ya se han reducido. Y gracias al FORCOL pudo prometer Alique que iba a dedicar en la pasada legislatura 20 millones de euros para cosmética en los barrios, en una operación de lifting que realmente se inició pero que alguno debería aplicarse en el rostro, para disimularse las patas de gallo que le estará provocando el reirse tanto y tan mezquinamente de la situación presente. Nos llega menos dinero sin ser menos. ¿Será porque somos distintos?

Cuando Alique se sentó en el destartalado butacón de alcalde que le dejó en herencia Bris no tardó más que unas seamanas en recibir 300.000 euros de la consejera Llanos Castellanos para tapar las goteras del Ayuntamiento, en sentido absolutamente literal y al 80 por ciento del coste total. Así daba gusto o al menos así sí que gustaba.

Tiene bemoles que de seguir con la tendencia sólo se inauguren en los próximos años en Guadalajara con fondos de la Junta aquellas inversiones con que se obsequió el PSOE en la persona de Alique pero que este no llegó a tiempo de inaugurar: ahí tenemos el vivero de empresas denominado Centro de Nuevas Tecnologías (que ya lleva un retraso de un año); el polideportivo de Aguas Vivas (que abrirá con al menos otro año de demora); la nueva Comisaría de la Policía Local (que la están peinando, oiga) o el puente sobre el Henares (que llegará cuando quiera, pues esa obra parece tener vida propia). De los pisos del Fuerte mejor no hacer estimaciones, que al paso que va la burra es fácil que no se ocupe ninguno antes de las próximas elecciones, por lo que no entraría en el menguante cupo inaugural.

Algo ha cambiado en Guadalajara... y no sólo en lo político. El tan añorado Alejandro Gil, consejero del ladrillo y el hormigón, llegó a pregonar que la provincia tenía que construir 21.000 viviendas entre 2005 y 2008 sólo para cubrir la demanda existente, de las que casi la mitad ya se ocuparía él que fueran de protección pública. ¿Se acuerdan? Algunos ya no.

De ese total, 5.400 viviendas se iban a levantar más allá de la Ronda Norte, sobre 181 hectáreas que iba a comprar la Junta de Comunidades, para urbanizarlas por cuenta de la Junta de Comunidades y ponerlas a disposición de los constructores con el control de la Junta de Comunidades una vez que la Junta de Comunidades hubiera sembrado esa enorme extensión de calles, farolas y parquecitos para mayor gloria de la Junta de Comunidades. ¿Qué hubo? No hubo. Y, presumiblemente, no habrá. Aquello se anunció tras una inesperada reunión del Consejo de Gobierno que se celebró en Guadalajara en junio de 2005 y algo había que decir. Es el viejo mecanismo de la propaganda, tan dúctil que se adapta fácilmente a las circunstancias. Y ya se sabe: las circunstancias cambian; las promesas quedan... y se incumplen.

Señor Barreda: los de Guadalajara somos pesados, ingratos, castellanistas, soberbios y unos cuantos adjetivos más que usted y sus colaboradores quizá tengan en mente pero que con su buena educación nunca escucharemos de su boca. Vale. De acuerdo. Está bien. Como usted quiera, que para eso manda... pero al menos escúchenos, oiga el runrún de Guadalajara y no sólo los cantos de sirena varada de quienes se entretienen en perder elecciones y pueden ayudarle a hacerle perder a usted las suyas.

Aunque sólo sea por eso, cambie de planes. Así, a lo mejor, le crecen los votantes y no sólo los enanos.

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