inicio
La Crónica de Guadalajara | Opinión
EL EMBARAZOSO CASO DEL EMBARAZO SIN PADRE
Augusto González Pradillo
07/04/2008
La opinión semanal de LA CRÓNICA DE GUADALAJARA

No es normal que a alguien le regalen algo valioso. Pruebe usted mismo a recordar, si se atreve, cuánto tiempo ha pasado desde que alguien llamó a su puerta para darle libre de cargas una finca de regadío. ¿Difícil, verdad? Tampoco es frecuente que a uno le vayan dando por la calle lo que no ha pedido y que, encima, el rumboso donante porfíe ante los recelos iniciales, hasta el punto de insistirte durante tres años para que se lo aceptes. Como para no mosquearse…

Con el maravilloso invento del campus universitario de Guadalajara se terminan por poner en guardia todos los sensores de la desconfianza a fuerza de ver cómo todo el mundo se extasía de gozo por algo que, a día de hoy, no llega a sietemesino pese a haber sido gestado en el ya lejano 2005. Semejante embarazo terminaría pasando a los anales si no fuera algo habitual por La Alcarria, tierra propicia para las gestaciones prolongadas: el  Palacio de Congresos, por ejemplo, va para una década de propuestas sin que nada vea la luz ni con fórceps.

Para más abundamiento, cuando el niño campusino nazca se le conocerá la madre (cosa, por otra parte, ajustada a la ortodoxia) pero es previsible que se ignore quién fue su padre, más allá de algún dato nebuloso perdido en la noche de los tiempos. ¿ O es que quizá no lo tuvo nunca?

Lo que hemos aceptado los cronistas como verdad universal es que a José María Barreda Fontes un día indeterminado de las calendas del 2005 le sobrevino una iluminación y convino consigo mismo que era bueno para Guadalajara que se construyera allí (aproximadamente) un nuevo campus universitario. Es así como empezó a gestarse el campus. Sin fecha precisa. Sin escenario preciso. Se cree, incluso, que en solitario. Sin coyunda.

Nadie se sorprendió entonces ni ahora de que a nadie de la capital de la Alcarria se le hubiera ocurrido que eso fuera necesario, pese al natural quejumbroso del alcarreño, tan dado a pedir a otros lo que no está en su voluntad conseguir por sus propios medios. Pero es que ni siquiera al rector Zapatero, de tan probada efervescencia intelectual, le había brotado tal inquietud en las vísperas. Será que en Castilla-La Mancha las cosas son así. Pues sean, ya que son.

Pero dado que vivimos en tiempos poco propicios para creer en iluminaciones celestiales, no renunciemos a ver algún día aclarados los entresijos de todo esto que voluntariosamente llamamos campus y que hasta ahora sólo ha sido un embrollo con tintes de recalificación urbanística por causa de fuerza mayor.  Y tiempo es lo que más sobra, que al paso que va la burra…

Así, con el sosiego que da el que nadie nos apremie, podremos recordar los sobresaltos vividos por Jesús Alique, cuando aún era alcalde y creyó que el campus se le iba a la estación del AVE. Rafael Santamaría, el factótum de Valdeluz, aún sigue intentando, en vano, llevarse para esas alturas alguna instalación de prestigio, que nadie se atreve a descartar pero que nunca llega, para dar lustre a la ciudad inventada en un barbecho como en El Ruiseñor dará cobertura a un polígono industrial. Falta lo más importante: quien tenga la idea o quiera tenerla.

También esperaremos el momento en que Barreda o algún propio dé explicaciones de cómo van a gastarse los 100 millones de euros que dicen que van a gastarse en el campus… más que nada porque están insistiendo que se van a gastar esa cantidad y no otra desde hace más de dos años. Al menos, que la actualicen al IPC, que la inflación ya nos ha escamoteado un pico sobre la promesa inicial.

Incluso con un poco de tiempo alguien nos explicará qué hacía el CSIC en aquel encuentro preliminar, en septiembre del 2006, cuando Alique y Barreda concelebraron (anfitrión uno; maestro de ceremonias, el otro) en presencia del rector Zapatero y de Carlos Martínez, a la sazón presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. ¿Dónde se han quedado nuestros sabios de plantilla? Que los busquen, por favor, siquiera sea para poder seguir hablando un ratito más de eso del Parque Científico y Tecnológico sin que nos dé un ataque de risa o de nostalgia.

Nos quedan meses para saber qué carreras van a poder estudiar nuestros hijos (o los hijos de nuestros hijos) en los aledaños de la estación de RENFE. 

Nos quedan años para verlo. 

Nos queda toda una vida para entenderlo.

El lector curioso y con tiempo libre quizá encuentre interesante el texto completo del documento firmado días pasados por el Ayuntamiento de Guadalajara, la Junta de Comunidades y la Universidad de Alcalá. No le desvelará demasiado, pero entretiene.

Preparar para imprimir Imprimir Enviar por correo Enviar a un amigo  
Volver Volver

Gestor de contenidos
desarrollado por
Powered by
SPC v6.5 ®
SPC