El artículo de Remartínez, pese a su extensión, merece ser leído con atención. Lo reproducimos íntegramente:
A estas alturas del siglo XXI, nadie debería tomarse ni un solo minuto de su tiempo para explicar la pertinencia de un Palacio de Congresos y Exposiciones en Guadalajara. A estas alturas del siglo, tampoco nadie debería consentir que nadie le robase un solo minuto para explicarle lo que debería ser evidente. Pues ni lo uno ni lo otro: aunque llevemos casi una década con el asunto, seguimos sin disponer en Guadalajara de una instalación que debería ser una realidad desde hace años. Y cimentada tan en el sentido común que ni siquiera los reiterados incumplimientos y los consiguiente retrasos han invalidado un ápice un proyecto que sigue siendo imprescindible.
Un ilustre y circunstancial vecino de Guadalajara dijo en una gloriosa ocasión aquello de que "quien resiste, gana". No está en nuestra voluntad desairar póstumamente a Camilo José Cela. Si el escritor gallego vio el momento en su casa de El Clavín de recibir el Nobel que por tantas veces le había sido esquivo, no seremos nosotros los que desesperemos ante la retahíla incesante de palabras dadas e incumplidas, las críticas recibidas y las razones injustificables que hemos tenido que oír para justificar, es un decir, que Guadalajara siga sin aprovechar en 2008 una coyuntura que casi obligaba a crear una institución ferial propia en la capital alcarreña cuando el milenio alboreaba.
Eran unos tiempos aquellos tan lejanos que aún echábamos las cuentas sin liarnos con los euros, puesto que lo hacíamos en pesetas. Ya por entonces, la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Guadalajara planteaba públicamente y de forma razonada la ventaja competitiva de la capital alcarreña para la actividad ferial, como prolongación natural de lo mucho que ya se hacía (y de lo que mucho más que no tenía cabida definida) en las magníficas y tan cercanas instalaciones de IFEMA, dependientes de la Cámara de Comercio de Madrid.
Quien primero se animó a dar respuesta a esta inquietud fue José María Bris, en su condición de alcalde de Guadalajara, cuando en el final del siglo (corría el otoño de 1999), ofreció para este fin una parcela inmejorablemente ubicada, a la entrada de "Aguas Vivas". De haberse mantenido el envite, seguro que no habrían faltado quienes le hubieran reconvenido a Bris, indicándole que los 9.000 metros cuadrados del solar eran insuficientes para un Palacio de Congresos, pues algo así ha pasado en fechas bien recientes con parcelas municipales sustancialmente mayores. En los cálculos de Bris había sitio para 5.000 metros cuadrados construidos, capaces para alojar una sala con capacidad para 700 asistentes, salas de reuniones y de exposiciones, un restaurante de 600 metros cuadrados y una sala de prensa de 300 metros cuadrados, además de aparcamiento subterráneo para 250 vehículos. De los 1.300 millones de pesetas en que se valoró ese intento, nada se supo, ni nada se sabrá. En esa misma ubicación, en la prolongación de la avenida del Ejército, más allá del túnel de Aguas Vivas, se levanta hoy un pabellón polideportivo, el más grande de la capital alcarreña y pendiente aún de inauguración por los retrasos acumulados, en lo que parece ser el sino de todo cuanto tocan algunas administraciones.
Ya por entonces, José María Bris daba por descontado que la financiación para el Palacio de Congresos llegaría desde la Junta de Comunidades, en lo que supondría seguir el cauce natural por competencias, por política de desarrollo regional y por similitud con otros casos en la propia Castilla-La Mancha. El por entonces alcalde de Guadalajara se equivocó, aunque no menos que todos cuantos confiaron en las buenas palabras que llegaban desde Toledo.
Para creer en los cantos de sirena llegados desde la capital regional fue decisivo que quien los entonara fuera una alcarreña, Araceli Muñoz, a la sazón consejera de Industria, Trabajo y Turismo. Ella fue quien se propuso reconducir la situación y llevarla hasta las orillas del Tajo, donde todo encalló. El argumento no sonaba mal: unir a los agentes sociales en un mismo propósito, bajo el nombre de "Guadalajara, ciudad de congresos" y previo pago de medio millón de pesetas, para avalar el interés. Algunos se reunieron alguna vez. Ni siquiera todos los integrantes pagaron la cuota de entrada, a pesar de ser casi testimonial. El hecho de que bajo el paragüas autonómico se citaran empresarios, sindicatos, entidades de crédito, partidos políticos y responsables universitarios no sólo no aseguró el éxito, sino que cabe pensar que fue precisamente lo que propició el fracaso.
A partir de aquello, el proyecto se empezó a deslizar por una pendiente de hechos a cual más absurdo, en un movimiento uniformemente acelerado hacia la nada. En esas hemos seguido varios años, muy a pesar de la Cámara.
Mediado el año 2001, cuando aún no se había dado la extremaunción al proyecto de la consejera Muñoz, ya se especulaba con diversas ubicaciones para el edificio. A la propuesta del Ayuntamiento se sumó con cierta fuerza la del Fuerte de San Francisco, más que nada por provenir de la Junta de Comunidades, a quienes se les daba como seguros pagadores del proyecto. Pero, y ya es curioso el dato, se empezaba a hablar de los aledaños de la estación del AVE para levantar este atractivo complejo.
Andando el tiempo, ya en 2005, la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Guadalajara puso imagen, planos y proyecto a la idea, sobre la base de aprovechar para este fin los terrenos donde ya se venía celebrando con éxito Expo Guadalajara, en los nuevos recintos al otro lado de la autovía A-2. La reacción del Ayuntamiento de Guadalajara, gobernado por el socialista Jesús Alique, fue "contraprogramar": ofertó una parcela en el Fuerte de San Francisco, con el argumento de que los 12.500 metros cuadrados que allí se reservaban eran más que los solicitados por la Cámara junto a Cuatro Caminos y, además, se beneficiaba del conjunto de servicios anunciados en el nuevo barrio del Fuerte, aunque con el resultado final que el lector ya conoce o al menos imagina: nada de lo dicho terminó por cuajar. Todo quedó en una maqueta y luego en otra, pero sin sitio para más, ni momento para realizarlo.
Uno de los más solventes barómetros para calibrar hasta qué punto es necesario el Palacio de Congresos lo representa el intento de incluir a Guadalajara en el Spain Convention Bureau. La iniciativa partió del Ayuntamiento de la capital alcarreña y no andaba falta de interés, aunque sí bastante escasa de argumentos, como a la postre se vio.
De la mano de la Asociación Provincial de Hostelería, los munícipes alcarreños se dirigieron en 2004 a esta entidad sin ánimo de lucro creada en el seno de la Federación Española de Municipios y Provincias y que agrupa a las ciudades españolas de congresos. El compromiso lo asumían Jesús Alique, alcalde de Guadalajara; el concejal de Turismo, Jorge Badel y la concejala de Promoción Económica, Teresa Tejedor. Los tres entendieron que con superar una oferta de 500 camas, contar con una sala de reuniones con capacidad para 500 personas y con posibilidades para dar servicio de restauración a 500 comensales era suficiente. No lo fue, ni el justificar por entonces 1.138 plazas, de ellas 664 en hoteles de cuatro estrellas. Tampoco las salas públicas y privadas disponibles, desde las minúsculas de apenas 40 plazas a las mil localidades del Teatro Buero Vallejo. Faltaba lo prinicipal: el Palacio de Exposiciones y Congresos. El hecho de que Ciudad Real haya sido aceptada este mismo 2008, como ya antes lo fuera Toledo, no hace sino agravar la carencia de decisión política que sufre Guadalajara y las circunstancias que la han consolidado.
Anuncios, peticiones de información, promesas y reflexiones se fueron sucediendo y entrecruzando hasta que en mayo de 2006, con motivo de la inauguración de una nueva edición de Expo Guadalajara, el presidente regional se comprometió publicamente a una rápida resolución de este contencioso. Pareció que esa era la buena, la de verdad, la ocasión tan esperada como ya casi inimaginable... sobre todo cuando de un jueves a un martes fue el escaso tiempo necesario para afianzar por escrito la palabra dada. El propio José María Barreda hizo de impulsor y de testigo, en un acto celebrado en una abarrotada sala Tragaluz, del Teatro-Auditorio "Antonio Buero Vallejo". El consejero de Industria, junto con el alcalde de Guadalajara y el presidente de la Cámara de Comercio rubricaban el inicio, se suponía que ya definitivo, del proyecto para crear en la capital alcarreña un Palacio de Congresos y Exposiciones que mereciera tal nombre. El consejero de Industria y Tecnología, José Manuel Díaz-Salazar plasmaba su firma junto a la del presidente de la Cámara de Comercio, y la de Jesús Alique, alcalde de la ciudad. El documento establecía la ejecución de un estudio acerca del diseño, características y ubicación del edificio.
Así fue, aunque de tan peculiar manera que a muchos nos da la impresión como si lo prometido no hubiera ocurrido. En efecto, la Junta de Comunidades se ocupó de encargar a una conocida consultoría un estudio, de cuyas conclusiones no se hizo nunca mención pública por un acuerdo de confidencialidad a tres bandas (Ayuntamiento de Guadalajara, Camara de Comercio y Administración regional) pero que al final desvelaría un diario digital. De lo revelado por ese medio supo la opinión pública que el informe pagado por la Junta de Comunidades convertía el proyecto largamente deseado por la ciudad de Guadalajara en un Palacio de Congresos como sustento de un hotel de nueva planta, junto a la estación del AVE. Esa combinación y no otra era el planteamiento "sine qua non" para los redactores del texto... un texto que nadie asumiría a partir de ahí como propio, bastardeando un poco más el triste devenir de un proyecto inacabable.
"Las historias de los palacios de congresos en ciudades de tamaño medio son de déficit y de poco servicio al fin al que fue concebido. No podemos ir con un Palacio de Congresos cualquiera, sino que tiene que ser el mejor posible. Es una decisión, por tanto, que exige meditación, no nos podemos precipitar y tiene que ser fruto del consenso y del acuerdo de todo el entramado social y económico de la ciudad". Esas palabras las pronunciaba el consejero Díaz-Salazar en octubre de 2007 y las asumimos en la Cámara de Comercio, con la justificación que da haber sido siempre la punta de lanza de este proyecto, y la institución que por su naturaleza jurídica y competencia, está predestinada a abanderarlo en su desarrollo.
Ha sido casi una década de andar sin tregua, para no movernos más que unos escasos metros del inicio de este azaroso camino. Intentaremos, pese a todo, evitar la desesperación, puesto que hay motivos suficientes para pensar que ahora, por fin, estamos próximos a los momentos decisivos de tan anhelado proyecto para verlo convertido en realidad.
Tras las últimas elecciones municipales de 2007, el equipo municipal que desde esa fecha rige el Ayuntamiento de Guadalajara ha demostrado tener muy claro que el Palacio de Congresos y Exposiciones de Guadalajara debe estar ubicado precisamente en Guadalajara, no en las alturas de las alcarrias, entre el AVE y el cielo. Ese es un criterio coincidente con el de la Cámara de Comercio, como queda acreditado en cuanto se ha escrito en este ya largo y agotador artículo. Más aún, la Corporación que preside Antonio Román Jasanada ha sido la primera en poner sobre la mesa cuatro ubicaciones, tras serle requerido por la Cámara de Comercio. La buena sintonía ha sido acreditada por dos de las tres "patas" en las que debe sustentarse esta iniciativa, con lo que ahora es ya el turno de la Junta de Comunidades para remar en la misma dirección en la que ya está colocada la embarcación común.
Tan palpable es el cambio en el panorama que incluso puede hablarse de una parcela con mayores visos que otras para dar cabida al edificio: 13.000 metros cuadrados junto al acuartelamiento del GEO, en la entrada más conocida a la ciudad, en el inicio de la Avenida del Ejército, con amplia fachada y a pie de la A-2, lo que garantiza una alta visibilidad y proximidad a los flujos circulatorios durante al menos unos cuantos lustros.
Más allá de estos intrincados prolegómenos políticos y administrativos, la Cámara de Comercio no ha cejado en su trabajo de consolidación del futuro Palacio de Congresos incluso mucho antes de los primeros movimientos de tierras. Así, se ha conseguido la colaboración directa de los responsables de una de las instituciones feriales más prestigiosas de Europa, la de Berlín. La Cámara de Comercio de Guadalajara se desplazaba meses atrás hasta Alemania para reunirse en varias sesiones de trabajo con los responsables del Palacio de Exposiciones y Congresos de Berlin en Alemania (MESSE BERLIN), con el fin de establecer relaciones de colaboración con sus responsables. Las reuniones de trabajo se prolongaron durante toda una semana. Allí se analizó el dimensionamiento del mercado congresual en Alemania, la estacionalidad del turismo de reuniones, la distribución y superficie de las distintas plataformas feriales, conciliación entre oferta y demanda, gestión, rentabilidad y cash-flow del Palacio de Ferias y Exposiciones así como la posible colaboración entre ambas instituciones de cara al futuro Palacio de Exposiciones y Congresos que proyecta y promueve la Cámara de Comercio de Guadalajara. También existen fructíferos contactos con los responsables feriales de Lisboa.
La Cámara de Comercio de Guadalajara entiende, como ha entendido siempre, que el mercado potencial del Palacio de Exposiciones y Congresos de Guadalajara debe ser Madrid, Aragón, Castilla-La Mancha, las provincias orientales de Castilla-León y Cataluña y debe aspirar a celebrar eventos locales, regionales y nacionales. Las buenas comunicaciones permiten el acceso al mercado aragonés y catalán, al igual que al madrileño, que prioritariamente cuenta con la ventaja del acceso por la R-2 y la A-2. En un futuro-esperemos que próximo- la Autovía de la Alcarria y la nueva conexión con la A-1 favorecerá el acceso de las provincias orientales de Castilla-León y Castilla la Mancha. El acceso a eventos de carácter nacional viene favorecido por la proximidad al aeropuerto de Barajas, y la futura línea de colaboración con IFEMA,dependiente de la Cámara de Comercio de Madrid.
El Palacio de Congresos y Exposiciones de Guadalajara, tan cargado de razones en su proyecto de futuro como de sinrazones en los pasos dados en el pasado, merece ser una realidad. Y serlo ya. No es posible seguir esperando más.