Sr. Director:
Nadie pone en duda lo complicado que resulta educar a los hijos, sobre todo cuando tenemos en casa adolescentes a los que modificar conductas, a veces, gravemente perjudiciales. Resultan alentadores los esfuerzos de los profesores para apoyar a los padres en esta dura tarea, sin embargo, uno topa de continuo con las agresivas acciones de marketing y publicidad de compañías que siguen obstinadas en captar como clientes a menores y jóvenes. Me refiero en concreto a los compañías cerveceras que tienen una gran habilidad para fomentar su consumo donde debería estar totalmente prohibido.
Decir en casa a los hijos que el alcohol es perjudicial cuando luego en la calle se sigue asociando su consumo con el deporte y las actividades culturales (conciertos y demás focos de atención de los menores), resulta incongruente. No nos engañemos, la cervecita sigue siendo alcohol y su consumo no creo que beneficie a nuestros hijos, sobre todo, cuando es el trampolín para llegar a otros consumos.
MARISOL G.PINO