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La Crónica de Guadalajara | Reportajes
La devoción por la Virgen del Campo recorrerá de nuevo las calles de Trillo
Redacción
29/08/2008
Las misas, procesiones y romerías en honor de la Patrona de Trillo sobrecogen por su sencillez, y sobre todo, por su solemnidad.

El día 7 de septiembre comienzan los actos religiosos más tradicionales en honor a la Virgen del Campo, patrona de Trillo. A partir de las 20:00 horas de la tarde está anunciada la Misa, la Novena y la Procesión en su honor. Este hecho, que tan sólo ocupa una línea en el programa de festejos, ocupa también un destacadísimo lugar en la idiosincrasia de los trillanos. Todo comienza el primer fin de semana de agosto, cuando la imagen de la Virgen del Campo es depositada en la Iglesia de la Asunción. “Desde entonces hay un goteo constante de vecinos que entran en la Iglesia para pedirle y darle gracias, o simplemente a verla y saludarla”, apunta Santiago Jiménez, el párroco local. El día 30 de agosto comienza la Novena “en acción de gracias por tantas bendiciones como ella derrama sobre nosotros”, dice Don Santiago, que así es como le conoce la mayoría de los vecinos del pueblo.

La devoción y el respeto hacia Nuestra Señora Del Campo son imponentes, de pocos alardes pero sinceros, como lo es también el paisanaje. Prueba de ello es que cada año, el día del desfile de peñas, se produce en Trillo un hecho sobrecogedor. Comienza, con la algarabía de toda la localidad detrás, a las seis de la tarde. Hay pregón, proclamación de reina y damas y todo es alegría y jolgorio. A las ocho de la tarde comienza la Misa, a pocos metros de donde las peñas acaban de dejar bien claras sus ganas de pasarlo bien. En cuestión de minutos el bullicio se transforma en respeto y en “un silencio que corta el aire del final del verano”, cuenta el cura. Durante la ceremonia del día 7 de septiembre termina la Novena que comenzará este próximo fin de semana. Poco después la Virgen sale de la iglesia en andas, a hombros de sus devotos fieles y recorre las calles de Trillo.

Desde hace 6 años, la Virgen del Campo cruza en procesión el bello puente sobre el Río Tajo, emblema de la localidad, y llega hasta La Fuentecilla. “Aquella primera vez fue emocionante. Trillo también es la otra margen del río, así lo reconocimos, y así lo ha reconocido también Nuestra Señora. Cuando la Virgen pasaba por lo alto del puente, la procesión paró porque se levantaron sobre la corriente del río unos sonoros aplausos que duraron varios minutos”, recuerda un emocionado Don Santiago. Todavía hoy los levanta cada vez que pasa sobre las tranquilas aguas del Tajo.

La procesión es muy solemne. La banda pone la música durante el recorrido, pero en los momentos de silencio se palpa el sentimiento de Trillo sin que medie palabra. “He visto a gente llorar”, dice nuestro sacerdote. A la procesión acuden fieles de muchos sitios, “y he observado que los visitantes que no vienen específicamente a la procesión, cuando pasa la imagen palpan el ambiente y la devoción con el máximo respeto”.

El día 8 de septiembre los vecinos de Trillo vuelven la imagen de la patrona a su lugar. Los actos religiosos comienzan a las diez de la mañana con una Misa rezada. Al terminar la ceremonia la imagen sale sobre las andas, y es transportada a hombros hasta la Ermita de San Roque. Después, los trillanos suben andando hasta la Ermita de la Virgen del Campo. “Llevamos unos años en los que hacemos una Misa Campera porque la presencia de fieles desbordaba con muchas creces la capacidad de la Ermita”, explica Don Santiago. La Misa está presidida por las autoridades civiles y por la Reina y las damas de las Fiestas. Es un acto muy emotivo. En torno a 1500 personas se reúnen a la vera de la patrona de Trillo “en una ceremonia muy participativa”. Después de la Misa hay una procesión por el entorno de la Ermita, que termina con la subasta de los maneros y con el canto del himno. Poco después la Virgen vuelve a ocupar su lugar, y queda allí hasta el primer sábado de agosto del año venidero.

Sobre la Ermita de la Virgen del Campo
Antiguamente esta Ermita, construida en el siglo XVI, estuvo dedicada a la devoción de Nuestra Señora La Virgen del Rosario nombre que se simultaneó durante algún tiempo con el de Nuestra Señora de la Natividad, hasta que a mediados del siglo XVII aparece asociado a este santuario el calificativo de la Virgen del Rosario de las Viñas, manteniéndose dicho apelativo hasta finales del siglo XVIII, tiempo en que surge la actual denominación de Virgen del Campo. La Ermita es un magnífico ejemplar de arquitectura popular, construido con planta de nave única, esquinas de sillares y sencillos contrafuertes. Presenta en su fachada sur una ventana aspilladera y una portada con arco de sillería actualmente cegada en su cara norte. Su puerta, adintelada, se sitúa hacia el Oeste, bajo pórtico de viguería de madera. En su interior, a la cabecera del templo, se conserva un precioso retablo de estilo churrigueresco, con una magnífica talla en su remate de San José con el niño, así, como algo más abajo, y colocadas sobre las peanas, las imágenes de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza.

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