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La Crónica de Guadalajara | Opinión
PENITENCIA CUARESMAL
Augusto González Pradillo
11/02/2008
La opinión semanal de LA CRÓNICA DE GUADALAJARA

Parece ser que en menos de un mes habrá elecciones. Dicen, además, que en una semana tendremos por aquí al chico de la ceja en flor, nuestro presidente Zapatero, que irradiará su alegría en directo sobre un escenario aún por determinar. Para que rabien los del PP, tan tristes ellos.

Y el caso es que pueden rabiar según José Luis Sanchís, comunicólogo de largo recorrido, que concede al PSOE alguna oportunidad de "levantarle" al PP el segundo diputado en Guadalajara... teoría que también consideran creíble en Sigma Dos y La Vanguardia. Al margen de la fiabilidad de estos vaticinios lanzados desde tan lejos, si uno fuera Ramón Aguirre (que no lo soy, gracias a mi madre y a mi padre) me estaría tentando en estos días los bolsillos de la americana y ensayaría visajes ante el espejo por si toca poner cara de circunstancias el 10 de marzo. Al menos, que no le pille desentrenado al hombre si al final se lleva el berrinchín.

Si algo no se le puede negar a Jesús Alique es que se trabaja el sueldo y el puesto de trabajo, como si realmente fuera cosa suya y no de los electores. Ahí le tenían el sábado, en el mercadillo, compartiendo populismo con el neosenador Irízar, que no cabe en sí de gozo por cómo le está yendo esta cura de juventud que se ha aplicado jersey de rombos mediante, alternado con americana "Guerra's look" combinada con camisa a cuadros sin corbata, que no fue nunca prenda propia de los parias de la tierra.

Enfrente, ni José Ignacio Echániz ni el irreconocible Aguirre-Quién-Es-Aguirre parecen muy amigos de pisar las calles (al menos las de Guadalajara), con lo que no podemos contraponer su look ni sopesar su percha, ni valorar si están más cerca del biotipo "yogurín" o del "barrilete", que es por donde deambulamos la mayoría de los varones hispánicos.

Hay elecciones, sí. Eso no hay quien lo pueda dudar, pues lo anuncian con sus gritos, arrebatos, soflamas e improperios del uno al otro confín, que diría Espronceda. Mientras, aquí nos quedamos los demás, atronados, deseando en lo más íntimo que se callen. Si no resuelven, que al menos no molestaran. Pues ni aun así. ¿Por qué no se callan?

A Benito XVI le han criticado este fin de semana por decir lo que no ha dicho, circunstancia muy común en estos tiempos de tanto hablar por no callar. Según un suelto de agencia, el Papa de Roma estaría poco menos que preparando viajes organizados al infierno, que es algo más cálido (pero no mucho más) que Guadalajara en este invierno casi estival. La cosa no fue así, pero importa poco. Casi tan poco como cuando en plenas vísperas cuaresmales a Ratzinger se le ocurrió recomendar al mundo (católico o no) que ayunara de ruidos y distracciones en estos cuarenta días penitenciales de tan poca penitencia. Será por eso que el primer viernes de Cuaresma lo celebraron varios cientos de jóvenes ocupando durante la noche y la madrugada las plazas de San Esteban, Prim y del Concejo, en el inevitable (por inevitado) botellón de cada fin de semana.

Nos sobran ruidos y molestias. Nos distraen con falsos problemas y enemigos de lance. Nos faltan acuerdos frente a la confrontación sistemática de esta campaña inacabable. A usted le falta paciencia para seguir leyendo y a mi ganas de seguir escribiendo. Vámonos a trabajar, que con eso algo saldremos ganando. Ellos, ya se imagina, seguirán con la matraca.

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