Usted verá qué es lo que hace, porque lo mismo se ha equivocado y piensa que este artículo es lo que no es. Si lo que espera es una loa del Partido Popular y su revolución con sordina, mejor no siga leyendo, que no va de eso, sino de todo lo contrario. Y si no lo entiende, sigamos.
Hacen alarde de forma reiterada en el PP de sus casi 800.000 afiliados, que se dice pronto. A los militantes los traen y los llevan todos juntos, por lo que abultan y por la costumbre que hay en los partidos de utilizar a las bases para hacer bulto y, si acaso y como mucho, para embuchar sobres cuando llega cualquier campaña electoral de las muchas que nos alegran la vida cada cierto tiempo. Lo de preguntarles es raro; hacerles caso, imposible.
El PP y el PSOE, tan distintos y tan distantes para las cosas de todos, se parecen demasiado cuando se trata de sus cosas, ya sean éstas el (mal)trato al afiliado o la financiación mediante recursos atípicos, aunque sean ilegales. Llegado ese momento es como si fueran siameses bien avenidos, oiga: dos gotas de agua en tiempo de sequía.
¿Por qué disculpamos que esto sea así? Porque somos unos mirones. Unos mirones impenitentes, mucho más aburridos y con menos morbo que los "voyeurs" victorianos, pero mirones a sueldo de nosotros mismos a fin de cuentas.
Creemos que vivir es dejar que la vida pase por delante de nosotros para comprobar si el vestido rojo le marcaba tripita a la Cospe en su entronización valenciana, asombrarnos de que haya niños que ganan pruebas del mundial de motociclismo sin que a sus padres los encarcelen por brutalidad contra sus vástagos, constatar lo aburrida que puede ser una carrera de Fórmula 1 incluso cuando dicen que es muy entretenida, asistir al enésimo ridículo ácidamente comentado en los programas de retales... y llegar al orgasmo final de mezclar pistacho, cubata, familia o amigos con penaltis para sentirnos españoles siquiera por un ratito inacabable. Nos gusta mirar. Vivimos para mirar. Somos porque miramos y con eso basta. Como si de una brutal sinécdoque se tratara, en este mundo nuestro hemos cogido la parte por el todo con tal frenesí que confundimos libertad y poder con tener el mando a distancia de la televisión al llegar a casa.
Puede que, en nuestro ejercicio de mirones, veamos un día en que alguna sociedad encuentre el modo para que los ciudadanos lo sean en todo momento, no por cuatrienios. Si ese momento llega, es posible también que por aquí lo copiemos, que en eso sí nos damos buena maña los españoles. Es posible, sí, pero improbable. Aún nos queda mucho que ver sin decidir, mucho bacalao para todos cortado por cuatro a los que no elegimos, jaleado por bastantes más de cuatro para su beneficio personal y contemplado en su esplendor, sólo los oropeles, por todos. Las miserias, mejor guardadas mientras se pueda.
No vamos a cambiar el mundo de hoy para mañana, más que nada porque nos dejaría desorientados y al borde de la melancolía. Pero sí podemos empezar a mejorarlo en primera persona. Si lo de espectador se le queda corto, viva. Y si quiere hacerlo en una ciudad mejor, dentro de una provincia mejor de un país mejor, pruebe a levantar la voz. Y si es capaz de unirse con otros como usted, hágalo. Como la tecnología cambia más deprisa que las sociedades, ya no es preciso que haga gargarismos ni que afine la garganta para que le oigan: con que nos mande su opinión o eso que usted intuye que podría ser noticia puede valer para empezar. Aquí queremos oírle y leerle, no sólo que nos mire y nos lea, que también. Pruebe a mandarnos un correo electrónico desde aquí o remitirnos texto y foto desde aquí o preguntarle a este o aquel desde aquí... o no haga nada. De eso ya tenemos costumbre.