Por más que podamos desear lo contrario, a buena parte de los lectores de LA CRÓNICA DE GUADALAJARA lo que de verdad les pone es el cotilleo político y a poder ser, sangrante. Nos gusta la política gore. Disfrutamos con nuestros representantes convertidos en gladiadores a los que nunca viene bien salvar con el pulgar hacia arriba. Como si nosotros decidiéramos.
Nosotros, ciudadanos de a pie y a pie de urna (cuando nos llaman para votar) venimos asistiendo entre atónitos y divertidos al festín de duelos y quebrantos al que se ven sometidos todos los partidos cuando pierden... e incluso cuando empiezan a dejar de ganar como lo hacían. Que el asunto interesa lo ha demostrado el alto número de lecturas de la información que este diario dio en primicia sobre los candidatos emergentes en el PSOE de Guadalajara. Otro tanto ocurrió con el artículo de "Chani" que no dejaba patriarca socialista con cabeza. Tampoco anduvo sin lectores la columna escrita por Abilio Martín para nuestros colegas del "Noticias" Bien. Bueno. Vale. Ya está. ¿Y ahora qué?
Ni los que quieren a Jesús Alique ni quienes abominan de él confían en que el de Sacedón se arrepienta de sus pecados y dedique los próximos cuatro años a entretenerse por la Carrera de San Jerónimo, dejando a un lado la dirección provincial socialista. A día de hoy, esa es la gran verdad incontrovertible. Tan verdad como que Luis Santiago Tierraseca gana adeptos por momentos, incluso antes de oficializarse como opción de relevo. Y tan cierto, todo ello, como el deseo generalizado de pegar un volantazo a este coche, antaño flamante, del que se van cayendo piezas y que de mantener fijo el rumbo terminará en la cuneta.
Para llegar a esa conclusión no hay que trazar derrotas náuticas sino simplemente valorar las derrotas parciales entre la victoria nacional. Rodríguez Zapatero está contento. José María Barreda, ni de coña. Tanto es así que la proverbial prudencia del presidente castellano-manchego quedó aparcada por unos minutos el pasado sábado en Madrid, durante la reunión del Comité Federal del PSOE, hasta el punto de pedirle explicaciones, elípticas pero explicaciones, a Tomás González (secretario general de los socialistas madrileños) sobre el virus azul que se extiende por toda la Meseta y que tiene su origen en la capital de España y sus aledaños. El de Parla, que gusta de aparentar no haber roto nunca un plato, aguantó como pudo el chaparrón de Barreda y con Narbona haciendo los coros. Jesús Alique, en la otra punta de la sala, se supone que de algo se enteraría.
Si hasta Barreda se atreve en la calle Ferraz a definir como "mancha azul" eso que se extiende por Madrid y las dos Castillas es que algo está cambiando, quizá incluso para bien. El propio jefe máximo del PSOE regional apuntó la receta balsámica: "Conquistar el centro sociológico y geográfico". Ahí es nada. Ahí está la clave de todo.
En los últimos años se ha ido consolidando un giro ideológico hacia la derecha en todo el Corredor del Henares, como ha terminado por suceder en La Sagra y en casi toda Castilla-La Mancha, tras el precedente desbordante de Madrid. Es el contrapeso desde el centro a algunos frenesíes periféricos que son difíciles de soportar aunque se vistan de modernidad.
Esta evidencia a la hora de votar para presidente del Gobierno no tiene una traslación automática con la vista puesta en las elecciones municipales. Ni siquiera en las de 2011, que a tantos preocupan y a tan pocos ocupan todavía. Sean como sean, serán sin duda muy entretenidas.
Mientras va llegando ese momento, desde el optimismo cabría vaticinar que los munícipes que ahora gobiernan se aplicarán con más ahínco a la tarea de hacernos una vida más agradable, por ver si les correspondemos con nuestro voto llegado el momento. Así lo harán, es de suponer, en los ayuntamientos socialistas que aún sobreviven al tsunami conservador; así lo procurarán, o deberían hacerlo, los del PP que ya están en los despachos si aspiran a seguir estando. Al final va a resultar que la situación termina siendo la mejor de las posibles para usted y para mi, atónitos contribuyentes ajenos por propia voluntad a las interioridades de los partidos. Si nos gusta que nos quieran, vecino, puede que lo intenten de verdad en los próximos tres años desde un lado y desde otro, más que nada por la cuenta que les trae.
Pero para que todo eso sea una realidad, desde el PSOE deberían darse por enterados de lo que de verdad está ocurriendo, soltar lastre y salir corriendo en la dirección adecuada, que aún hay tiempo pero no demasiado. Quedarse como un estafermo a verlas venir es, además de improductivo, suicida.
Incluso a los que les gusta el gore en cabeza ajena les llegaría a parecer excesivo el espectáculo. Inténtelo, don Jesús: sólo hay que fijarse y elegir la puerta donde pone "Salida". No hay otra.