Sigüenza continúa creciendo como destino de calidad en época de vacaciones. Al constante aumento de las cifras de visitantes durante los últimos años hay que añadir ahora la cifra de turistas que durante la Semana Santa de 2008 eligieron la Ciudad del Doncel para pasar unos días de asueto. Según las cifras que ha hecho públicas hoy la Concejalía de Turismo, han llegado a Sigüenza un total de 6.694 visitantes, lo que significa un aumento de un 5 % con respecto al año 2007. Este incremento porcentual tiene aún más valor si se tienen en cuenta las condiciones climatológicas de lluvia y frío reinantes, y también la tempranera llegada de la Pascua en este año 2008.
Según Avelina Melús, la responsable de las Informadoras Turísticas de la ciudad, “lo que más llama la atención a los viajeros es la visita guiada de la ciudad, si bien este año también hemos informado mucho sobre la Comarca del Río Dulce y sobre el Románico Rural”. Durante todo el año, pero de forma especial en Semana Santa, han destacado sobre otras las visitas de familias en grupos de 15 y hasta 20 personas”, puntualiza Melús. Curiosamente, el escalonamiento de las vacaciones también se nota en la Ciudad Mitrada. El lunes, ya día laborable en Castilla La Mancha, e incluso a lo largo de toda esta semana hasta el día de hoy, jueves, han continuado las visitas de grupos.
Nuevamente el comienzo de la temporada del Tren Medieval ha tenido una influencia muy positiva en la consolidación de Sigüenza como destino turístico de calidad que aúna cultura, ocio e historia. De nuevo las plazas de esta iniciativa turística están completas ya hasta mediados del mes de mayo.
Sobre la Semana Santa seguntina
Quizá lo más típico de la Semana Santa Seguntina sea la Procesión de los Armaos. La Cofradía de la Vera Cruz (s. XVI) y la del Santo Sepulcro (s. XVII) son las encargadas de organizar las procesiones. El Domingo de Ramos, el Cabildo catedralicio y la Corporación Municipal acompañan el paso de la Entrada de Jesús en Jerusalén entre palmas y ramos de olivo bendecidos. Tras las procesiones diarias, llega el Viernes Santo, día en que por la mañana desfilan todos los pasos que han salido de sus parroquias para juntarse a medio día en la Plaza de Don Hilario Yaben. Ordenadamente, conforme a los hechos, el pueblo sigue en la calle la secuencia de la pasión y muerte en la Cruz. En el crepúsculo, tras dar la vuelta a la Catedral al son de cajas destempladas, aparece a los ojos de la muchedumbre que espera en el atrio un Cristo exánime, escoltado y a hombros de "los Armados".
Tras la urna acristalada que lo recoge, la Virgen de la Soledad, de precioso luto aterciopelado, llora al Hijo en la oscura noche seguntina. Llegados a la Residencia de Ancianos, que incluye la que fuera Ermita de San Lázaro, son acogidos en medio de un impresionante silencio que se rompe tras la pregunta: "¿Quieeeén? Jesús el Nazareno, Rey de los Judíos". Es la última ocasión para contemplar la figura de los Armados o hermanos de carga que, a sus hombros, pasean las imágenes. Camisa blanca, chaquetilla y calzón negros, coleto de cuero, mallas (peto y espaldar) y faja de cardenal con lazada, visten hombres como guerreros a quienes el casco impide identificar. Figuras únicas en la geografía española que, enguantados, sujetan una lanza como si el tiempo no hubiera pasado.
El Domingo de Pascua se celebra la Procesión de la Alegría. En la Catedral, ante el altar de la Virgen de la Mayor, se encuentran el Cristo resucitado y su Madre, la Virgen de la Alegría. Desde aquí hasta Nª Sª de los Huertos acompañados por los Gaiteros de Sigüenza y después al lado, en la puerta central de la Alameda, la quema del Judas, un pelele relleno de paja y petardos. La tradición de las romerías al santuario de Nª Sª de la Salud parece ser tan antigua como lo es la primitiva ermita, celebrándose el siguiente domingo de la Natividad. El segundo domingo de mayo, a las nueve de la mañana, se congregan los peregrinos en el atrio de la Catedral seguntina marchando a pie hasta Barbatona. Dos horas después, en una explanada, se oye la Santa Misa que suele presidir el prelado de la Diócesis, acompañado generalmente por algún hermano de igual categoría. Tras ella, miles de familias disfrutan de una comida campestre. El día se aprovecha adorando la imagen de la Virgen y pasando a los niños bajo su manto