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La Crónica de Guadalajara
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Lunes, 21 de agosto de 2017

La Toba enseña el camino correcto

Actualizado 6 marzo 2017 10:50  
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Desde los años cincuenta y sesenta, como consecuencia de  la emigración por un lado y del desarrollismo por otro, los pueblos de Guadalajara, como los de otras muchas zonas de España, olvidaron algunas de sus costumbres culturales y sociales, pero sobre todo dejaron que los vicios más detestables de la arquitectura urbana irrumpieran de manera perversa en los núcleos rurales, destrozando buena parte de sus riquezas arquitectónicas basadas en el uso de materiales tradicionales como la piedra, la madera y la teja árabe o, en su caso, la pizarra.
 
Con el abandono de nuestras raíces y costumbres, principales víctimas de la emigración, en los pueblos de Guadalajara nadie ha sido capaz de mantener las esencias más puras de las construcciones rurales y aún hoy, a pesar del evidente cambio de mentalidad y de algunos esfuerzos públicos y muchos privados que se están haciendo, perduran muestras mayoritarias de cómo no se deben hacer las cosas: el cemento, la uralita, la chapa de hierro o el aluminio han destrozado buena parte del atractivo monumental y paisajístico de los caseríos.
 
En  medio de esta realidad, siempre quedan motivos para la esperanza cuando ves como un pequeño municipio de la provincia con un centenar de habitantes como es La Toba es capaz de percibir esta situación y para remediarlo lleva años convocando subvenciones con destino al fomento de las formas tradicionales de construcción propias del municipio, lo que ya ha cambiado claramente la percepción de los vecinos sobre sus edificaciones que se están animando a hacerlas con los métodos tradicionales.
 
Aunque la cantidad destinada a este fin no da para mucho, entre otras cosas porque La Toba como la inmensa mayoría de nuestros ayuntamientos bastante tienen para atender sus necesidades más básicas con los escuetos presupuestos de que disponen, supone sin duda un ejercicio de responsabilidad y de sensibilidad municipal envidiable frente a un problema enorme que tiene nuestra provincia en el desprecio sistemático durante décadas hacia sus propias raíces.
 
Esta iniciativa es, además, una llamada de atención velada hacia otras administraciones que tendrían que asumir un papel determinante en la recuperación de las formas constructivas propias, cada una con sus riquezas y particularidades, y contrasta especialmente con el fracaso que han tenido los distintos planes elaborados con fondos europeos (Leader, Proder....) que han sido del todo incapaces de aportar ideas sostenidas en el tiempo y estructuradas para recuperar nuestra riqueza arquitectónica popular tanto privada  como pública, mientras han dedicado cientos de miles de euros a actividades de dudosa o nula rentabilidad, además de no frenar la tendencia despoblacional.
 
No vamos a pedir ahora que los pueblos de Guadalajara se conviertan de la noche al día en la idílica Toscana italiana, por ejemplo, cuya arquitectura conservada durante siglos es por sí misma un atractivo turístico y cultural de primer orden, o en otras muchas comarcas o regiones europeas que han sabido apreciar este potencial, pero al menos la sensibilidad que ha mostrado un pequeño municipio de la Sierra como La Toba debería servir de ejemplo a otras administraciones que tienen competencias, recursos económicos y medios para hacer esta labor sostenida en el tiempo y en las inversiones para recuperar la esencia arquitectónica de nuestros municipios.
 
La Toba enseña un camino a seguir, entre otros muchos. Ojalá este tipo de iniciativas sirvan para que alguien reflexione sobre el papel más que cuestionable, hasta la fecha, de los proyectos europeos en el medio rural a pesar del mucho dinero del que disponen, mientras hemos dejado de lado nuestra cultura, nuestra historia y el aprovechamiento de nuestros recursos vernáculos abrazando todo aquello que venía de fuera, aunque fuese peor.
 
PD:  Con solo una parte de los dineros de los fondos europeos que tan alegremente se han invertido en proyectos que en algunos casos nunca han llegado a cumplir sus fines, con dejación absoluta del mínimo control por parte del Estado y de las comunidades autónomas, siguiendo el ejemplo de La Toba se habría iniciado un proceso con efecto dominó de recuperación del casi extinto patrimonio arquitectónico rural, favoreciendo así la vida en los pueblos aunque solo fuese como segundas viviendas, potenciando de paso la errática política turística, y se habría generado durante años negocio, trabajo, y muchas empresas familiares del medio rural ligadas la construcción habrían logrado sobrevivir y mantener, de paso, población.
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