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La Crónica de Guadalajara
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Jueves, 27 de abril de 2017

Las gafas del accidente, los bomberos de la Diputación y un agradecimiento

Accidente en Yebra, asistido por el Consorcio de Bomberos de Guadalajara. (Foto: CEIS)
Actualizado 18 septiembre 2016 14:08  
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Pasan los años y vamos comprobando lo viejos que somos por la simple relación de los ausentes. Nos empeñamos en vivir como podemos... que es, por lo demás, la única forma inteligente de hacerlo. Y en ese camino, van pasando cosas. Si el que las mira es periodista, se cree capaz de describirlas para que otros las conozcan y con la vana esperanza, cada vez más difuminada, de que todo eso sirva para algo bueno.

Los eficientes trabajadores del Consorcio de Bomberos de Guadalajara tuiteaban este sábado la imagen que encabeza esta columna.

"A la del alba sería", habría escrito Cervantes de no llevar muerto varios siglos, aunque todavía le recordemos. Las 7.45 del 17 de septiembre de 2016, para ser más precisos. En Yebra. Con un coche volcado, rodeado de olivos, algunos de los cientos que salpican aquella comarca. Un coche destrozado. ¿Unas vidas rotas? En aquellas horas, los que hacemos LA CRÓNICA DE GUADALAJARA aún no lo sabíamos, rehenes informativos como somos de lo que nos va llegando. Hace tiempo que los periódicos carecemos de la omnisciencia propia de Dios y sus imitadores, más que nada por lo magro de nuestras plantillas. Y parecía un suceso más, de los muchos que se producen y se acumulan sin alcanzar la notoriedad de los más terribles. Aunque este era diferente, por unas gafas.

El lector, en cuya agudeza e inteligencia siempre confiamos ya que las acredita al seguirnos cada día, habrá caído en la cuenta de que en el ángulo inferior derecho yacen unas gafas de pasta blanca. Sin ese leve detalle, la imagen sería la de un simple amasijo de aceros retorcidos. Tras esas gafas hay un ser humano ausente. Hay una vida pendiente de ser vivida. Si en ese olivar tenemos una historia, está ahí.

Pero por una vez, el periodista no perseguirá el dato y se conformará con sus evocaciones.

Nos nacen de uno en uno (incluso a Santa Librada en el atasco uterino de la leyenda junto a sus ocho hermanas gemelas, como bien saben los seguntinos ) y también morimos solos. Terriblemente solos durante días, horas o en el último fugaz momento. Pero mientras eso pasa, caminamos siempre en compañía, incluso cuando volcamos el coche en Yebra hasta que nos detiene un olivo.

El que la foto y la atención de la emergencia la haya aportado el Consorcio de Bomberos de Guadalajara no es un dato despreciable, porque pertenece a una de esas diputaciones que algunos renovadores de castillos en el aire han tomado como excusa para justificarse.

Estos del "Consorcio", como se les conoce o se les ignora, son el mismo grupo de personas que tuvo una actuación decisiva en los múltiples incendios de Chiloeches, especialmente en el que se inició el 26 de agosto, el que pudo envenenar a 300.000 personas, incluidas usted y yo, si un mal viento lo hubiera querido.

Y son, también ellos, los que padecen en su imagen profesional el silencio o la inquina de los rivales políticos cuando están a las órdenes del responsable del partido "A" mientras el partido "B" está en la oposición y los del "C" y el "D" rebuscan bajo la mesa algunas migajas polémicas que llevarse a la boca. A veces el ruido es tan notorio que hasta informamos de esas maniobras, como quizá alguno recuerde.

Y así, con casi todo.

Aceptémoslo: ni pudimos ayudar cuando nos nacieron ni nos costará otro esfuerzo que esperar cuando lleguemos a nuestro destino, no necesariamente por propia voluntad. Pero mientras vamos del comienzo al final, vivamos y facilitemos que los servicios públicos que necesitamos cada día lo hagan con los mejores medios posibles, que para eso los pagamos. Y, a poder ser, con nuestro reconocimiento.

El mío lo dejo hoy aquí, con mi firma y por escrito.
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