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La Crónica de Guadalajara
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Miércoles, 29 de marzo de 2017

Silencio, la provincia se muere (que no se entere nadie)

Actualizado 2 enero 2017 14:30  
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Por muy clamoroso que sea el silencio de la clase política provincial, regional y nacional respecto a los últimos datos de población oficiales de Guadalajara y por extensión del medio rural español, nada ni nadie logrará ocultar la realidad de nuestra provincia.

Guadalajara se muere, con la actuales políticas irremediablemente. Y sin embargo, ni una sola de esas voces del Gobierno regional que tanto, y tan ligera como vergonzosamente nos han hablado de recuperación milagrosa del Estado del bienestar, ha salido a la palestra para decir algo, aunque sea un lamento, sobre esa realidad tan dura que vive el medio rural.

Los datos son elocuentes, y además irrefutables, para detectar el enorme fracaso político y social de toda una generación respecto a las soluciones que se ofrecen contra la despoblación. Miles de millones de pesetas se han repartido, o tirado, en España, literalmente hablando, sin conseguir el objetivo para el que supuestamente están destinados.

Los fondos europeos, que en otros países sí están ofreciendo soluciones a la despoblación, en España solo sirven para mantener costosísimas estructuras de personal en docenas de grupos de desarrollo  repartidos y troceados en diecisiete territorios y en las respectivas administraciones autonómicas que, año a año, ofrecen peores resultados en mantenimiento y recuperación de población sin que ni una sola autoridad sea capaz de decir basta, de pedir un cambio de rumbo, de reconocer el fiasco y el derroche de fondos estructurales europeos que han sido un fracaso absoluto en su principal cometido: parar la despoblación.

"Sin rumbo y derrochando el dinero de la UE: así están dejando morir la Laponia española", titula el prestigioso digital "El Confidencial" un clarividente reportaje sobre la dramática situación que vive la denominada Serranía Celtibérica, amplias zonas rurales de Burgos, Soria, Segovia, Guadalajara, Cuenca, Teruel, Castellón, Valencia, Zaragoza y La Rioja.

Un amplísimo territorio abandonado a su suerte que alcanza el cenit del olvido más humillante en los Montes Universales, "un enclave en el que convergen Guadalajara, Cuenca y Teruel, con una extensión superior a la de Guipuzcoa y una densidad de población de 1,63 habitantes por km2". La otra Laponia, pero con matices nada favorables, por cierto.

En el último año, tomando como referencia los censos oficiales de población de 2015 y 2016, todos los antiguos partidos judiciales de Guadalajara, excepto la capital, es decir, las poblaciones más importantes en sus áreas de influencia y de referencia comercial y de servicios,  han perdido población. Todas, que es lo mismo que decir Atienza, Brihuega, Cifuentes, Cogolludo, Molina de  Aragón, Pastrana, Sacedón y Sigüenza, con lo que ello presupone para sus áreas de influencia porque estas poblaciones, para mayor escarnio, han recibido población de sus núcleos rurales de influencia, de los nada menos que 204 municipios de los 288 que cita el INE que también se han dejado población en el camino durante este último año.

Pero si además nos remontamos a los datos oficiales de hace diez años en esas mismas poblaciones de referencia, como son las cabeceras de los partidos judiciales históricos, todas ellas, insisto, todas excepto la capital, se han dejado población a pesar de ser lugares receptores de inmigración de sus comarcas respectivas y de los fondos  europeos  en sus distintas variantes que, como titula El Confidencial, más parece que se hayan "derrochado" que invertido racionalmente.

Y todo ello mientras la capital pasa de los 75.493 habitantes hace diez años a los 83.633 actuales, población que junto a otra docena del Corredor ha logrado mantener su población en este año, incluso incrementarla ligeramente aunque sea a costa de la población rural.

La catedrática de Geografía Humana de la Universidad Complutense de Madrid, Mercedes Molina, lo explica en El Confidencial: "En lugar de trabajar en el equilibrio interno, las comunidades autónomas  se han gastado el dinero en fomentar el crecimiento de sus ciudades. Se ha reformado el modelo de concentración territorial en detrimento del desarrollo rural, llegando al punto de estrangulamiento de su economía y modo de vida".

Y todo ello se produce en medio de un clamoroso silencio de las administraciones públicas españolas que sin embargo no dudan en luchar a brazo partido para repartirse los fondos europeos en sus grupos de acción local con sus respectivas influencias sobre alcaldes, afiliados, empresarios locales afines, gestores elegidos según preferencias políticas para luego repartir fondos sin ningún criterio de futuro ni plan alguno sostenible. Un desastre.

España ha recibido en los últimos 20 años fondos europeos, de distintas procedencia, por importe superior a los 125.000 millones de euros. Sí, ha leído bien. Pero el medio rural español, 125.000 millones de euros después, sigue sin tener cobertura móvil en condiciones aceptables, mientras que Laponia, de la que hablábamos antes, la tiene en el 95% por ciento de su territorio y sus habitantes pueden acceder tranquilamente a Internet y hacer negocios mediante señal 3G. Y esto....en Laponia, incluso en la superficie que se adentra en el círculo polar ártico.

Esos miles de millones de euros que han llegado a España, según la Asociación Contra la Despoblación Rural (ACDR) son repartidos según criterios más que discutibles por las comunidades autónomas, con diecisiete planes distintos al menos para tratar un mismo problema y con una incapacidad más que manifiesta y demostrable para ponerse de acuerdo en algo que a todos nos compete.

El profesor Burillo, catedrático de la Universidad de Zaragoza e impulsor del denominado espacio de la Serranía Celtibérica, un experto indiscutible en la materia, asegura que no existe plan alguno de desarrollo por parte de las comunidades autónomas ni del Gobierno central. Es decir, cada uno va a lo suyo. Así, el espacio de la Serranía Celtibérica que ocupa territorio de hasta cinco comunidades autónomas gestiona de cinco modos distintos los fondos europeos para solucionar un mismo problema. Por eso, Burillo cree que "el sector agroalimentario de al menos la mitad de ese territorio va a desaparecer en diez años. Y con él, desaparecerá la cultura tradicional y la custodia del patrimonio cultural y natural, que hoy están muy deteriorados".

El mismo profesor Burillo provocó hace unos meses una Comisión especial en el Senado de España para debatir los problemas del medio rural. La Comisión se celebró, debatió, habló, centró el problema... se publicitó, claro, pero después nada más se ha sabido de la misma, nada.

En los dos últimos debates de investidura no he oído ni una sola referencia a los problemas de despoblación del medio rural, ni una sola referencia. Y recientemente, he visto eso sí los turbios asuntos que han salido a la luz con el reparto de fondos para los grupos de Desarrollo Rural de la provincia y la creación de un nuevo grupo parece que auspiciado por la Junta por intereses puramente ideológicos y he oído de problemas en la designación de puestos de gestores en alguno de ellos, pero ni una sola referencia al problema de fondo: el fracaso global del modelo de gestión de los fondos a la hora de cortar la sangría de la despoblación en los últimos decenios, ni un solo comentario.

Café para todos: Si el médico de mi pueblo tiene las mismas condiciones laborales o peores que el médico de Madrid; si el tendero de mi pueblo tiene que asumir los mismos impuestos y las mismas trabas burocráticas que el tendero del barrio de Salamanca en Madrid; si el emigrante que lleva el bar de mi pueblo y que salva a los pocos vecinos que quedan de la soledad en las tardes del largo invierno mientras pueden jugar un guiñote con los tres más que quedan tiene que afrontar los mismos impuestos y las mismas inspecciones, o más porque no tienen influencias personales en instancia alguna, que el empresario hostelero de Madrid, adiós muy buenas. Es el final.

Silencio: Olivia Muñoz-Rojas, doctora en Sociología por la London School of Economics, ha publicado en El País un apasionante artículo sobre el silencio que invade, de repente, nuestra sociedad ante los cambios bruscos y aparentemente inexplicables que se suceden (Trump, Brexit, investidura de Rajoy, fallecimiento de Fidel, de Rita Barberá, final político de Sánchez ...) y termina diciendo sobre este silencio que "cuando se da, conviene aprovecharlo para respirar un poco, tomar perspectiva y repensar el enfoque de los desafíos". Me gustaría pensar que el silencio de nuestra clase política sobre la despoblación sirve para eso, pero tengo la absoluta seguridad de que en realidad lo que quieren es que sirva para ocultar la realidad que nos está pasando. Silencio.
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