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La Crónica de Guadalajara
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Miércoles, 12 de diciembre de 2018

Adiós al bar de Manolo

Obras en el Mercado de Abastos, sobre lo que fue bar, el 9 de octubre de 2018. (Foto: La Cró[email protected])
Actualizado 10 octubre 2018 09:48  
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Andan afanosos los obreros estos primeros días de otoño para acabar con los recuerdos de este paseante. No es fácil que lo vayan a conseguir.

Taladran con sus martillos neumáticos en años muy lejanos del mismo modo que lo hacen en el cemento del Mercado de Abastos, convirtiendo en escombros lo que un día fue el bar de Manolo

Entre el ruido, el polvo y las nubes negras que amenazan tormenta se mantiene firme la imagen de aquellas madrugadas, porque Manolo tenía la amable costumbre de estar ya detrás del mostrador apenas pasadas las seis de la mañana.

Venía aquello a ser un after hours para quienes no trasnochábamos sino que amanecíamos pronto, mucho antes del alba. 

La imagen de Manolo era la de un impertérrito camarero, impertérrito en su amabilidad, impertérrito le mirases por donde le mirases, puesto que la barra de su barecillo era circular, muy parecida a las guaridas de los DJ's ibicencos, pero con el "AS" como droga más dura al alcance de la mano. Para que empezaras a leerlo desde la última página, donde se refugiaba la chica de cada día, y volvieras hacia atrás, pausadamente, hasta la portada.

Y rodeándolo todo, el silencio.

Hasta un buen rato después no irían llegando los tenderos desde su rutinario viaje para ver qué comprarle a los asentadores de Mercamadrid. Más tarde aún, las jubiladas para arañar el bolsito con la calderilla y pagar la casquería, tan mala para el colesterol, tan necesaria para llegar a fin de mes con la magra pensión. Primero, en pesetas. Más tarde, en céntimos de euro.

Dicen que ahora van a llenar el viejo mercado con nuevos bares de incierto diseño. ¿Habrá sitio para las porras y para el café-con-leche-corto-de-café-en-vaso-de-caña  que Manolo empezaba a preparar nada más ver tu sombra llegar al quicio de la puerta? 

Taladran los obreros para quitar de este mundo aquel bar, círculo perfecto con barra de madera,  como si fuera posible conseguirlo mientras algunos aún lo recordemos.

Tu bar, Manolo, créeme si te lo digo, no ha desaparecido: sólo ha cambiado de sitio. Ya sabes dónde puedes venir a buscarlo, dónde lo tengo guardado. En mi memoria.


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