Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
La Crónica de Guadalajara
La Crónica de Guadalajara
El Tiempo Guadalajara Búsqueda por palabras Búsqueda por etiquetas Suscripción   
La Crónica de Guadalajara
La Crónica de Guadalajara
La Crónica de Guadalajara
Domingo, 24 de marzo de 2019
   Crónicas tecnológicas  |  El paseante  |  Editorial  |  De mi cosecha  |  En pocas palabras  |  Otras opiniones  |  

Aguas menores, asuntos mayores

Carteles contra un perro meón y su dueño, en una tienda de la Calle Mayor de Guadalajara. (Foto: La Cró[email protected])
Actualizado 26 diciembre 2018. Primera publicación 26 diciembre 2018 10:44.
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a Google+Añadir a Linkedin+Compartir con Whatsapp ¿Algún error?Enviar por emailImprimir

 Temas relacionados
Mear es una necesidad primaria de los seres humanos de importancia capital, aunque luego en los libros de Psicología ni siquiera la consideren.

Bien mirado, entre el sexo y la micción no hay color. A quien lo dude, le sugerimos intente pasar tanto tiempo sin aliviar la vejiga como tiempo pasa entre orgasmo y orgasmo. Echen cuentas y ya me dirán si cabe comparación.

Dicen que el instinto básico primordial es comer. También habría que incluir, por ser fisiológicamente incluso más acuciante, el beber. Ahí andamos sobrados en la recta final del año. También en desbeber.

A estas alturas de la historia de la civilización y en las postrimerías de la última crisis económica, la hostelería ha encontrado fórmulas para incentivar nuestra propensión al jolgorio. Es por ello que siguen avanzando por el calendario las citas callejeras, con DJ's y barras bien surtidas para el cubaterío, de modo que el vermut de la una de la tarde se prolongaba este 24 de diciembre casi hasta la noche y el personal llegó sonámbulo a la cena de Nochebuena. Toda una estrategia para evitar discutir con el cuñado, aunque sea por la vía de la caraja sin carajillo y sí con mucha cerveza ingerida y evacuada.

Se congratulaba esta Navidad el alcalde de Guadalajara de lo animada que estaba la Calle Mayor y sus aledaños, repleta de vecinos en estado de etílica euforia. Otro tanto hizo cuando eso ha ocurrido en Ferias o incluso sin aparente motivo. Y así lo hará cuando llegue la próxima celebración, para que nadie ose decir que es un triste remilgado, representante de la derecha clerical y guardián de la caverna. Aunque también se lo dicen, que aquí nadie calla aunque no tenga nada inteligente que decir.

La consecuencia lógica de tan divertida concentración humana fue un amplio muestrario de basura, vómitos y meadas. Como Guadalajara está hecha en cuesta, los regueros tienen una tendencia natural a crecer y multiplicarse en cumplimiento de las leyes que la Física aplica a los planos inclinados. En algunos casos sólo faltaban los barquitos de papel...

Pero no está todo perdido, ni siquiera en la Calle Mayor.

Días pasados, un comerciante colocaba en la entrada de su tienda los carteles que pueden ver y leer en la fotografía que ilustra estás líneas.

Era la respuesta, literaria y cabreada, al contumaz empeño de un perro en regarle cada mañana el acceso al local, con la connivencia necesaria de su dueño.

Habrá que suponer que el amo de la criatura lo leyó, por más que muchas veces parezcan los animales más leídos e inteligentes que sus propietarios.

En leyéndolo, atendió a los requerimientos y el perro (bien grande, dada la altura del chorro) no ha vuelto a hacer de las suyas. Vamos, que ha dejado de mear tras la admonición del cartelito. Así se lo ha asegurado el comerciante a este periodista, que se dedica a dar fe de las cosas importantes desde hace 41 años. Y esta lo es.

¿Hay mejor noticia para acabar un año y enfrentarnos al siguiente que creer en los efectos balsámicos de la escritura? Va a ser que no. Aunque tampoco se lo tomen muy al pie de la letra, porque los tontos siguen libres y se reproducen sin parar.

Aun así y por si acaso, terminemos aquí. Que usted lo mee bien, con próstata o sin ella, sin salirse ni salpicar.

Con lo que relaja orinar bien y lo a gusto que te deja, ya sólo hace falta que, algún día de algún año de algún siglo, todos lo hagamos sin molestar al vecino. Y comprobar las consecuencias.


¿Te ha gustado este artículo? Coméntaselo a tus amigos y conocidos:
La Crónica te aconseja...
Otros artículos de En pocas palabras
Lo que no debes perderte en Guadalajara...

Controlado por:   /  Quienes Somos  /  Publicidad  /  Contactar  /  Privacidad  /  Cookies  /    RSS  /  Agrupación de Medios Digitales