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La Crónica de Guadalajara
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Miércoles, 20 de noviembre de 2019

Al menos 18 razones inteligentes para visitar el Museo Lázaro Galdiano

Recorrido por uno de los museos más sorprendentes de Madrid
Actualizado 27 junio 2018 00:01. Primera publicación 25 junio 2018 14:43.
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Es un tesoro oculto, lleno de tesoros a la vista. Y está en Madrid.

Si usted es de los que se mueven en coche por la capital de España es más que probable que haya pasado docenas o cientos de veces por delante de su puerta. Si, además, tiene algo de cultura o de simple conocimiento, habrá pensado que un día de estos debería encontrar aparcamiento cerca, detenerse y entrar. Hágalo. La visita vale más que los 6 euros que cuesta.

Las razones para salir satisfecho del Museo Lázaro Galdiano pueden ser tantas como quiera la sensibilidad del visitante, pues aquí hay casi de todo: jardines, historia, cuadros de grandes genios, escultura, artes decorativas en sus más variadas formas, libros históricos, un hogar que es un palacio... y tantas anécdotas como sea capaz de disfrutar a partir del legado de un hombre inusual como pocos lo Qhan sido en la España a caballo de los dos últimos siglos.

Para que le sirvan de referencia, desde IDEAS PARA VIAJAR le apuntamos, al menos, todas estas inteligentes razones para detenerse, entrar y disfrutar:

1.- A la sombra del pairón. No hace falta ser de Guadalajara, pero ayuda para saber lo que es un pairón. Hace ya muchos años se inauguró copia de uno de ellos en el cruce de María de Molina con Serrano. Allí sigue, ahora que la inmensa mayoría de los taxistas molineses que había en Madrid están, como poco, jubilados. Fue un bonito gesto de homenaje a instancias de la desaparecida Casa de Guadalajara para con sus paisanos del Señorío de Molina emigrados a la Villa y Corte. Hoy, ahí queda, en medio de un rincón verde de esta capital... y como referencia para despistados, a escasos metros del Museo Lázaro Galdiano.

2.- El Ritz es un bonito almacén. José Lázaro Galdiano se manejaba bien por Europa en unos años en que a la mayoría de los españoles los Pirineos se nos aparecían como una muralla infranqueable. Este compatriota tenía facilidad para los negocios, soltura suficiente para los idiomas y desparpajo sobrado como para reservar toda una planta del Ritz de París en 1903 y llenarla de lo que creía conveniente para amueblar su futura casa de Madrid, dejando atrás su condición de soltero de oro, ya entrado en la cuarentena. Para saber más de su vida, siga admirando parte de su obra, de vitrina en vitrina.

3.- Nadie puede con un contratista. Si usted ha pasado por una obra en su casa, sabrá de qué estamos hablando: el contratista, contra ti está. Lo dice el dicho, que no siempre falla. Lázaro Galdiano empezó con un arquitecto, siguió con otro y acabó con un tercero. A los tres los martirizó con sus cambios de criterio, incluso mandando las modificaciones por carta y desde sus largos peregrinajes por Europa. También con los contratistas tuvo problemas, unas veces por su empeño de cliente en ajustar costes y otras por la codicia o negligencias de los encargados. Al final, pasó el año y medio previo a la inauguración de su caserón de la calle Claudio Coello con esquina a Serrano conviviendo con los obreros y sus molestias.

4.- Morir sin llevarse nada. Por muy rico que fuera, en el último momento el magnate navarro tuvo claro, moribundo octogenario, que allá a donde iba le sobraba todo. Y todo, exactamente todo, se lo dejó al Estado, en un mandato testamentario tan escueto que impresiona: todo para el Estado, sin condiciones. Por eso podemos verlo aún hoy. Falleció en 1947 y cuatro años después ya estaban abiertas las salas con lo mejor de sus colecciones.

5.- Esto sí es un parqué. Ni listones de madera de haya ni cuadradillos de roble. Si quiere pisar un buen parqué, lo tiene en las habitaciones del primer piso. Procede de Baden Baden, que no sólo es una ciudad balnearia para ricachones, como puede comprobarse. Los que lo conservan en tan buen estado aseguran que, si uno se fija mucho, aún quedan  huellas de los terribles tacones de los zapatos de salón de los años 50 y 60 de algunas damas poco cuidadosas.

6.- Los nobles también necesitan dinero. Es grande, riquísimo en su decoración, aún debe llevar espiritualmente hablando la bendición del día de Navidad con que lo enriqueció Inocencio VIII...  Sí, ahí está, en el centro de la sala, el estoque del segundo Conde de Tendilla, Íñigo López de Mendoza, receptor del regalo papal como enviado que fue de los Reyes Católicos, para arreglar esas cosas tan humanas de la política y de los países. Oficialmente, José Lázaro lo compró por 120.000 pesetas en una supuesta subasta en Alemania. ¿En Alemania? Quién sabe...

7.- Venganza española sobre Hearst. Cuando un navarro es español, lo es hasta durmiendo. Algo así le debió pasar a José Lázaro, nacido en 1862 en Beire, que en su más íntimo sentimiento patriótico algo disfrutaría al poder ir comprando durante sus años de estancia norteamericana parte de lo que la ruina de William Randolph Hearst había puesto en el mercado del arte.  Ese camino siguió, por ejemplo, la admirable "Madonna Cernazai", que nos recibe casi al comienzo de la visita, pero también el braserillo de cerámica de Manises que nos aguarda en una vitrina de la segunda planta. De editor a editor, ya imaginarán con cuál nos quedamos. Con el "ciudadano Kane", no.

8.- Es un museo sin sexo. Pruebe el visitante a encontrar rijosidades lujuriosas por las paredes. Si las encuentra, nos las dice. Lo más carnal que puede hallarse es un Cristo dolorido, en la planta baja, que admira por su calidad, por su tamaño en una colección que huye de las obras grandes pero se nutre de grandes obras de tamaño acomodable al de un hogar burgués, por más palaciego que este sea. Obra del italiano Nacherino, el "Cristo atado a la columna" llegó a España a través de Felipe III; encontró acomodo en el madrileño convento de la Trinidad, que acabaría desamortizado y derribado. Cuando llegó la piqueta, cuentan que estuvo varios días con sus noches en la calle Atocha, abandonada. Terminó en París, donde tras pasar por varios propietarios, la compró Lázaro Galdiano. Y una acotación al margen: observe cómo conserva la pátina original a pesar de tantas desdichas. Para no estropearla, la última restauración se limitó a la limpieza de la piedra con celulosa húmeda. Sencillo pero eficaz.

9.- La guerra pasó y pasó de largo. Cuando los españoles nos volvimos a enfrentar a tiro limpio en 1936, los que pudieron hacerlo se marcharon frontera adelante. Así, el llamado "Parque Florido", como se conocía toda la finca en honor de la esposa de su dueño, se quedó sin inquilinos... aunque por poco tiempo, ya que fue requisado de inmediato. Lo que se pretendió fuera un hogar para actores jubilados, terminó siendo sede del Gobierno Civil y lugar para escaramuzas cuando el fallido golpe de Casado. Y pese a todo, contenido y continente sobrevivieron. Hay que mirar con empeño para distinguir en la torre los restos de algunos disparos, que allí siguen.

10.- Amante del arte, hábil negociante. Para acopiar las miles de obras de arte que consiguió, José Lázaro Galdiano tuvo que demostrar cientos de veces su habilidad para las transacción comercial, un don de la oportunidad que le perseguía en las finanzas y también en el coleccionismo. Ahí está, por ejemplo, el más famoso leonardo que adquirió. Podemos extasiarnos ante su andrógino rostro en lo que fue el comedor de diario del mecenas, en la segunda planta. Ahora sabemos que no lo pintó Leonardo, aunque es seguro que no anduvo lejos. Pero tan ilustrativo es cómo llegó hasta aquí: se lo compró por 850 pesetas al mismo anticuario de Valladolid que había intentado "colocárselo" al Museo del Prado por 1.200. Más vale llegar a tiempo...

11.- La expresión de El Greco y los expresionistas. El "San Francisco en éxtasis" es un greco especial, no sólo por su calidad sino por una peculiar anécdota: abrió en Dusseldorf una exposición sobre el expresionismo alemán, recibiendo a los visitantes como si de un precursor suyo se tratara. ¿Qué habría pensando el cretense de sus inopinados díscipulos germanos? Mejor no preguntar... 

12.- Detalles de El Bosco. Es una de las joyas de una colección atiborrada de joyas. "Meditaciones de San Juan Bautista" debería retenernos un buen rato, pues su calidad no sólo es excepcional sino que en él puede uno perderse por los intrincados detalles que salpican cada óleo de este pintor. Además, tiene su historia: salió en mayo de 1936 para Róterdan, como parte de una exposición antológica; meses más tarde estalla la guerra civil y José Lázaro sale de España; en 1939 comienza la II Guerra Mundial; los nazis invaden Holanda, el director del museo neerlandés salva el cuadro al esconderlo en Limburgo, dentro de una cueva...  Que su propietario pudiera recuperarlo en 1948, después de numerosas gestiones, no deja de ser otro milagro. Admírese. Admírelo.

13.- Goya y las artes ocultas. ¿Qué tiene que ver nuestra visita con la brujería? Esto. Y esto. Dos maravillas.

14.- Ni se compra ni se vende. Como los besos verdaderos en España, el patronato de la Fundación Lázaro Galdiano se mantiene firme en su criterio inicial de no vender nada de su patrimonio, ni de permutarlo ni de comprar nada. Lo que está, está. Y el patromonio del legado sigue dando sus frutos para el mantenimiento. 

15.- Eres grande, pequeño. Es una obra minúscula, que pasa desapercibida en un lateral de la segunda planta, pero más vale que se fije y la aprecie. Después de que Tita Cervera, en su condición de baronesa Thyssen, vendiera "La Esclusa" para hacer caja (logró 27 millones de euros en 2012), eso que aquí ven es el único Constable que hay en España. Desde este lado del sur de Europa no hemos sido nunca muy amigos de los británicos y de su arte. Y se nos nota. 

16.- El azar también cuenta. La historia de la pintura es la de las peripecias que han pasado los cuadros, del mismo modo que la historia del arte está marcada por el azar, capaz tanto de hacer desaparecer sin rastro obras magníficas como de hacer sobrevivir a prueba de latrocinios, expolios e insensateces miles de maravillas más. Muchas de estas últimas se encuentran en estas salas.

17.- Un periodista y mucho más. Barcelona resultó fundamental para José Lázaro Galdiano. Allí empezó su andadura por el mundo del periodismo, haciendo crítica de sociedad en "La Vanguardia". Luego pasaría a la critica literaria y, más tarde, a la artística. Sobre esa base, su llegada a Madrid marcaría el comienzo casi inevitable de su brillante trayectoria como editor de prestigio. La intelectualidad lo arropó y él los correspondió. O quizá fuera a la inversa.

18.- En verano, al fresco. Bajo la canícula madrileña, pasar dos o tres horas sin sudar puede ser un argumento determinante. El Museo cuenta con unas magníficas instalaciones que incluyen, todo hay que decirlo, un aire acondicionado a prueba del verano mesetario. Aprovéchelo.

Y si aún le quedan dudas, recorra nuestra amplísima galería gráfica. Le sorprenderá.


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