Miércoles, 24 de abril de 2019    
En la capital de la provincia, se lleva a cabo en Santiago
Si quieres que bendigan a tu mascota, no te olvides de que el jueves es San Antón
Bendición de una mascota por San Antón.
Actualizado 15 enero 2019
Con motivo de la festividad de San Antonio Abad, popularmente conocido como "San Antón" y por ser el patrón de los animales, este jueves17 de enero, a las seis de la tarde, en la parroquia de Santiago Apóstol de Guadalajara, se celebrará la tradicional bendición de mascotas.

Antiguamente, la festividad consistía en la bendición de los animales, de labranza que se acompañaba de una procesión organizada y protagonizaba por una cofradía, que se encargaba de potenciar la fiesta.

Un grupo de personas amantes de los animales plantearon la iniciativa, al tener la imagen del santo en la parroquia y por haber sido la sede seguir con la celebración de este día. Es la única parroquia en la ciudad de Guadalajara que celebra esta bedición de mascotas.

Este año será la décimo cuarta vez que se lleve a cabo. El año pasado se acercaron unas 200 personas con sus animales.

Este año, y si el tiempo no lo impide, se quiere introducir alguna novedad, como sacar la imagen del santo hasta la calle.

Se pondrán a la venta, bendecidos, los típicos y ricos panecillos del Santo, elaborados con una receta que los mantienen intactos durante todo el año. Los responsables destacan que "su venta no tiene animo de lucro ya que se destina a sufragar los gastos que origina la celebración y reparar la talla de la imagen del santo, un tanto deteriorada".

San Antonio Abad de origen egipcio, nació en el año 251 y murió en el monte Colzim, próximo al mar Rojo. A los 20 años repartió sus propiedades entre los pobres y a lo largo de su dilatada vida fundó y gobernó varios monasterios antes de retirarse a morir en soledad. Se instalo en una fortaleza abandonada en medio del desierto, infestada de serpientes que huían a su presencia. Convino con un amigo que le trajese pan dos veces al año; el pan incorrupto duraba hasta un año, pues era costumbre guardarlo para 6 meses. Se dice que su soledad fue tan dura que no hablaba con su amigo, el cual le arrojaba el pan por encima del muro.