En Guadalajara, la iluminación navideña es fuente de numerosas tradiciones.
A saber:
• Siempre llega mucho más tarde que la de Madrid y, como es comprensible, a años-luz de la de Vigo.
• Buen número de vecinos se quejan de que su calle no está iluminada, tanto en la periferia como en el centro.
• Se haga lo que se haga por parte de la empresa encargada, los diseños no suelen gustar y se consideran de baratillo o tirando a cutres.
Y todo tiene su colofón en el largo tiempo que permanecen los colgajos tendidos en las calles, incluso las más principales.
Los cervatillos luminosos han desaparecido de la rotonda de los Manantiales antes de que los vándalos los destrozaran, pero la Calle Mayor sigue empeñada en animarnos a cantar villancicos. ¿Será que pretenden mantenerlo así hasta Carnaval? Confiemos que no.
Esto de la iluminación, que tiene bien poca importancia, podría alcanzar valor de símbolo: nuestro Ayuntamiento es así, con su alcaldesa y lo que del organigrama cuelga. La concesionaria también, en todo lo que le consienten.
Cuestiónelo cuanto quiera, porque ellos no cambiarán.

