Viernes y 13 tenía que ser, para dar pábulo a los más supersticiosos, en su versión anglosajona.
Poco antes de la una de la tarde se venía abajo uno de los árboles de mayor porte de Guadalajara. El bien conocido pino carrasco de la Plaza de España está siendo troceado con celeridad por los operarios municipales después caer con estrépito y por su base.
Como se comprueba en la galería gráfica que acompaña a esta noticia, el ejemplar apenas tenía raíces lo que, sumado a su notable inclinación, ha desembocado en el desenlace que ahora podemos narrar.
Rodeado de césped desde hace años, sus más de 9.000 kilos no han podido resistir esta vez las lluvias constantes y, como colofón, las fuertes rachas de viento de las últimas horas.
Según ha podido comprobar LA CRÓNICA, en el inventario municipal de arbolado figuraba con una altura estimada de 16 metros y un diámetro de copa de unos 10. El perímetro del tronco era de 3 metros.
En su ficha, catalogada con el número 6.103, este pinus halepensis constaba con un estado fitosanitario calificado como «excelente». Eso sí, se hacía constar la gran inclinación de este ejemplar, como se explica más abajo.





(Fotos: La Crónic@)
Afortunadamente, no ha habido desgracias personales y las materiales se limitan a la pérdida de una de las referencias visuales más sentidas por los guadalajareños.

Desde ese encuadre no se aprecia la inclinación, notable y creciente que venía sufriendo y que ha terminado por precipitarlo, precisamente, en esa dirección.


