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La Crónica de Guadalajara
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Domingo, 22 de octubre de 2017

Carta a Javier Sanz

Actualizado 15 febrero 2016 11:08  
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Estimado Javier:

Al recibo de la presente confío que estés a salvo de la vanidad que en espíritus menos templados que el tuyo produce la fama. Acabo de verte asomar por La 2 de Televisión Española, entre las tinieblas de la biblioteca de la Real Academia Nacional de Medicina. Ha sido una agradable sorpresa, que he vuelto a paladear gracias a Internet (entre los  minutos 5.40 y 9.30, para los más impacientes).

Por un instante, sólo por un instante, la penumbra me recordó a un médico famoso de otros tiempos, el Dr. Jiménez del Oso, más mistérico que enigmático. Afortunadamente, no era él quien ocupaba la pantalla (porque habría sido en espíritu paranormal, ¡ay qué miedo!) sino tú, seguntino y amigo.

Para el que no lo sepa, en Javier Sanz Serrulla se cierra cinco siglos después el círculo que empezara a trazar en su deambular por media Europa un guadalajareño conocido en la Historia como Luis de Lucena. Ese antepasado común (más interesante para una charla que el Homo antecessor, sin duda), compartió contigo y conmigo el gusto por los libros, hasta el punto de crear una biblioteca en lo alto de una iglesia. Nunca se ha visto cosa igual. Andando el tiempo, ni a Luis de Lucena lo enterraron en el bellísimo templo que levantó en su ciudad natal (pese a que tal era el mandato testamentario), ni la incuria evitó que la capilla sirviera de aprisco para ovejas, hace un siglo de esto. Con los afanes de otros dos médicos devotos de los legajos (Layna y Herrera Casado), las burradas monumentales fueron menguando, aunque sin desaparecer nunca del todo

Pero si hay que pecar, pequemos hoy de optimismo, que esta es carta de celebración. Si ese edificio de ladrillos, un juego continuo de luces y de sombras, se ha salvado, ¿por qué no pensar que también puede redimirse este mundo nuestro que apresa entre sus rejas las vidas de los que por aquí transitamos? De eso hablabas este domingo, aunque con otras palabras más sabias y didácticas.

Empezaste este San Valentín, justo cuando tus paisanos se desperezaban de la siesta dominical, tu sección "El ojo y la historia" dentro del programa "El ojo clínico", que para eso eres académico correspondiente de la Real Academia Nacional de Medicina y guardián de sus libros. Otro guadalajareño, otro médico, fértil entre anaqueles. Ya no quedan tantos...

Hablabas de Churchill y su black dog, animalillo travieso que nunca muere y que corre por las calles para hacer presa del que se descuida. La depresión no es cosa de broma y tampoco merece ser confundida con líricas melancolías. Es mala compañía, aunque con esa suave facilidad tuya para engarzar frases pareciera que hablabas de arte, otra de tus grandes pasiones.

Con la boca abierta llevas dejando desde hace media vida a muchos... y no sólo desde la Odontología. Para eso también cuentan tus paradas como guardameta o tus artículos, siempre punzantes pero sin provocar nunca heridas mortales. 

Hay que darte las gracias, Javier, por permitir hablar bien de Guadalajara y de un guadalajareño glosando en esta columna otras veces crítica a quien habla bien y con fundamento de todo cuanto se le pone por delante: el Dr. Sanz Serrulla, seguntino historiador de sueños y memorias.   

Recibe un cordial saludo.

Tuyo affmo,

Augusto González Pradillo



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