Texto, fotos y vídeo: Augusto González y María Alonso
En un castillo de Innsbruck que es un palacio –en nada medieval y en mucho renacentista– el viajero se da de bruces con una de las colecciones más fantásticas de cuantas hay en el mundo.
Ignorada por los más apresurados, aquí la tienes, a punto para ser disfrutada por los lectores de LA CRÓNICA, como anticipo de una visita en la que puedas conocerla personalmente.
La historia que hoy nos ocupa comienza por amor entre un noble y una plebeya. Tal cual. ¿A que se intuye interesante?
Si en vez de leer prefieres mirar, lo tienes fácil: echa un vistazo al siguiente vídeo, que te resume lo mejor de lo mejor, con explicaciones. Dale las gracias a Verena Staudinger y a su magnífico español:
El castillo de Ambras fue el regalo del archiduque Fernando II a Filipina Welser, una hermosa mujer, hija de un rico comerciante de Augsburgo, en lo que hoy es Alemania.
Además de su belleza física, Filipina debió ser encantadora por educación y personalidad. Inteligencia y conocimientos no le faltaron nunca, puesto que llegó a escribir un tratado sobre plantas medicinales, muchas de las cuales conocía por estos parajes del Tirol.
Como todo amor legendario que se precie, la unión entre Fernando y Filipina se mantuvo en secreto durante años y más años, puesto que los planes del emperador Fernando I, padre y suegro respectivamente de los enamorados, era haber casado a su vástago con alguien de sangre real, más concretamente con la inglesa María Tudor. Pero el amor se sobrepuso a las dificultades, como en cualquier historia romántica de esas que emocionan.
Incluso casados (secretamente, insistamos), los hijos de la pareja no podían reconocidos como propios, sino que simulaban que habían sido abandonados y recogidos en el palacio. Finalmente, mucho después, el abuelo reconoció a uno de sus nietos para no truncarle la carrera eclesiástica, vetada por ley a los bastardos. Un final feliz, más o menos.
¿Final? No.
Para la posteridad, y a pesar de innumerables desastres en los siglos posteriores, nos ha quedado Ambras y su contenido.
No está todo lo que llegó a tener en el siglo XVI, pero es más que suficiente para provocarnos asombro cuando se recorren las salas de su Kunst und Wunderkammer, la célebre Cámara de Arte y Curiosidades, una de las primeras de Europa y, a día de hoy, quizá la más sorprendente que quepa imaginar.
Veámoslo…
Acercarse hasta el palacio en invierno es, además, una bella experiencia. Sobre todo si la nieve se extiende hasta donde alcanza la vista. La «envoltura» es perfecta, con sus extensos jardines bajo la nieve. Pero lo que más nos interesa ver está en el interior.



La colección de Innsbruck es la única en todo el continente que se conserva en su emplazamiento original. De hecho, cabe considerarlo el museo más antiguo del mundo.
Su contenido y las salas fueron adecuadamente reorganizadas a mediados de los años setenta del pasado siglo.


El archiduque Fernando II coleccionaba de todo lo que pudiera considerarse valioso, desde esculturas a piezas de cristal, monedas, armas… pero, sobre todo, rarezas. A pesar de haber sido desvalijada en varias ocasiones la colección, lo que tenemos ante nuestros ojos es una de las mayores muestras de objetos «exóticos» nunca vista y que aún podamos contemplar.
Sugerimos al lector que recorra un millar de estas piezas en la galería online que ofrece el propio museo, desde este enlace.
Para los más perezosos, sólo uno ejemplos:
Imagen de la muerte, de Hans Leinberger
Representa a la muerte en la forma de un arquero que se prepara para sacar su flecha del carcaj. La escultura está tallada en madera de peral, con partes fragilísimas. Fue creada por el escultor Hans Leinberger a finales del siglo XVI.
Un tinerfeño muy especial
La colección incluye una pintura de un compatriota, un auténtico «hombre lobo».
En las cortes europeas se le conoció como Petrus Gonsalvus. También se muestran retratos de parte de su familia, que también sufrió de formas extremas de hipertricosis, llamado desde 1933 «síndrome de Ambras» en 1933 en referencia a estos óleos.
Nacido en 1537 en Tenerife, Petrus Gonsalvus entró en la corte de Enrique II de Francia, que lo envió a la de Margarita de Austria, regente de los Países Bajos. Allí se casó y tuvo hijos, algunos de los cuales también sufrieron de su misma enfermedad. Finalmente se estableció en Italia, donde murió.
¿Y esto cómo se hace?
El intrincado poliedro que se puede ver en Innsbruck tiene hermanos más recientes repartidos por el mundo. Pero hechos en marfil y datados en el siglo XVI, originario este muy presumiblemente de la India, no hay mucho que sea comparable.
¿Cómo se hace? Con habilidad y paciencia. Nada más.
No es un juguete
No estamos ante una maqueta, ni una casa de muñecas para príncipes. Esta es una miniatura de un mueble de gabinete de arte, específicamente un «Münzschrank» o gabinete de monedas.
Está hecho de alabastro y mármol. Se creó entre 1620-1630. Es una caja fuerte, simulada dentro de una magnífica obra de arte. Hasta el ladrón más concienzudo la pasaría por alto…

Drácula y un caso tremendo

Compartiendo la misma pared, un terrorífico 2×1.
Primero, la efigie de Vlad el Empalador. La de Innsbruck fuee pintada alrededor de un siglo después de su reinado y, fuera de toda duda, es uno de sus primeros retratos.
Por encima de él, Gregor Baci. Fue un noble húngaro que sobrevivió a una lanzada que le entró por su ojo derecho y le traspasó la cabeza. Un caso estremecedor, como bien se aprecia.
Un memorable colección de armaduras
Junto a la Cámara de arte y maravillas, el castillo alberga una armería con armas y armaduras de la Edad Media y el Renacimiento —una de los más importantes en su género, más la famosa Galería de retratos de los Habsburgo.

Y de postre… el magnífico Salón Español
El Salón Español (Spanischer Saal) del castillo de Ambras fue construido entre 1569 y 1572 por el ya tantas veces citado archiduque Fernando II.
Es una de las joyas renacentistas más importantes de Europa. Destaca por su techo de casetones de madera, sus frescos de emperadores de la dinastía Habsburgo y representaciones alegóricas.
Fue concebido como una sala de fiestas y representación, destacando por su longitud (más de 40 metros) y por su rica decoración.
Los muros están decorados con frescos de los emperadores romano-germánicos y figuras alegóricas de las Artes Liberales (Aritmética, Geometría, Astronomía).
Está cubierto por un impresionante artesonado de casetones de madera, con retratos, que añade majestuosidad a la sala.





Ambras, insistamos, está muy cerca del casco de la ciudad de Innsbruck pero lo bastante retirado como para que los esquiadores suelan desdeñarlo, fruto de su ansia por ascender en el funicular hasta la nieve del Nordkette. Razones no les faltan, pues las pistas y las vistas son excelentes, pero a veces es sano tener visión periférica suficiente como para no perderse tesoros como este, a cuatro pasos y que ocupan una tarde o media mañana de una forma muy placentera.
Téngalo en cuenta para la próxima vez en que visiten la ciudad, puesto que es seguro que volverán.
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Información práctica
• ¿Cómo llegar a Innsbruck?
Si lo haces hasta el mes de abril de 2026 puedes aprovechar los dos vuelos semanales directos de Iberia entre Madrid e Innsbruck. Es un viaje muy cómodo, a muy buen precio y que tiene el aliciente de aterrizar en unos de los aeropuertos con más carisma del continente. La aproximación, entre las montañas de los Alpes, es sencillamente memorable.
• ¿Dónde alojarte?
La oferta hotelera de Innsbruck es muy amplia y a prueba de cualquier huésped, por quisquilloso que pretenda ser.
Una opción que podemos recomendar es el Schwarzer Adler («Águila Negra») en el número 2 de Kaiserjägerstraße, tanto por su situación –a cuatro pasos del centro histórico y del teleférico al Nordkette– como por la tranquilidad de las habitaciones, el bien surtido desayuno y el ambiente general del establecimiento, con guiños constantes a la esencia del Tirol, sin por ello renunciar a un reconfortante spa.

• ¿Dónde comer?
Al igual que con los hoteles sucede con los restaurantes: es difícil fallar, tanto si buscas mesa y mantel con carta variada como si lo tuyo es un simple tentempié.
Para una comida o cena reparadora, estas son nuestras opciones:
Restaurante Stiftskeller
El Stiftskeller de Innsbruck es un restaurante tradicional de cocina tirolesa, conocido
por su ambiente rústico y su cerveza Augustiner. Con acogedores salones y una gran
cervecería al aire libre, ofrece una experiencia auténtica en el corazón del casco
antiguo, en Stiftsgasse 1.

Restaurante Weißes Rössl
Una delicia culinaria en pleno centro histórico de Innsbruck. Aquí es fácil salir satisfecho con algún plato de comida regional. Está en Kiebachgasse 8.

Restaurante Goldener Adler
Situado en el centro del casco antiguo de Innsbruck, es muy concurrido por los locales. Se puede ampliar información sobre su carta en este enlace. Se encuentra situado en Herzog-Friedrich-Straße 6.
• ¿Tienes más dudas?
La oficina de turismo de Innsbruck ofrece al visitante una de las más completas webs de entre las muchas que en IDEAS PARA VIAJAR hemos conocido durante la última década. La información es amplia pero también precisa y el tono, siempre cordial. Con datos fiables y en español. No dejes de comprobarlo desde aquí. Incluye además cámaras web, para paladear los paisajes urbanos y alpinos que te esperan.





