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27 febrero 2026
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Cómo evitar que tu perro sufra con la procesionaria

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Perros con inflamaciones graves, necrosis en la lengua o lesiones en el hocico tras el contacto con la oruga procesionaria. Ese es el panorama que podemos afrontar y reducir con unos buenos consejos como los que hoy ofrece LA CRÓNICA.

La larva de la procesionaria está considerada la plaga más relevante de los pinares mediterráneos y su presencia forma parte del calendario estacional en buena parte del territorio español.

En Castilla-La Mancha, la procesionaria del pino es una especie endémica de los pinares y su seguimiento se monitoriza de forma periódica. También se realiza este control entre los municipios de la provincia de Guadalajara. Por ejemplo, como los de Cuenca o Albacete registran presencia habitual de la plaga en distintos rodales de pinar. Sin embargo, hay variaciones anuales en intensidad según las condiciones climáticas.

Aun así, la oruga procesionaria del pino sigue siendo uno de los riesgos más subestimados para los perros cada año. Basta un simple roce con la lengua o el hocico, o incluso la inhalación de sus pelos urticantes, para desencadenar una reacción inflamatoria intensa y potencialmente grave.

La gravedad del daño no depende solo de la exposición inicial. Además, depende de los errores cometidos en los primeros minutos, cuando los dueños actúan sin saber exactamente cómo proceder.

Francisco Jesús Almodóvar, veterinario, ha compartido los errores más frecuentes y los consejos que pueden marcar la diferencia en situaciones como esta.

Errores ante la procesionaria

• Error 1: Pensar que “no será para tanto”
Uno de los fallos más habituales es restar importancia al contacto inicial. En algunos casos, el perro apenas muestra síntomas en los primeros minutos o solo parece incómodo. Sin embargo, los veterinarios recuerdan que la reacción puede ser progresiva y empeorar rápidamente.
“Lo que empieza como una leve inflamación puede derivar en necrosis del tejido horas después, y esperar ‘a ver cómo evoluciona’ es uno de los errores más peligrosos”, explica Almodóvar.

• Error 2: Frotar la zona afectada
Este es, según explica, el error más grave y más repetido. “Al intentar limpiar la boca, la lengua o el hocico, muchas personas frotan la zona de forma instintiva. Sin embargo, al hacerlo, los pelos urticantes se rompen, se extienden y facilitan una mayor absorción de la toxina, agravando la lesión”. Por ello, Almodóvar insiste en un mensaje claro: no frotar bajo ningún concepto.

• Error 3: Manipular la boca del perro sin protección
Intentar abrir la boca del perro para “mirar qué tiene” o retirar supuestos restos es otro fallo frecuente. Además de peligroso para la persona —los pelos urticantes también afectan a humanos—, “puede aumentar la diseminación de la toxina dentro de la cavidad oral”, explica el veterinario. Por eso, la manipulación de la boca debe realizarse únicamente en clínica y por profesionales, bajo las condiciones adecuadas.

• Error 4: Confiar en remedios caseros sin acudir al veterinario
Durante años, uno de los pocos recursos disponibles era el uso de agua o agua con vinagre para intentar neutralizar la toxina.

• Error 5: Dejar que el perro se lama o se rasque

Tras el contacto, muchos perros intentan aliviar el picor lamiéndose o rascándose de forma insistente. Sin embargo, lejos de ayudar, esto favorece la extensión de la toxina y puede empeorar la lesión. “Siempre que sea posible, hay que evitar que el perro se toque la zona afectada”, comenta.

• Error 6: No llevar al perro controlado en zonas de riesgo
Este último no es un error que ocurra tras la picadura. Sin embargo, sí es uno de los factores que más casos provoca. Pasear con el perro suelto en zonas con pinos o sin prestar atención al suelo aumenta considerablemente el riesgo de contacto.

“La mayoría de las lesiones graves podrían minimizarse con una actuación correcta en los primeros minutos”, asegura Almodóvar. Además, añade que, ante la mínima sospecha de contacto con una oruga procesionaria, el protocolo es claro: no frotar, no manipular la zona, rociar con un spray específico para controlar los síntomas, no confiar en que ‘se pasará solo’ y acudir de inmediato al veterinario.

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