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La Crónica de Guadalajara
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Jueves, 21 de junio de 2018

El asaltante de un piso en Molina de Aragón puede ir a la cárcel... y su víctima, también

Juicio en la Audiencia Provincial por un singular caso ocurrido en 2016 y que no llegó a ser noticia
Fachada de la Audiencia Provincial de Guadalajara.
Actualizado 6 marzo 2018 19:39  
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La asistencia a algún juicio debiera ser materia de obligado cumplimiento alguna vez en la vida para cualquier ciudadano, con más motivos y con más beneficios con que, por ejemplo, los musulmanes consideran ir en peregrinación a La Meca. Sólo asistiendo varias horas a una vista en la sala de la Audiencia Provincial de Guadalajara, en duro combate entre la dureza de los bancos y la rigidez creciente de las nalgas, puede el ciudadano hacerse una idea cabal de lo puntilloso e incluso sacrificado que llega a ser el ejercicio de la justicia. O de la Justicia, si la sentencia lo merece.

Este martes, por ejemplo, se veía en el Paseo de las Cruces, de puertas para adentro, el curioso caso ocurrido en Molina de Aragón en 2016 y sus consecuencias, penales, sociales y personales.

El 14 de abril de 2016, aunque ajeno a cualquier conmemoración de la II República, Isaac. A.M. no tuvo mejor ocurrencia que entrar al piso de Richard W.R.Y.,  a la una de la madrugada... para terminar saliendo en una UVI, medio muerto, según el testimonio del médico que lo atendió aquella madrugada.

De acuerdo con la versión que da por buena la Fiscalía, Isaac, que entonces tenía 45 años, reventó la puerta del piso, una primera planta con vistas al Paseo de los Adarves, y con una barra de hierro en la mano, un cutre pasamontañas hecho con la manga de un jersey y un cúter, se habría plantado en el dormitorio del que meses antes había sido su jefe por unos días en el supermercado que regenta, de una conocida franquicia.

Entre el ruido y la presencia del inopinado invitado, a Richard sólo le dió tiempo de incorporarse para recibir un contundente golpe en lo alto de la crisma, que le dejó una brecha de varios centímetros y un escandaloso chorro de sangre. Su agresor le reclamó, en vano, "la llave y la clave de la tienda", según el testimonio del hasta ese momento único atacado.

En el consiguiente forcejeo, el peor librado sería Isaac. 

La Coca-Cola casi letal
¿Puede llegar a ser una botella de dos litros de Coca-Cola medio vacía un arma casi letal? Esa es una pregunta que ningún CSI de la conocida serie televisiva se atrevería a contestar, pero que anduvo sobrevolando durante horas en la vista que presidió este 6 de marzo Isabel Serrano.

Ese envase fue, según reconoció el propio Richard, utilizado para propinar varios golpes a su adversario, a quien ya había reconocido como antiguo ¿empleado? tras quitarle la rudimentaria braga con que se cubría al entrar en la vivienda.

"Cuatro o cinco veces le golpeé con la botella", admitió. La confesión de ese correctivo menor no parece guardar proporción con los daños causados en su rival. El detalle preciso lo dio, sin asomo de duda, el facultativo de la UVI alertada por el 112, después de que la primera ambulancia del Centro de Salud y la médico de guardia hubieran comprobado desde un primer momento que la situación de Isaac era grave y que necesitaba de un traslado urgente: "El hombre que estaba tumbado en el suelo se encontraba en una situación crítica y con todas sus constantes vitales alteradas". Este médico le apreció una "respiración descoordinada" después de que la primera médico ya se lo hubiera encontrado inconsciente pero se sorprendiera de que "ventilaba bien", en clara contradicción médica. Más datos: si no se le hubiera atendido rápido, Isaac habría tenido "posibilidades mínimas de supervivencia", no sólo por los "muchos huesos de la cara rotos, dientes rotos, la tráquea desviada que presentaba" sino por su estado comatoso: "No habría aguantado otros 40 minutos más", afirmó con rotundidad el médico que lo atendió y evacuó por carretera hacia Madrid, ya que el Hospital de Guadalajara no tiene Neurocirugía... y el helicóptero del SESCAM no podía aterrizar.

Con todo lo descrito, podrá el lector calibrar mejor por qué la Fiscalía llegaba a la vista de este juicio con una petición de prisión para ambas partes: a Isaac, 4 años  por la tentativa de robo con violencia en las personas, en casa habitada y con instrumento peligroso, más otros 4 años por un delito de lesiones; para Richard, una petición de 3 años de prisión por homicidio en grado de tentativa.

Nadie oyó nada
De lo que haya de resultar, se sabrá cuando se conozca la sentencia, un trabajo laborioso y hasta tedioso por los muchísimos testigos que han depuesto ante el tribunal. Tantos han sido que, según sus testimonios, el pasamontañas hecho con unas tijeras a partir de la manga de un jersey rojo habría aparecido simultáneamente en el pasillo, a la entrada del piso, en el suelo del dormitorio y debajo del asaltante herido. E incluso hubo quien no lo encontró pese a buscarlo sin tener por qué hacerlo.

Mientras llega el veredicto y la condena, las lecciones de  la historia son otras, más allá de ese dato concreto.

Por ejemplo, parece admitido por todos que  Isaac trabajó un tiempo indeterminado en el supermercado, sin estar dado de alta. Nada extraño, quizá, referido a una persona al que uno de sus paisanos molineses describió, con amable cordialidad para describir toda una existencia tirando a conflictiva, como un hombre "bastante rebelde, le conocemos todos". Por eso Richard bien pudo afirmar que no le había despedido, al no haberle contratado. "Me tuvo 15 días de prueba a 4,60 euros la hora" se lamentaba con memoria inesperadamente precisa Isaac. Su abogada intentó, en vano, que los testigos ratificaran que en la botella de Coca-Cola había restos de sangre, cuando bien parece que la gravedad de las lesiones no estuvo ahí, sino en los traumatismos internos que causaron los golpes, fueran los que fueran, con los puños o a puntapiés. "Yo sólo le di con la botella, para que parara; si hubiera querido hacerle daño le habría dado con el fierro que estaba allí", se excusaba Richard. Luego, eso sí, cuando ya le habían cosido la cabeza y otros sanitarios se afanaban por estabilizar a Isaac, que aún yacía en el suelo del dormitorio, todo se le hacía gritarles "Que no se muera, que no se muera, que lo tiene que pagar en la cárcel", como corroboraron varios testimonios.

Y lo que la sentencia no recogerá, pero sí debe hacer este periodista, es que ninguno de sus vecinos le abrió la puerta, a él, cuando pidió auxilio. Ni tampoco horas más tarde, cuando la Guardia Civil llamó puerta por puerta, hubo nadie que siquiera se asomara ante la autoridad. Ni tampoco a día de hoy recuerdan nada las dos vecinas que testificaron este martes, por videoconferencia y desde Molina. El profundo sueño de la que sólo sintió "algo parecido a ruido" antes de seguir durmiendo fue casi tan pesado como el de la otra compareciente, que casi dos años después sostiene que no oyó nada, no vio nada, no sintió nada.

Su vecino y su paisano, mientras tanto, esperan sentencia.


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Molines
07/03/2018
Justicia injusta .
Si e entra en mi dormitorio mientras duermo un tío con un pasamontañas y al defenderme sale mal parado, me parece alucinante que me puedan caer 3 años de cárcel. A veces confundimos delincuentes y víctimas.

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