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La Crónica de Guadalajara
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Lunes, 22 de octubre de 2018

El mal negocio de la central nuclear

Actualizado 3 agosto 2018 09:37  
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Hasta el ecologista con más fundamento se desquicia cuando el móvil "muere" y no encuentra la manera de recargar la batería de inmediato. Todos somos humanos y con las mismas miserias. A la hora de revivir el smartphone, no discriminará nuestro ecologista épico y mítico entre los voltios procedentes de la energía solar, la hidráulica, la térmica del carbón o la nuclear. El caso es que funcione y poder volver a guasapear, gracias a una electricidad revivificante... que es la misma por la que vivimos más cómodamente y con la que seguimos soñando mundos ideales.

Dado que en este mundo nuestro no está bien visto que los aviones se estrellen y dejen tras de sí un reguero permanente de cadáveres sangrantes, a los controladores de vuelo se les compensa con remuneraciones de seis cifras, al igual que a los comandantes de vuelo. En el extremo opuesto, y como en esta sociedad hemos dado en despreciar la verdad y a los periodistas que se esfuerzan por mostrarla, a esos los pagamos una misería, para que se vayan enterando de lo que vale un peine y lo barato que sale el periodismo ciudadano (ejem) de las redes sociales.

Si aceptamos que el dinero es el mejor termómetro de las cosas del común, convendremos que los salarios se fijan en razón directa de la importancia, social o privada, de cada oficio. Y que los precios de los bienes económicos son la consecuencia directa de su escasez o de su utilidad. Y ahí, la electricidad está entre lo más imprescindible.

En una España donde una ministra maldice el gasóleo un día, hunde la industria de los vehículos diésel en una semana y aún no ha dimitido ni lo va a hacer por tan frívolo desastre,  cómo nos va extrañar que se aborde la energía nuclear con la ligereza de los isótopos... sobre todo por quienes no tienen ni idea de esoquesloqués.

A base de ordeñar desde el Estado el recibo de la luz con impuestos para casi todo, el personal de tropa pagamos con cada factura eléctrica por cualquier concepto menos por la propia energía que ilumina bombillas y pone en marcha nuestros equipos de aire acondicionado. Y la tendencia recaudatoria continúa y continuará.

En Guadalajara, la presa de Entrepeñas se construyó para garantizar la electricidad a Madrid antes que para regar los melones de Murcia a través del trasvase Tajo-Segura. Dos décadas más tarde, tras comprobar que el juguete que los americanos le vendieron a Franco para que lo pusiera en Almonacid funcionaba y no estallaba, los ingenieros alemanos terminaban en Trillo el ciclo de instalación de nucleares en nuestro país. Todo, sin salir de la Alcarria, esta tierra de abejas y agravios.

Ahora, desde hace meses, el presidente de Iberdrola no hace pereza en recordar que, si por él fuera, se cerraba la nuclear pasado mañana, porque les cuesta dinero. Que una inversión milmillonaria y eficiente no genere beneficios es de nota, pero algo tan real que habría que hacerselo mirar entre todos, porque a todos nos afecta. La dificultad que tiene el cierre de una nuclear (vean Zorita y sus años de demolición y limpieza) sólo es comparable a la de mantenerla abierta solamente para poner en rojo la cuenta de resultados.

A  ver si entre todos los que algo mandan en esto se ponen de acuerdo en ponerse de acuerdo, por la garantía del suministro eléctrico y por la máxima seguridad operativa de ese proceso, en beneficio de todos.

Lo ocurrido con el ATC antes y ahora, no lleva más que al pesimismo más razonable.

Para trabajar por amor al arte o casi  ya tenemos a los periodistas. Pero nosotros podemos ser cínicos o un poquito canallas, pero nunca radiactivos. La energía nuclear, que supone la quinta parte de la que llega a nuestros enchufes, debería dejar de ser un juego para políticos de regate corto.

Tan  corto es su regate, que a poco que se descuiden pueden tropezar y, con  ellos, hacernos un roto a los demás. Ecologistas incluidos, claro.

Estaremos al tanto. Por aquello de  seguir informando y tal. Aunque sea incluso peor negocio este que montar una central nuclear.
 
 


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