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La Crónica de Guadalajara
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Domingo, 21 de julio de 2019
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El moro que da las gracias a Dios

Actualizado 16 abril 2017 14:41. Primera publicación 16 abril 2017 12:55.
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Las panaderías son uno de los últimos remansos de paz y civilización que nos quedan en Europa. Más aún cuando la panadera ha terminado por convertir el despacho en una tienda de ultramarinos al viejo estilo y lo normal es esperar turno hasta que te llega la vez. 

De España han dicho los extranjeros más superficiales que huele a ajo, lo cual es una santa verdad. También, que nos apasionan las colas. Ahí no lo veo yo tan claro. Ante una fila de personas, salvo que sean penitentes de Semana Santa, el impulso natural del español oscila entre sumarse o colarse, sin término medio. Usted y yo somos de los que nos incorporamos y luego preguntamos al que nos antecede para qué es la cola, por asegurarnos. Pero primero nos apuntamos a la espera. Rodrigo Rato, Iñaki Urdangarín y otros muchos pícaros de nuestros días se colarían sin dudarlo y sin aparentarlo.

En la panadería de mi barrio no huele a ajo sino a pan blanco, del que aún se hornea de madrugada en los pueblos que rodean Guadalajara. Y aquí la espera se hace con tanta normalidad que más parece un ejercicio cívico que una molestia. Sobre todo, por lo que se aprende.

Este Domingo de Resurreción, por ejemplo, la panadera se ha alegrado de todo corazón al saber que uno de sus clientes ha encontrado trabajo. Por el número de barras que pide, deben ser muchos en casa. Por el tono de la piel y el acento, hijo de algún pueblo del interior de Marruecos. "Sí, ya tengo trabajo, gracias a Dios". Lo ha dicho con su acento y con una sonrisa franca. Albañil* será, mientras dure.

Se aprende mucho en las panaderías de este ofuscado siglo XXI español, sobre todo cuando coincide el día en que recordamos la resurrección de un palestino de Nazaret, lo cavilamos en la tierra que acogió a los últimos neandertales (se diría que alguno todavía sobrevive), y donde tan difícil encaje para esta y próximas generaciones pueden tener los que vinieron y no se irán, sin llegar a ser y sentirse como los cristianos viejos. 

Y todo ello, dicho y pensado a escasos cincuenta metros de las casas que fueron de judíos, compradas luego a precio de ganga por una de los Mendoza para hacer un convento al lado de un palacio, desde hace casi dos siglos el más antiguo instituto de enseñanza media de los que hay en este país de cabras, cabritos y cabrones.

Si el Cristo resucitó, podríamos intentarlo nosotros. De uno en uno o en compañía. Gracias a Dios o a su pesar. Pero, al menos, intentarlo. 
 

Albañil, según ilustra el diccionario de la RAE, proviene del árabe hispánico albanní, y este del árabe clásico bannā. Una palabra tan árabe y heredada por la lengua castellana como, por ejemplo, "Ojalá". Pues eso, ojalá...


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