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21 enero 2026
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Empiezan a demoler el antiguo palacio de Montemar, en la Calle Mayor, tras una década de intentos

el edificio entre la Calle Mayor y Montemar es un palacio del siglo XVII, reformado en 1920, donde destaca su fachada con almohadillado en puerta y balcón central, molduras y forja de balcones, alero, hueco de la escalera y columnas de época. Ya ha empezado, definitivamente, a dejar de serlo.

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Días pasados, una valla marcaba la amplia fachada del antiguo palacio de los Condes de Montemar. Es, para más señas, el caserón conocido como el de «Novoplex», en alusión al comercio que tuvo allí su asiento desde hace décadas.

La iniciativa privada ha terminado por encontrar la forma de dar uso al inmueble más allá de los bajos comerciales, que también hace tiempo cerraron sus puertas. La promoción de viviendas que se levantará allí lleva tiempo vendida sobre plano.

De este modo, se acaba una historia de más de una década de ruina instada ante el Ayuntamiento y la de un Ayuntamiento remiso a ver, durante el mandato de tal o cual alcalde, cómo ese gran edificio pasaba a la historia. Porque historia tiene. Y mucha.

Lo querían vender para residencia de estudiantes

Lo más pintoresco quizá esté entre lo más reciente.

No hace aún ni cuatro años que su dueño esperaba que alguien se lo comprara por 630.000 euros. Mientras, las ventanas abiertas y las palomas rampantes no se bastaban por si solas para acelerar la ruina y quitarles dudas a los técnicos municipales.

En aquel momento, en abril de 2022, una web inmobiliaria lo promocionaba para un destino que no se cumplirá: el de residencia de estudiantes. Propietario y comerciales debieron entender que las obras del nuevo campus, aún inacabadas, de verdad iban a convertir pronto la capital alcarreña en ciudad universitaria, con cientos de estudiantes necesitados de viviendas.

La necesidad de vivienda no sólo se mantiene sino que se ha acelerado, aunque para las familias y no con un perfil económico que esté para demasiados lujos ni para el coste de pagarlos.

En curiosa coincidencia, el alcalde de Guadalajara de entonces (Alberto Rojo) había tenido la misma idea de la residencia de estudiantes, aunque para eso se fijase en los antiguos Juzgados. Tampoco se ha resuelto nada, años más tarde. Hablamos de Guadalajara.

Para dejar constancia de cómo se vendía entonces esta supuesta ganga inmobiliaria, recordemos el texto de aquel anuncio:

«En la Calle Mayor de Guadalajara, en provincia de castilla la mancha (sic) y haciendo esquina, encuentras este magnifico edificio histórico y el cual hay que derribar por completo y desarrollar un proyecto vanguardista y ecléctico (la negrita es de LA CRÓNICA), adaptado a la actualidad. Hacerse aquí (sic) a un edificio residencial para estudiantes universitarios con 4 plantas mas terraza, es una oportunidad que no va a requerir de una gran inversión y donde el retorno y el beneficio están casi garantizados, toda vez que Guadalajara ahora mismo ha iniciado ampliación de sus universidades, lo que vislumbra una gran demanda de plazas habitacionales en pocos meses… Según nuestros primeros análisis, se podrían lograr unas 40 habitaciones, (60 camas) repartidas de a 10 unidades en cada planta, con zona de lavandería por planta, baño privado + office en cada una de las habitaciones y en terraza, la joya de la corona, SKYLINE COFFEE con zona wifi, recreo y descanso. Poseemos todos los estudios arqueológicos en los que claramente se expone y se demuestra que no existen ruinas ni dificultad alguna para desarrollar un proyecto comercial o residencial».

Todo lo anterior es la reproducción literal, respetando el peculiar estilo literario, de la promoción que en aquellos días se hacía en Internet,

Sobre los 260 metros cuadrados del solar resultante (que algún día será uno más del centenar largo que salpica el casco antiguo de Guadalajara) se asegura una edificabilidad de 1.000 metros cuadrados, en una terreno calificado como para residencial en altura.

Las vallas han llegado sin dar tiempo a retirar los adornos navideños de la Calle Mayor. (Foto: La Crónic@)

Las quejas del PSOE cuando mandaba Román

Eso ocurría cuando el PSOE mandaba en la Plaza Mayor. Por las paradojas del destino, ra y es el mismo partido político que en 2016 lamentaba amargamente, foto incluida, la suerte de esta casa solariega. Hace ahora una década, Manuel Granados y Lucía de Luz comparecían a pie de fachada ante los periodistas.

Eran los tiempos en que aquel concejal insistía, siempre que tenía ocasión, en denunciar una decena de edificios del casco histórico en los que «sus propietarios han dejado ventanas abiertas o, incluso, han provocado boquetes por los que entran palomas y humedades para acelerar su deterioro, contando con la permisividad del equipo de Gobierno municipal de Antonio Román». 

En esta casa de la Calle Mayor no cabía hablar de ventanas tan notoriamente abiertas como en la de López de Haro, en cuyas magníficas galerías subterráneas estuvo el añorado «Disco Pi» y que sigue sin levantar cabeza ni alumbrar un nuevo edificio.

Granado, en 2016, glosaba así esta casona y sus circunstancias más recientes: «es un palacio del siglo XVII, reformado en 1920, donde destaca su fachada con almohadillado en puerta y balcón central, molduras y forja de balcones, alero, hueco de la escalera y columnas de época. Se ha abierto intencionadamente un boquete en el lateral de las bajantes del edificio».

Almohadillado de piedra en la fachada. (Foto: La Crónic@)

Manuel Granado fechaba en 2013 el inicio del deterioro, según el intencionado, del edificio, mediante el recurrente recurso de mantener las ventanas abiertas para que entrasen palomas y humedades. “El palacio de Montemar está en buenas condiciones estructurales”, por lo que “debe ser conservado, ya que no hay motivos reales para derribarlo, y desde el Grupo Socialista vamos a vigilar para impedir que Guadalajara pierda otro edificio histórico y en su lugar aparezca un nuevo solar”, sentenció ante los periodistas y en compañía de Lucía de Luz, todavía concejala.

El propietario de entonces había presentado un informe de declaración de ruina, valorando la construcción nueva en el terreno que ocupa en 450.000 euros y la restauración del edificio en unos 233.000 euros. La Ley permite el derribo si la restauración cuesta más de la mitad que la construcción nueva. Una diferencia de 7.000 euros a favor de la piqueta.

Sólo ha hecho falta esperar para que los primeros desescombros se hayan iniciado.

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