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13 enero 2026
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En Viena, hasta orinar es un arte

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El apretón, como el dinosaurio de Augusto Monterroso, siempre está ahí… a menos que puedas aliviarte.

No hace falta ser prostático o necesitar estudios clínicos sobre el suelo pélvico para reconocer que la vejiga, tantos años una buena aliada, puede convertirse con el paso de los años en el mayor de los enemigos… sobre todo si estás de viaje. Y según lo que se beba y en qué cantidad, claro.

¿Y que es lo que ocurre si todo eso nos acucia en la señorial Viena?

La ciudad imperial no solo cuenta con numerosos aseos públicos, sino también con algunos realmente especiales: desde baños históricos hasta instalaciones artísticas y totalmente accesibles.

Periodismo de datos: Viena tiene exactamente 167 aseos públicos. De ellos, el 83 % son incluso de uso gratuito. Además, en 27 ubicaciones muy concurridas hay personal de servicio o de limpieza presente durante el horario de apertura, según aseguran a LA CRÓNICA desde la Oficina de Turismo de Viena. No siempre son gratis, claro, pero lo importante es el servicio (imperioso) que prestan.

Aunque muchos baños son decididamente modernos, lo que hoy nos interesa es el urinario clásico, histórico, intemporal.

Un alivio más allá del tiempo… aunque sea con prisas

Si tiramos de Historia, la primera instalación de baños públicos en Viena nos remonta a 1883. En los siglos XVIII y XIX, existía además un servicio móvil ofrecido por las llamadas Buttenfrauen y Buttenmänner: bajo un amplio abrigo llevaban una Butte, un cubo de madera, que ofrecían a quien lo necesitara, proporcionando un mínimo de intimidad.

El empresario berlinés Wilhelm Beetz introdujo finalmente una innovación en Viena: en el ya citado 1883 se inauguró, siguiendo sus planos, el primer aseo público en Landstraße.

Hoy en día aún siguen en funcionamiento varias instalaciones vienesas de comienzos del siglo XX: conservan su fachada histórica, pero cuentan con un interior modernizado. Se reconocen por su fachada metálica gris o verde sobre un zócalo de hormigón, por ejemplo en la Ringstraße de Viena (Parkring), en los jardines del Palacio de Schönbrunn o en el Türkenschanzpark. También siguen en pie algunos urinarios de tipo biombo de entonces, por ejemplo en el Auer-Welsbach-Park o en la Alszeile.

Algunas de estas instalaciones se han convertido en atracciones turísticas. El aseo público subterráneo del Graben se inauguró en 1905 y está protegido como monumento por su diseño modernista. En realidad tenía que haberse construido en Stephanplatz, pero las objeciones de las autoridades eclesiásticas desplazaron su ubicación unos 300 metros. Se emplearon materiales de alta calidad como madera de roble o teca, herrajes de latón y cristales biselados. A pesar de la modernización, se conservó el carácter histórico. Incluso algunos lavamanos siguen instalados dentro de las cabinas, igual que entonces.

Los aseos de Viena también se adaptan a su entorno. Así, una cabina sanitaria en el popular Canal del Danubio está decorada con arte urbano de alta calidad, ya que en esta zona se encuentran varias zonas legales para artistas de street art.

Igualmente, un ingenioso dueño de una tienda de recuerdos frente a la Casa Hundertwasser, en el tercer distrito de Viena, ha decorado su aseo de acceso público en el típico y colorido estilo de Hundertwasser.

En Viena, hasta esto es un arte.

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