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La Crónica de Guadalajara
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Jueves, 5 de diciembre de 2019

Este despacho vuelve a tener quien lo ocupe: el paso de Antonio Román a Alberto Rojo

Anecdotario de la toma de posesión en el Ayuntamiento de Guadalajara
Actualizado 15 junio 2019 20:33. Primera publicación 15 junio 2019 14:08.
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Del viernes al sábado, el despacho principal de la primera planta de las Casas Consitoriales había permanecido vacío. Al asomarse, porque la puerta permanecía abierta a la espera de su nuevo ocupante, cualquiera podría echar en falta fotos familiares, objetos personales, papeles sobre las mesas. Antonio Román había empezado a desalojarlo en la noche del jueves; Alberto Rojo ha podido ocuparlo desde primeras horas de la tarde del sábado. Y allí presumiblemente seguirá, al menos, hasta 2023.

Para conseguir ese objetivo, al candidato socialista a la Alcaldía no le ha bastado con ser el más votado el pasado 26 de mayo, puesto que lo más decisivo ha resultado ser el apoyo de los tres concejales de Ciudadanos que, sumados a los 10 ediles del PSOE, suman la mayoría necesaria.

En el acto final de esta obra de representación que son siempre las citas electorales, el escenario se ha trasladado el 15 de junio de 2019 al salón de plenos, con lleno en los bancos habitualmente vacíos y con nuevos protagonistas en los sillones.

Cambios ha habido incluso en la mesa de edad, constituida por las socialistas María Ángeles García y Lucía de Luz, en una terna completada por la secretaria de la Corporación. Enfrente, la única mujer era la ministra Magdalena Valerio, sentada en el lugar de preferencia y rodeada de antiguos alcaldes de esa ciudad que ella no pudo gobernar, aunque lo intentó. Blanca Calvo, alcaldesa inesperada en su día, hoy no pasó por allí, ocupada en otras cosas.

A las 12.42 del 15 de junio de 2019, prometía como concejal Alberto Rojo.

A las 13.01, ya era proclamado alcalde.

Tres cuartos de hora más tarde, superadas las morosas y dilatadas intervenciones de los portavoces, el nuevo alcalde se dirigía al público y a la ciudad como se preveía: "con alegría e ilusión", "luchando por el bien común" y para que "la gente sea más feliz", "afrontando esta nueva etapa con sonrisa, amabilidad, sentido común, haciendo las cosas agradables".

Por delante, cuatro años. Por detrás, casi dos horas de palabras y abrazos.
 
Antes de llegar a este punto, no faltaron anécdotas, como el error de la presidenta de la mesa al llamar a jurar el cargo a Eladio Freijo... saltándose el turno de la socialista Pilar Sánchez, veteranas ambas del partido en Guadalajara.

Puestos ante la Constitución, casi todos los nuevos ediles juraron o prometieron sin titubear y sin apostillas. Eladio Freijo introdujo una alusión, breve, a Guadalajara y a España. Mucho menos comedido anduvo José Morales, que además de hacerlo "por imperativo" desarrolló casi un programa político completo a la hora de prometer. Tan prolijo fue que hizo pasar por recatado y conciso al siempre exhuberante Jorge Riendas, que también asumió el cargo "por imperativo legal" y con adornos. El que mejor entonó, haciendo honor a su ya lejano pasado ante los micrófonos, por el periodista y ahora concejal Evaristo Olcina.
 
El sincorbatismo ha estado casi proscrito esta vez en el Ayuntamiento de Guadalajara. En las filas de Ciudadanos, Israel Marco rompía la norma, a cuello descubierto. Jose Morales, de rojo riguroso, recurría al cuello Mao abrochado hasta el último botón. Entre las concejalas, variedad de estilos y colores, casi como en las bodas.
 
Lucía de Luz le dió la vara (en el sentido más literal de la expresión) a quien será su alcalde. A Alberto Rojo, que deberá ser también, por el bien de Guadalajara, alcalde de todos. 


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