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La Crónica de Guadalajara
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Viernes, 16 de noviembre de 2018

¿Estrategia contra la despoblación?

Actualizado 15 octubre 2018 11:36  
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Esta semana se celebra en Aguilar de Campoo (Palencia) el III  Congreso Nacional sobre Despoblación, auspiciado por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). Una iniciativa más de las muchas que se están tomando desde distintos ámbitos públicos y que, al menos, contribuyen a visualizar la gravísima situación que sufre media España y que, además, comienza a hacer mella en pequeñas y medianas capitales de provincia alejadas de las macro urbes.

La presidenta de la Diputación de Palencia, María Ángeles Armisén, anfitriona de este encuentro, me ha dado una gran satisfacción en una entrevista que ha ofrecido a la revista Carta Local cuando se cuestiona, como yo he hecho en más de una ocasión en esta misma columna, la eficacia en esta materia de los fondos europeos, aunque a algunos les moleste.

La presidenta palentina dice que le gustaría, en primer lugar, que Europa asuma la sensibilidad "sobre la necesidad de acometer un cambio en la gestión de los Fondos y de vincularlos al desarrollo en las zonas de reto demográfico", lo que viene a confirmar mi idea de que los dineros europeos, que han llegado a raudales en los últimos decenios, se han malgastado y desaprovechado. La prueba evidente es que, después de tantos y tantos millones invertidos, la población baja un año sí y al siguiente también. Tal y como pide Armisén alguien debería reflexionar muy seriamente sobre este asunto.

En el mismo sentido, establece tres prioridades básicas a solucionar de inmediato: la conectividad (son radicalmente mentira los datos que nos dan desde las administraciones de acceso a Internet en los pueblos), el trasporte público y la igualdad de oportunidades, y yo me pregunto si no sería mucho más interesante dedicar parte de estos fondos europeos a cubrir estas carencias en el medio rural, en lugar de financiar algunos proyectos absurdos costosísimos e imposibles de mantener en el tiempo, e infraestructuras que nadie usa porque en los pueblos no queda nadie, sencillamente.

Los  servicios educativos y sanitarios de calidad accesibles para todos, que también reivindica la presidenta como medidas a adoptar, no serán posibles en modo alguno mientras no se establezca una discriminación positiva.

Los maestros, los médicos, algunos otros funcionarios públicos que trabajen en el medio rural tienen que ser apoyados por el Estado a través de una discriminación positiva (mejores salarios, ayudas para el alquiler y los desplazamientos, facilidades y ayudas para su formación,  beneficios añadidos cuando quieran optar a un cambio de plaza...) con respecto a sus compañeros que ejercen en grandes ciudades porque en caso contrario jamás será atractivo un pueblo pequeño para desarrollar su trabajo.

Del mismo modo, la mujer, los padres con hijos pequeños, los jubilados que estén o quieran establecerse en un pequeño núcleo rural deben tener apoyo económico y fiscal sin fisuras, y sin complejos, con respecto a las mismas situaciones en  ciudades y macro urbes.

Los  pequeños comerciantes, tenderos, panaderos, hosteleros, artesanos, no pueden ser considerados fiscalmente igual que sus compañeros de la Gran Vía de Madrid o la calle Sierpes de Sevilla, mientas a las grandes empresas, multinacionales y grandes corporaciones se les prima de una y mil maneras, optan a más ayudas y subvenciones públicas, ayudas al empleo y otras muchas ventajas con respecto al medio rural y sus trabajadores están más y mejor protegidos.

Dice otras cosas interesantes la presidenta, como incorporar la perspectiva rural a las normativas que se aprueban, "al igual que incorporamos la perspectiva de igualdad u otro tipo de perspectiva; esto supone que ante todo aquello que vamos a regular con una norma, pensemos cómo será  su aplicación en municipios de menos de 1.000 o de 500 habitantes". Y qué razón tiene, ahora estas normas en realidad las hacen urbanitas que no saben, ni conocen, ni tienen ni han tenido contacto alguno con la realidad de un pueblo.

En fin, muchas cosas por cambiar, pero los años van pasando, la gente de los pueblos va desapareciendo, y nadie en Madrid ni en las comunidades autónomas va más allá de mantener todo como está y, si acaso, de nombrar una Comisionada para la Estrategia contra la despoblación.

¿Estrategia? ¿Qué estrategia? ¿Dónde está?


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