Ha tenido que ocurrir una nueva tragedia para volver a subrayar la relevancia del periodismo en una sociedad democrática. Los bulos surgidos en torno al accidente ferroviario de Adamuz, difundidos principalmente a través de las redes sociales, ponen una vez más de manifiesto la necesidad de una información veraz, rigurosa y contrastada, elaborada en base a principios éticos. No se trata de un hecho aislado: situaciones similares se repiten con frecuencia y sus consecuencias son graves, porque el ruido y la desinformación se extrapolan y contaminan el ecosistema informativo, erosionando la confianza de los ciudadanos en los medios de comunicación y en los periodistas.
Desde hace años, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) alerta de las amenazas que entraña el mal uso de las redes sociales para la información y el fomento de la desinformación en los medios. Esta ha dejado de ser una amenaza puntual para convertirse en un problema estructural. Por ello, resulta imprescindible seguir denunciando sus efectos nocivos sobre la convivencia democrática y reclamar medidas eficaces para combatirla. En este contexto, la celebración del Día del patrón de los periodistas, san Francisco de Sales, constituye una ocasión idónea para reiterar que la mejor manera de frenar la desinformación y recuperar la credibilidad de la ciudadanía pasa por una defensa firme de los principios que sustentan la profesión: veracidad, rigor y respeto a los códigos éticos y deontológicos.
El último Informe Anual de la Profesión Periodística, elaborado por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), incide precisamente en esta problemática y refleja la amplia concienciación existente entre los periodistas para hacerle frente. Si los medios no actúan como un dique de contención, los bulos y las falsedades continuarán proliferando y favoreciendo la manipulación social. El informe también señala otros factores preocupantes, como la pérdida de confianza de la ciudadanía y la precariedad laboral. A la persistencia de los falsos autónomos y la limitada presencia de mujeres en puestos de dirección se suma el progresivo deterioro de la salud mental de los profesionales. Ante esta situación, la FAPE continuará denunciando estas carencias y exigiendo mejoras en las condiciones laborales y salariales, ya que resulta inviable garantizar un periodismo de calidad sin redacciones sólidas y protegidas. Solo desde esa fortaleza será posible fiscalizar los abusos de poder y ofrecer información contrastada y fiable.
Otro elemento que incide negativamente en el ejercicio del periodismo es la creciente polarización política, que ha derivado en prácticas de hostigamiento incompatibles con una democracia plena. Frente a ello, la FAPE reclama el fin de comportamientos antidemocráticos como los señalamientos a periodistas, el acoso en línea, la exclusión de medios de actos informativos o la celebración de ruedas de prensa sin preguntas. Estas limitaciones suponen un grave obstáculo para la libertad de prensa y deben ser contestadas con firmeza. El periodismo cumple su función de servicio público cuando refuerza su independencia y ejerce un control crítico sobre los poderes. La alineación en trincheras ideológicas compromete esa independencia e impide garantizar plenamente el derecho constitucional de la ciudadanía a recibir información veraz y rigurosa. Preguntar, investigar y denunciar abusos constituye la esencia del trabajo periodístico.
En esta línea, la FAPE valora positivamente la aprobación por parte del Congreso de los Diputados de un reglamento que permitirá evaluar el ejercicio profesional en la concesión de acreditaciones. La Federación ha denunciado de forma reiterada el asedio de determinados activistas que, amparados en acreditaciones periodísticas, vulneran los principios de la profesión y distorsionan la labor informativa del conjunto de los profesionales, invocando de manera errónea las libertades de prensa y expresión. Son actitudes intolerables que desvirtúan el libre ejercicio del periodismo y fomentan el señalamiento a periodistas.
Asimismo, en un escenario marcado por la desinformación, resulta fundamental impulsar la alfabetización mediática como herramienta clave para combatirla. El Parlamento Europeo ha instado a integrar esta formación en todos los niveles educativos, y la FAPE lleva años reclamando al Gobierno la incorporación de una asignatura específica en la Educación Secundaria Obligatoria. Esta medida contribuiría a que los más jóvenes aprendan a identificar contenidos falsos o manipulados. Su importancia se acentúa en un contexto en el que la Inteligencia Artificial, llamada a permanecer, presenta tanto oportunidades como riesgos. Aunque bien utilizada puede aportar grandes beneficios, también puede facilitar la suplantación de identidades y la difusión de informaciones falsas, lo que refuerza la necesidad de contar con agencias de verificación sólidas y eficaces.
Por último, la FAPE defiende que el ejercicio del periodismo debe regirse siempre por criterios estrictamente profesionales. En este sentido, destaca la importancia del respeto al secreto profesional como derecho fundamental que protege a los periodistas frente a la obligación de revelar sus fuentes o datos que puedan identificarlas. Este derecho, actualmente en proceso de desarrollo legislativo, es esencial para la libertad de prensa y de información, tal y como se evidenció en el juicio al fiscal general del Estado. Se trata de una garantía democrática que no exime a los profesionales de su sometimiento a la ley, de modo que cualquier vulneración de derechos puede ser dirimida en los tribunales. Del mismo modo, ante cualquier comportamiento irregular de un profesional o medio de comunicación y porque creemos firmemente en la función del periodismo como servicio público, la FAPE pone a disposición de las instituciones, las empresas y los ciudadanos la posibilidad de recurrir a la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo.
(El texto anterior es una declaración oficial de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, emitida el 23 de enero de 2026, víspera de San Francisco de Sales)

