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Miércoles, 11 de diciembre de 2019
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Filosofía de barra de bar

Aforismo árabe en el sobre de azúcar de un bar. (Foto: La Cró[email protected])
Actualizado 8 enero 2019 10:41. Primera publicación 8 enero 2019 10:37.
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De unos meses a esta parte, los bares se están llenando de filosofía. Son aforismos de baratillo en muchos casos, sobre todo los que vienen escritos en las servilletas con las que has de limpiarte los morros. O sea, la justicia divina aplicada al devenir cotidiano del hombre (y la mujer) del siglo XXI.

Empeñados como están todos esos en aleccionarnos para el buen vivir, los que imprimen frases en las bolsas del azúcar se diría que alcanzan un nivel superior, pues pasan de la mera ocurrencia a la sentencia más o menos pretenciosa.

"Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación" dicen que dice el proverbio árabe y así se te presenta esta mañana junto al café con leche. A saber qué quería decir el que primero lo escribió, ya fuera con turbante o sin él...

En los bares de España y del mundo no abundan las miradas a la hora del desayuno.

Entre las tazas humeantes hay ojos legañosos o huidizos, ruido de fondo de tertulias en la televisión, cadáveres con grapas impresos en papel yaciendo sobre la barra a los que aún llaman "periódicos" y que casi nadie compra y que apenas se leen.

Mirar, lo que se dice mirar, ni al camarero para darle las gracias por seguir en pie sin jubilarse.

Giras el cuello y ves en la pantalla del televisor a uno de los nuevos líderes políticos y maldices al moro del proverbio: esas miradas ya te las conoces, encendidas de convicción, inasequibles al desaliento, desdeñosas al diálogo, dispuestas si acaso al cambalache.

Mientras recoges las vueltas y te ajustas el abrigo para hacer frente al frío de esta nueva jornada añoras los tiempos en que "una larga explicación" era señal de respeto a tu inteligencia y a la de los demás. De eso habrá poco en los próximos meses, urnas mediante, por parte de quienes te hurgan en el bolsillo para palpar su voto y llevarse tu dinero.

Esos que te mirarán fijamente a los ojos desde los carteles electorales mientras con las manos hacen su juego de trileros, incansables.

Hasta mayo, tiempo de berrea. Y después, más. De lo mismo.


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