Fue en el año 2006 cuando la asamblea de la Asociación de la Prensa de Guadalajara tuvo a bien premiar a Faxmedia, la editora de este periódico, con uno de los premios, que aún siguen distinguiendo anualmente lo más meritorio de cuanto se hace en esta provincia.
Fue en la categoría de Economía, elogio sobre elogio tratándose de este sector.
Los periodistas reconocían entonces, hace dos décadas, la creación del primer diario digital de Guadalajara (y uno de los primeros de España).
Ahora han vuelto a hacerlo, aunque por otro motivo: el cuarto de siglo ya cumplido de cita diaria con los lectores.
LA CRÓNICA nunca se puso fronteras a la hora de informar de aquello que pudiera ser de interés. Y fue ese afán, que no ha prescrito, el que hizo que su todavía director no pudiera recoger personalmente la placa y el cariño de los presentes. Lo hizo en su lugar esa incansable periodista que es Belén Monge, que dio lectura a las líneas que se acompañan.
Son palabras escritas desde muchos pies de altura pero que hablan a pie de calle, como obliga el periodismo al que se ha debido siempre este diario. En Guadalajara o donde sea, que de eso se trataba.
Espero que disfruten con la lectura de estas reflexiones, leídas el pasado 29 de enero en el Teatro Moderno ante un nutrido auditorio.
Están dedicadas a la Asociación y a lo que representa: hombres y mujeres unidos por un mismo oficio y un mismo propósito. Pero también a los lectores, imprescindibles para entender que hayamos superados tantos años de compañía, a un lado y otro de la pantalla, del ordenador o del smartphone.
A todos, GRACIAS.
Estimados amigos:
Es una situación extraña la de recibir una distinción por el hecho de aguantar 25 años que ya son 26. Así hacemos creíble eso de que «el que resiste gana» que dijo aquel vecino de El Clavín que se llamaba Camilo.
Cuando Cela recibió el Nobel, La Crónica de Guadalajara aún no había nacido. O renacido, por mejor decir. Pero faltaba poco.
Del periódico de 1885 del que La Crónica recuperó la cabecera, financiado por Romanones, quedan algunas colecciones en papel que se deshacen en las manos. Del de 1999 no todo perdura, gracias a los desvelos de los hackers. Los que sí se mantienen con diversa lozanía son todos los presentes e incluso este ausente, que habla por boca de la siempre amiga Belén Monge.
En razón del oficio, no puedo estar esta tarde donde quisiera, carente como soy del don de la ubicuidad.

Por las miserias de este mismo oficio, muchos de los que han pasado por la redacción de La Crónica ya ni siquiera ejercen como periodistas, aunque uno confía en que pese a todo no haya caído en el olvido lo que aprendieron entre teclados, monitores y noticias.
Algo bueno debieron sacar para que entre la nómina de antiguos periodistas de La Crónica figuren, a fecha de hoy, desde una alcaldesa a un tractorista, más algunos funcionarios y bastantes prófugos en busca de mejores horizontes. Son mayoría los que en el algún momento han pasado al lado oscuro, como llamamos a los gabinetes, y no han desesperado en el intento. Es el sino, precario, del periodismo, este oficio que hoy celebramos, pese a todo.
Son ellos, hombres y mujeres, todos los que pasaron por la redacción de la calle Pintor Antonio del Rincón, los que están en el recuerdo y en mi agradecimiento.
Un cuarto de siglo da para mucho, como algunos de ustedes habrá leído y comprobado en todos estos años, cada día.
Mucho ha cambiado nuestro mundo y el propio periodismo en este tiempo.
Hemos pasado de justificar un diario digital en su afán de contar lo que otros no querían que se supiera a vivir asqueados en una Internet donde nadie calla y en la que no son muchos los que tienen algo sensato que decir.
Advierte el comandante que estamos volando a 11.000 metros mientras escribo esto que, gracias a Belén, ustedes oyen e incluso quizás escuchen.
Sea como sea, gracias por su paciencia y por estos muchos años de compartir la vida con aquellos, bastantes, que durante años hemos querido contarles lo que estaba pasando. Ni más, ni menos.
A todos, muchas noticias y fuertes abrazos.

