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24 febrero 2026
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Historia de la calle que nunca se asfaltó (hasta ahora) para no incumplir la ley

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La alcaldesa de Guadalajara, Ana Guarinos, ha acudido en la mañana de este martes a la calle Sevilla, en el barrio del Alamín. Allí ha podido comprobar, sobre el terreno, el avance de unas obras que, pese a su reducida presupuesto y nula complejidad técnica, considera como una de las actuaciones que «más satisfacción» le ha producido durante su mandato. Tiene su explicación.

Por allí estaba también la presidenta de la Asociación de Vecinos del Alamín, Margarita Martínez, junto varios residentes del barrio, entre ellos Antonia, una vecina de 91 años cuyo empeño ha sido fundamental para que en el Ayuntamiento se llegara a desenmarañar el problema administrativo que afectaba a esta calle.

Guarinos ha recordado ante los periodistas que la obra supone una inversión que no alcanza ni los 50.000 euros. Afecta a un tramo de unos 40 metros cuadrados que nunca había sido urbanizado adecuadamente, con problemas de barro cuando llovía, falta de accesibilidad y carencia de una correcta evacuación de aguas.

La alcaldesa ha subrayado que esta es «una obra pequeña en superficie, pero enorme en significado porque responde a una demanda que el barrio llevaba planteando durante décadas y que, por distintas razones administrativas, nunca se había atendido».

Guarinos ha recordado que fue durante una visita electoral, de la mano de la presidenta vecinal y de la propia Antonia, cuando tomó plena conciencia de la necesidad urgente de actuar en esta calle, que seguía sin pavimentar mientras otras del entorno sí habían sido mejoradas.

La alcaldesa detalló que los trabajos incluyen la pavimentación completa de la vía, la mejora del drenaje y el ensanchamiento de la acera superior mediante el desplazamiento de la barandilla, “lo que permitirá ganar espacio y garantizar la accesibilidad, incluso para personas con movilidad reducida”.

Antonia y un empeño de 17 años

Recordó que el desnivel y la estrechez del paso dificultaban la entrada y salida de los residentes, muchos de ellos mayores, y que una intervención como esta «no es cuestión de grandes inversiones, sino de dar respuesta a los problemas reales de los barrios, cuidando la ciudad y atendiendo las demandas que los vecinos plantea día a día».

Algunos de los vecinos de las nueve viviendas de este callejón, especialmente Antonia, una nonagenaria incansable, compartieron ante los medios la larga historia de esta reivindicación: más de 17 años pidiendo la obra, decenas de firmas recogidas puerta a puerta y múltiples gestiones que no lograban resolver la situación. La dificultad se agravaba porque durante mucho tiempo se consideró que la calle era privada de uso público, lo que impedía actuar desde la administración.

Guarinos explica que se llegó incluso a estudiar la posibilidad de intervenir mediante los presupuestos participativos a través de un convenio con un tercero, pero finalmente se confirmó que la vía es pública y que el Ayuntamiento sí podía acometer la mejora directamente. “Habíamos barajado todas las opciones para ofrecer una solución real. Lo importante era hacerlo posible”.

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