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La Crónica de Guadalajara
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Jueves, 14 de diciembre de 2017

Historia de una mujer explotada (como tantas y tantos)

La Avenida del Ejército de Guadalajara, sin viandantes en diciembre de 2017. (Foto: La Cró[email protected])
Actualizado 7 diciembre 2017 11:29  
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En ese mundo mágico y multicolor, tan chupi y tan guay que nos tienen prometido los políticos, no habrá llanto ni desolación, ni crujir de dientes ni necesidad de pasar la madrugada en blanco porque el niño está malo y no te deja dormir. Desconfía de quien duerma siempre de un tirón porque su tranquilidad será tu penitencia, antes o después.

Esa mujer aún joven, lejos todavía de la treintena, se ha plantado en las Urgencias en un taxi. Llega sola, con un crío de unos cuatro años en brazos.

Son las tres de la madrugada y la sala de espera está vacía. Se nota el Puente de la Constitución. Se nota el Puente de la Inmaculada. Se nota que ya empieza a haber dinero para algunos caprichos. Se nota que la gente se va al pueblo siempre que puede, mientras queden padres o abuelos. Se nota que hace frío en la calle, que esa mujer está sola en el mundo y que tiene más miedo en el cuerpo que su hijo dolor en las entrañas.

A las seis de la mañana se ha vuelto a casa, con su hijo más tranquilo y ella, derrumbada en otro taxi. No tiene coche aunque sí un ex marido al que nunca es fácil localizar y menos cuando hace falta. Su sueldo frisa los 1.000 euros, que es el listón canónico de la explotación laboral en la España de Rajoy y Puigdemont. Ella tarda un mes en ganar lo que alguno de "Sálvame" ingresa por hacer el imbécil en un solo programa. 

Igualados los parias de la tierra sin la lucha final, a la espera de que China y Rusia nos adelanten por la ¿izquierda? o por la ¿derecha? con su nuevo capitalismo de Estado, tan eficiente para generar plusvalías.

Pero todos felices.

Son días de fiesta.

Son días de escapar, incluso de nosotros mismos.

Hace frío en la calle, sin nadie con quien chocarte.

A ella la acabas de ver de nuevo, en su trabajo de 1.000 euros y con cara de sueño. Y aun así, sonríe.

Tú, no. Tú te acuerdas en ese momento de todos y todas las y los que quieren salvar a todas y a todos bajo las siglas de los biempensantes y te dan ganas de mandarlos a la mierda. Juntos y revueltos, pero hasta allí, para que ojalá no volvieran. 

Lo haces en silencio y sigues, solo, tu camino. 


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