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8 febrero 2026
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Juan Ortega ilumina Valdemorillo

A plaza llena se ha fraguado un nuevo triunfo del sevillano oriundo del Señorío de Molina. Con señorío molinés podríamos decir, excavando en sus orígenes.

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Juan Ortega lo ha vuelto a hacer. El checano Jacinto, su padre, estará contento de lo vivido este domingo en Valdemorillo, donde su vástago ha salvado la tarde con el único toro con posibilidades.

A plaza llena se ha fraguado un nuevo triunfo del sevillano oriundo del Señorío de Molina. Con señorío molinés podríamos decir, excavando en sus orígenes, cortó las dos orejas del quinto. Con señorío, empaque, suavidad, enganche, inteligencia y arte.

Esta nueva puerta grande justificó el esfuerzo de acercarse a la localidad serrana, en sus fiestas de San Blas.

Te recuerdan los clásicos que la cubierta de «La Calendaria» nada tiene que ver con aquella portátil que se llenaba de ateridos aficionados para ver la lidia, casi siempre improbable, de auténticos gladiadores vestidos de luces ante ganaderías muy exigentes.

Es cierto que ahora el tiempo es otro. La plaza está construida a prueba de inclemencias, aunque no de sofocos. «¡¡¡Bajad la calefacción!!!», llegó a bramar este 8 de febrero de 2026 uno, bien dotado de pulmones, desde el tendido. Seguro que muchos asintieron, en silencio.

Existen otro tipo de inclemencias de las que es más difícil librarse, como la lluvia del invierno en la finca de Medina Sidonia donde pasta el ganado de Torrealta. La ganadera se escudaba días pasados, preventivamente, en el mal invierno para justificar lo difícil que había sido encontrar qué llevar a Valdemorillo…. y eso que estaba acartelado su novio, don Pablo Aguado. Es difícil fiarse de la política, ya lo sabemos, pero no poder hacerlo tampoco de la (familia) política… es aún más desalentador. Vaya encierro. Para casquería y poco más.

En efecto, a Juan Ortega le correspondió el único de los seis toros que unía casta con nobleza. Mientras que el resto de lo que salió por toriles adoleció de una irritante falta de fuerza, el que hacía quinto no dejó de querer alcanzar la muleta hasta el mismo momento de recibir un contundente espadazo, que lo llevó a morir de inmediato en tablas.

Al comienzo de la faena lo había recibido Ortega con una tanda de verónicas que llenó el aire de clamorosos olés. Lo mismo con tres chicuelinas en su quite en las cuales cabía entera toda Sevilla. Y en el último tercio, la diestra facilitó esa magia tan difícil de describir que es parar el tiempo mientras el pase se hace eterno. Y no fueron ni uno, ni dos ni tres sino una borrachera de belleza, que tuvo continuidad, más entrecortada, por la izquierda.

A Uceda Leal se le quiere en Madrid, tanto en el Foro como más allá. Aquí, también. A falta de enemigos que facilitaran el triunfo, habrá que guardar en el recuerdo tres naturales en el cuarto de la tarde.

Pablo Aguado estuvo excelso con el capote en su primero y funesto con el descabello. Ante el sexto, un supuesto cinqueño que claudicaba aleatoriamente pero desde el inicio de las dos manos y que no obstante se mantuvo en el ruedo, nada pudo hacer.

Valdemorillo comienza una nueva temporada. ¿Hasta dónde llegará Juan Ortega? Nadie lo puede saber, pero sí es seguro que la carta de presentación ilusiona, una vez más, a sus devotos, que en esta cita inicial eran muchos.

¿Mantendrá el capote con vueltas blancas?

¿Aumentará el repertorio de pases de recurso?

¿Hará de la continuidad una virtud?

¿Alcanzará el trono del toreo sevillano o seguirá sentando allí sus reales posaderas Morante, ese torero tan genial como de ida y vuelta?

Lo iremos viendo.

Por de pronto, salir de la plaza con una sonrisa ya es un logro. Lo ha facilitado un sevillano oriundo de Guadalajara a base de un arte que le rebosa.

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