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La Crónica de Guadalajara
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Miércoles, 12 de diciembre de 2018

La estación de Cercanías como síntoma

Estación de RENFE, en Guadalajara, en diciembre de 2016.
Actualizado 30 septiembre 2018 12:23  
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La habitual polémica que rodea al tren de Cercanías en Guadalajara y el Corredor del Henares, pero sobre en la capital, es solo un síntoma de un problema mucho más importante que afecta a nuestra provincia: la secular dejadez política e institucional para abanderar la transformación definitiva de esta tierra.

Todo lo que pasa con este servicio público es, en verdad, solo un síntoma, no el asunto de fondo... que es mucho más profundo y doloroso por tratarse de la incapacidad histórica de la ciudad y su provincia para afrontar, desde la unidad, la solución a sus históricas carencias. Una deuda histórica que aquí nadie reclama ni reivindica.

Podríamos referirnos a asuntos tan cacareados como el trasvase, la Autovía de la Alcarria, el desdoblamiento de la peligrosa carretera N-320, la carretera de Guadalajara hasta Humanes, la nacional N-211 por Molina, el futuro de la central de Trillo, las consecuencias del desmantelamiento de la central de Zorita, la despoblación, las lanzaderas del AVE....

 Y si nos centramos en la ciudad tenemos que recordar asuntos como la futura Universidad, la variante de la N-320, la ampliación del Hospital y sus accesos, el nudo de Cuatro Caminos, los problemas del Palacio del Infantado, la vergüenza de ver la situación de abandono del Alcázar, o de los pabellones del Fuerte de San Francisco, el Pedro Escartín y su entorno, el río....y la estación de Renfe.

La característica común de todos estos asuntos es que son  infraestructuras básicas que llevan años sin resolverse pues, independientemente de quien gobierne o haya gobernado, siempre les ha dado igual. A partir de esta realidad, busquemos no el síntoma, que son todas estas actuaciones pendientes desde tiempos inmemoriales, sino el fondo, que no es otro que la desunión sempiterna entre nuestros gobernantes, el partidismo descarado por encima del bien común. Lo que, de paso, conlleva la desafección absoluta y la apatía de la ciudadanía.

¿Por qué las Cercanías y la estación de RENFE, por ejemplo, es solo el síntoma? Es evidente, solo tenemos que ver cómo está. Creo que cualquier cargo político relevante de esta provincia debería sentir una enorme pena (si viajasen mucho en este medio sentirían vergüenza ajena) al ver cómo Guadalajara recibe a los visitantes que llegan en tren con unas instalaciones arcaicas, semiabandonadas, sin espacio para las taquillas ni para que los viajeros puedan entrar  y salir del recinto sin peligro, cruzando las vías las más de las veces para acceder o bajar de los trenes, con los autobuses urbanos sin sitio para parar ni girar donde los peatones tienen que sortear constantemente los riesgos de motos, coches y autobuses, donde se aglomeran de mala manera los vehículos para recoger y dejar viajeros, con el asfalto lleno de baches o badenes, con un aparcamiento donde tienes un único y estrecho carril para entrar y salir...

En fin, algo impropio de una ciudad que ha crecido desmesuradamente desde que se levantara la estación en 1859 como de tránsito de segunda clase y se reformara en 1925, con una población solo en la capital (15.000 habitantes) seis veces  inferior a la actual.

Y esto es, exactamente, lo que podemos agradecer a nuestros alcaldes, presidentes autonómicos, gobiernos de España... ¿Por qué? Es obvio y evidente. Cuando no hay coincidencia del gobierno municipal con el de España, que tiene esta competencia, mejor no hacer nada para evitar dar un tanto electoral a los que mandan en el Ayuntamiento. En consecuencia, cuando no son de la misma cuerda, nada de colaboración, a degüello.  Todo paralizado.

Cuando sí existe esta coincidencia entre gobiernos municipal  y nacional, tampoco se hace nada para no molestar a los amigos de Madrid y jefes del partido pidiendo esta mejora, no sea que por pedigüeños les molesten y luego sea más difícil repetir en el cargo o conseguir un puesto de salida en las listas electorales. Total, cuando son del mismo partido, es mejor ser dóciles  para no molestar.

Lo de la estación de tren es una verdadera vergüenza, vergüenza que llevamos arrastrando en nuestras mochilas desde hace muchos años y sin solución alguna, y eso que cada día laborable utilizan las instalaciones 9.000 viajeros (según datos oficiales de RENFE confirmados este mismo mes, a requerimiento de LA CRÓNICA), lo que viene a suponer más de dos millones al año sin contar sábados, domingos y festivos.

 Pero es sólo un síntoma, ya les digo, uno de los muchos síntomas que podemos observar a lo largo y ancho de la provincia. La enfermedad sigue oculta. Da igual quien haya gobernado o quien gobierne.
 


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