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La Crónica de Guadalajara
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Sábado, 25 de enero de 2020
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Los Reyes Magos y el mirlo

El Palacio del Infantado y Guadalajara, bajo la lluvia.
Actualizado 6 enero 2018 12:15. Primera publicación 6 enero 2018 12:01.
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Llueve.

Sobre la acera, un mirlo come roscón de Reyes, en un trozo caído y abandonado vaya usted a saber cuándo y cómo.

El mirlo hurga con su pico naranja, pero no encuentra la sorpresa en su trozo de roscón.

Llueve.

Por las calles no hay niños montados en sus bicicletas de estreno. Quizá sea porque los niños ya no se piden bicicletas sino microchips, en sus más insospechadas formas.

Algunas niñas, ignorantes de lo machistas que están siendo en tan tierna edad, juegan con sus muñecas, detrás de los visillos.

Llueve.

El octogenario que todos los días protesta por las obras del Ayuntamiento (las que se hacen mal y las que no se hacen ni mal ni bien) se queja mientras camina. A sus 86 años, asegura que está en las últimas porque le duele todo. Tú le miras y le razonas que el dolor es la prueba más rotunda de que estás vivo. Sobre todo cuando te duelen los cojones del alma (Miguel Hernández dixit). A él, por lo que parece, esos también le duelen.

Llueve.

Te asomas al bar y ves para creer en lo increíble: el hombre solitario y huraño de cada mañana, el que nunca habla y al que nadie habla, el de rostro hosco y maneras menestrales, ha recibido una llamada en su teléfono móvil. Y habla. Y se explica. Y hasta crees ver que le asoma una sonrisa por la comisura de los labios.

Él ya tiene su regalo en la mañana de Reyes.

Llueve.

Que llueva sin parar hasta limpiarnos a todos y volvernos niños cualquier 6 de enero.

Podemos pedirlo. Podemos soñarlo.

Llueve.


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