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La Crónica de Guadalajara
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Martes, 24 de octubre de 2017

Participación ciudadana, ni en el Madrid de Carmena

Imagen del décimo proyecto de reforma de la Plaza de España por número de votos, llevado a la final por decisión de la Comisión Técnica del concurso.
Actualizado 19 enero 2017 12:50  
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Desde hace meses, este que les escribe estaba mirando con curiosidad, incluso malsana, el proceso por el cual el Ayuntamiento de Madrid quería decidir qué hacer con la Plaza de España. No se engañe el lector: en el consistorio de Cibeles no están preocupados por el insoportable olor a orines de los accesos al parking o por la cercana existencia de edificios arrasados por los okupas, con vistas a la estatuta de Don Quijote y Sancho. Tampoco, claro, ningún interés por rebajar las confiscatorias tarifas que se aplican a los que dejan su coche en ese estacionamiento o en casi todos los de la capital.

Lo de la curiosidad venía por saber desde hace tiempo que un arquitecto de Guadalajara participaba en uno de los equipos que optaban a hacerse con la reforma de ese céntrico espacio madrileño. Queden tranquilos los envidiosos patrios: no ha llegado a la final. Pero se ha quedado cerca.

También tenía su interés comprobar en qué desembocaba eso de la "participación ciudadana" a la hora de elegir qué, cómo y por cuánto dinero habrá de hacerse una ñapa (monumental y cara, pero ñapa) en una plaza que todos hemos pisado alguna vez. La respuesta ha terminado por llegar y es muy reconfortante para quienes miramos la realidad con ese punto de escepticismo y suspicacia que aún nos permite sonreír ante quienes pretenden engañarnos o perdonarnos la vida.

De todos los censados en Madrid, que son varios millones como cualquiera puede sospechar, el proyecto que más votos de los vecinos recibió fue el llamado "Pradera Urbana", acertado nombre ya que proponía atiborrar de verde lo que hoy es alicatado municipal. Tuvo tanto éxito que para esa idea y sus bonitas ilustraciones fueron a parar ¡903 votos!!! De entre los millones de madrileños, apenas se pusieron a la tarea de dar su opinión 7.600, que pueden parecer muchos o pocos, pero que en este proceso plebiscitario es algo que a la postre resulta indiferente, porque los organizadores del sarao han decidido bajo su criterio otra cosa. El elegido por "el pueblo" resultaba inconveniente técnicamente, quizá también presupuestariamente.

Ahora, Carmena y su tropa (o su troupe, como el lector prefiera) van a someter a votación popular al que había quedado en tercer lugar por número de votos... ¡y al décimo!, los dos que a juicio de los que saben de esto (o sea, la Comisión Técnica) han resultado ser los más interesantes.

Dicen que el concejal de Participación Ciudadana, Pablo Soto, suspira por juntar 100.000 votos de sus convecinos en esta consulta final, una cifra redonda que a él le parece evitaría el sonrojo por tanta ausencia de ciudadanía en el invento. Por si acaso no es suficiente, tienen decidido para más adelante someter a plebiscito cómo hacer que Madrid sea cien por cien sostenible (sea lo que eso sea) y también cómo ha de ser el billete único para el transporte público, aunque la competencia no sea municipal en ese caso, sino de la Comunidad de Madrid y de su Consorcio Regional de Transportes. Pero es tan bonito...

Si a estas alturas el lector se ha sonreído con alguno de estos sucedidos, que no se ría antes de pensar que en Guadalajara el Partido Popular también hace sus pinitos de "participación ciudadana", para que con la movilización de un puñado de vecinos de una calle (menos de los que viven en una escalera) el Ayuntamiento asfalte por aquí y no por allá, convenga o no. Eso ha pasado y volverá a pasar. Y entre las críticas de la oposición al proceso, no a su fundamento.

Qué tiempos aquellos en que uno pensaba que votaba en las municipales para que los políticos tomaran decisiones y asumieran sus responsabilidades acerca de lo que hacían (o dejaban de hacer) con el dinero de nuestros impuestos.

¿Alguna vez nos consultarán para establecer en cuánto hay que rebajar el IBI o las tasas de basura?

Quedamos esperando. Y desesperando.

 


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