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La Crónica de Guadalajara
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Población rural, la dura realidad

Actualizado 9 marzo 2016 12:59
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Por mucho que nos empeñemos, por más que el discurso político discurra por los cauces del embaucamiento, por insistentes que seamos en la defensa de las políticas europeas contra la despoblación, las cifras que nos ofrece el INE son tozudas, no admiten lugar a dudas, manifiestan a las claras el fracaso rotundo de todas las iniciativas que supuestamente se desarrollan para frenar la despoblación rural.

Más aún, en Guadalajara no solo ha sido un cuento chino eso de que se trabaja en defensa del medio rural y en el asentamiento de la población. Es mentira, eso dicen los datos estadísticos. Pero además, incluso la población urbana se ha resentido en los últimos años, en este caso como consecuencia de la crisis y de la ruptura del modelo de crecimiento de los años 90 y primeros del siglo, basado en el ladrillo.

Este segundo caso, la pérdida de población en la capital y pueblos del Corredor que han tenido un crecimiento tan desmesurado como artificial en los últimos veinte años, puede revertir hoy, o mañana, o dentro de unos años, pero la situación en los pueblos es endémica desde los años 50 y afecta a grandes áreas de la Península sin que, a fecha de hoy, haya existido política alguna destinada a frenar esta realidad.

Ha sido, y es todo, una mentira. Grande y tan reiterada que alguien ha podido creerse que en realidad se estaba haciendo algo para cortar de raíz la sangría de población. Pero ni se ha hecha nada eficaz en realidad, ni se pretende realizar cambio alguno en una dinámica endiablada que supone invertir miles de millones de euros (planes Leader, Proder, Leader Plus, Desarrollo Rural, Empleo….que no han servido absolutamente para nada). Es más cómodo para todos seguir haciendo lo de siempre, ¡para qué pensar!

Vayamos a los datos estadísticos del INE, entidad suficientemente acreditada como para que nadie dude de lo que está pasando en Guadalajara y en su medio rural.

Me he permitido tomar como referencia las cifras de población del último censo existente, referido a 2015, en las antiguas cabeceras de los partidos históricos de la provincia: Molina de Aragón, Sigüenza, Cifuentes, Brihuega, Sacedón, Pastrana, Atienza y Cogolludo.

Los datos generales, para empezar, nada esperanzadores.

La provincia ha perdido desde el año 2012, el de máxima eclosión de la población por el crecimiento desmesurado de la capital y del Corredor cuando llegó a alcanzar los 259.537 habitantes, casi 6.000.

Es decir, a pesar de la llegada masiva de población de aluvión al Corredor estos años de crisis han asestado un duro golpe a la provincia, esa es la realidad. Solo la capital se ha dejado en dos años cerca de 1.500 habitantes, con lo que eso supone de freno al desarrollo de la ciudad a todos los niveles; y Azuqueca, otros cerca de 500.

Es verdad que alguien podría consolarse, si quiere, que esto de las cifras da para mucho, viendo que en el año 1930 la provincia tenía 213.000, en los años 70 y 80, incluso menos de los 150.000 y en el año 1996 estaba en 157.255. Por tanto, puede creerse que ha mejorado mucho, pero estaremos escondiendo la cabeza debajo de la tierra como el avestruz si no queremos ser conscientes del fenómeno del Corredor en estos datos y de la situación del resto de la provincia.

En realidad, si tomamos la población de las cabeceras de los antiguos partidos judiciales, y a pesar de que en estas capitales comarcales se ha concentrado buena parte de la población de más edad de sus respectivos pueblos de influencia en un proceso de años imparable, dejando a los municipios pequeños semiabandonados, y que prácticamente acogen toda la actividad económica, han pasado de tener 17.442 habitantes de derecho –que esta es otra cuestión- en el año 1996 a 16.215 en este último censo de 2015, es decir 1.217 menos. Estas, y no otras, son las cifras frías pero demoledoras sobre toda una política de asentamiento de población errónea.

Podemos seguir así, haciendo más de lo mismo, promoviendo programas europeos y gastando cientos de millones de euros en todo tipo de iniciativas artificiales que, al parecer, nos “regalan” desde Bruselas y parece que no cuestan, pero seguiremos dando la espalda a la realidad y siguiendo con una política inmovilista y absolutamente ineficaz pero, eso sí, costosísima. ¡Que siga la vida!


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