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La Crónica de Guadalajara
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Domingo, 21 de abril de 2019
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Por anticipado, Feliz Navidad de parte de un vagabundo que duerme al raso

Actualizado 10 diciembre 2018 11:08. Primera publicación 10 diciembre 2018 10:03.
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Algún experto o alguna experta en perspectiva de género debería intentar explicar por qué los vagabundos, en su gran mayoría, pertenecen al sexo masculino. Aunque tampoco tendría mayor relevancia para lo que en estas líneas quiere uno plantear al que lo quiera leer. Lo de nacer varón no parece que sea causa eficiente para una supuesta predisposición natural a errar por pueblos y ciudades, pasar calamidades y dormir al raso. Es la vida, la puñetera vida, la que puede más que las razones de la entrepierna. Para unos y para otras, cuando nos une la desgracia.

Durante el pasado "puente" de la Constitución y de la Inmaculada Concepción, hemos convenido que pasaron cosas de interés en Guadalajara, en ausencia de muchos de sus habitantes. Así, el Ayuntamiento acogió en la ciudad un campeonato de baile deportivo, con su rumba y su chachachá. En Alcolea del Pinar, allá por el desierto demográfico del norte, algunos se manifestaron, sin chalecos amarillos, para reclamar lo mismo que exigen cientos de miles de franceses: que nacer fuera de las grandes ciudades deje de ser un agravio permanente. Y así lo fue contando LA CRÓNICA a los lectores presentes y a los ausentes, tan accesibles como somos a través del móvil o del PC.

Y sin embargo, hay noticias más allá de las notas de prensa. Más exactamente, las noticias importantes siempre quedan al margen de los comunicados oficiales, esos que se deslizan lubricados por la publicidad institucional, que nutre en su más amplio sentido a lo que antaño fueron llamados medios de comunicación social. El fótografo de este periódico, que a veces camina los mismos pasos que El Paseante del diario, suele compartir con aquel y con este que les escribe caminatas de exploración urbana. Como la del sábado.

Con la ciudad a medio desperezar por el segundo festivo en tres días, en el aparcamiento cercano al "Brianda de Mendoza" varias autocaravanas preservaban aún los dulces sueños de sus ocupantes, turistas en tránsito feliz por sus días de asueto. La escarcha cubría las carrocerías.

Unos metros más allá, sobre el césped más cercano a los puestos de flores para los muertos, alguien dormía o lo intentaba, arrebujado bajo un tinglado de mantas. A su lado, un par de bolsas con sus pertenencias, en mudanza permanente.

Con este material periodístico tan de primera mano, más de un aguerrido periodista de las televisiones al uso habría montado un reportaje de impacto, mientras que en los periódicos impresos que aún sobreviven se habría salpimentado la información con un barullo estupefaciente de cifras y estudios sociológicos, por aquello del "periodismo de datos" y tal. El arriba firmante, en cambio, prefirió dejar en paz al vagabundo, no molestarle en su sueño o en sus pesadillas y seguir camino hasta el teclado, para fijar por escrito este retrato de un ser humano anónimo, anécdota fugaz en unos días de fiesta, en vísperas de la Navidad. En vísperas, sí, de ese dulce momento del año en el que todos somos buenos y brindamos con champán, entre la ilusión de muchos y el hastío de bastantes.

En el probable caso de que se planteen hacer alguna buena obra de aquí hasta Reyes, permítanme que les sugiera yo una: a quien se queje de su suerte, denle un capón o una colleja. De mi parte. Y acuérdense del que dormía al raso, en la última helada del otoño, casi en la primera helada del invierno, para que al menos le sirva de referencia cuando dude si andar o detenerse, cansado de estar harto. Él estaba solo. Usted, no. A partir de ahí, todas las diferencias.

Y por anticipado, claro, Feliz Navidad...


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