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Puigdemont en el escenario

Actualizado 16 enero 2018 14:23
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Puigdemont se ha convertido en el actor principal del reparto de la obra teatral que se está protagonizando en Cataluña, porque lo que está ocurriendo no puede más que ser una representación escénica en cualquiera de sus formas.

No puede ser verdad lo que está ocurriendo, es imposible que sea real, me niego a creer que hayamos llegado a tan rastrero nivel político como para que esté ocurriendo lo que nos enseñan los telediarios. Pero es verdad, ocurre.

Un presidente de una comunidad autónoma ha huido de la Justicia a Bélgica, dejando en la cárcel a su vicepresidente; ocurre que quiere gobernar su región desde ese país; pasa que un nutrido grupo de ex cargos políticos de enorme relevancia en Cataluña participan en el reparto y apoyan esta idea. Y esto es solo una pequeña parte de lo que vemos, oímos y leemos cada día sobre la crisis política  más grave de nuestra democracia.

No es posible que esto esté ocurriendo en España, no es posible, por eso creo que en realidad Puigdemont, -Puchi para quienes le conocían desde sus tiempos como periodista del Punt Diari, en Gerona, periódico al que llenó de millones en subvenciones y que paga a su mujer, dicho sea de paso, que la pela es la pela-, es en realidad el actor estrella de una obra teatral digna de nuestra Edad de Oro. Un protagonista que además cuenta con un numeroso reparto integrado por ex consejeros, ex altos cargos de la Comunidad, ex diputados y diputados electos.

Solo si estamos ante una manifestación teatral, podemos entender que a alguien se le ocurra la idea de gobernar en modo huido desde Bélgica, que su partido y el tercero en discordia, ERC, le sigan la corriente, que docenas de relevantes figuras de la política catalana, -donde supuestamente habrá gente formada, culta, inteligente-, acepten su papel en el reparto, y que se pueda ni siquiera imaginar que Puigdemont será presidente de Cataluña.

¿De qué tipo de teatro estamos hablando? Es tan rico el repertorio de protagonistas, de hechos y situaciones, incluso de escenarios, que cualquier tipo encajaría a la perfección con la idea de presentar unos acontecimientos ante los espectadores/ciudadanos atónitos mediante la palabra y en directo o a través de la radio y  la televisión y con todo tipo de matices.

Podemos hablar de una tragedia, si se quiere, donde el argumento versa sobre un asunto desgraciado, que lo es. Tal vez de comedia, que está destinada a despertar la risa del espectador, que también. Puede ser un drama, donde se representan acciones de la vida, tratando asuntos serios y profundos, como estos, en su vertiente satírica. También vale como una tragicomedia, que combina lo trágico con lo cómico. Tal vez incluso algo de auto sacramental, por eso de que los actores principales recurren a curas, monjes y hasta obispos con frecuencia, incluso en la cárcel, y se declaran buenas personas y fervientes creyentes.

Y por qué no un monólogo, en el que Puchi interpreta con dramatismo su papel mientras disfruta de los mejillones belgas, los restaurantes de lujo, los musicales, las cervezas artesanales en la Grand Place y la buena vida a costa de los crédulos catalanes, rodeado de otros personajes que asisten ensimismados a sus palabras. También encajaría en la farsa, obra cómica que no necesita tratar sobre un asunto verosímil, pues si lo pensamos fríamente esto no parece que sea real. Y como sainete, obra donde se ridiculizan costumbres y vicios sociales, tampoco se despreciaría, pues están haciendo el ridículo mayúsculo.

Esto que está pasando en Cataluña, con Puigdemont como actor principal, y con Mas, Junqueras, Marta Rovira, Rull, Turull los Jordis, como actores destacados de un nutridísimo repertorio de incompetentes, no puede ser real, tiene que ser teatro.

Aunque, ahora, bien pensado, hay que decir que es un milagro que Cataluña sea lo que es, a pesar de todo, habiendo estado gobernada desde hace décadas por este tipo de personajes de teatro.


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