Las fórmulas del marketing taurino son a veces más ingeniosas que las de otros campos de la actividad humana. De hecho, muchos lo pueden estar comprobando en estos días previos a la Corrida de Primavera, prevista para el próximo sábado en Brihuega.
Acudir al bar de costumbre con la legaña puesta, pedir el desayuno de precepto y estirar la mano para coger una servilleta de papel son gestos mecánicos que casi nunca encierran sorpresas.
Esta vez, la cosa cambia.
Después de la inacabable Semana Santa –¿quién puede sobrevivir sin desaliento a cinco días seguidos de felicidad en familia?– lo de ver postrados sobre el mostrador los nombres de tres toreros no es lo que uno espera.
Limpiarse los morros con Manzanares, Juan Ortega y Roca Rey es una licencia que a los antitaurinos les resultará poética y militante mientras que a los aficionados les exigirá girar el papel para no manchar a la terna con los restos del café. Según se mire y según se haga.
El mundo, ya ven, no es un pañuelo: es una servilleta.
Y las porras, por cierto, tan buenas como el pecado.
Mis michelines y yo somos así, señora.

