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La Crónica de Guadalajara
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Sábado, 25 de noviembre de 2017

Turismo, despoblación y carreteras

Parador de Sigüenza. (Foto: La Cró[email protected])
Actualizado 9 noviembre 2017 13:53  
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Desde hace unos cuantos años, no pocos, las administraciones públicas nos venden con reiteración la importancia que tiene la industria turística en la provincia, como uno de los últimos resortes que aún nos quedan para generar trabajo, crear nuevos negocios en los desérticos pueblos dentro de lo posible y, en fin, ayudar a frenar el proceso de envejecimiento y despoblación que nos acucia.

Pero tantas veces como se nos habla de estas políticas, de las ayudas que se conceden, de la presencia en ferias como FITUR; ahora, también, de esos escenarios de película que se ha sacado de la manga la dirección regional de Turismo que tanto, insisten, nos van a aportar... pues les digo que en esta provincia chocamos con la realidad del día a día. Y es entonces cuando uno llega a la conclusión de que casi todo es humo, que en verdad es muy poco lo que se hace para dar solidez a esa idea de contar con un sector turístico fuerte, dinámico, capaz de atender como merecen los potenciales cientos de miles de turistas que, sin ir más lejos, nos ofrece Madrid, y que hoy prefieren Toledo, Segovia, Ávila, Burgos...

Ocurre que para poder disfrutar de esta provincia, del Parque Natural del Alto Tajo o del Barranco del Río Dulce, del maravilloso Valle del Mesa o de la medieval Sigüenza, sin ir más lejos, lo primerito que hay que hacer es coger un coche y desplazarse unos cuantos kilómetros desde Madrid. Y, ya, para ir cogiéndole el gustillo a la cosa el recibimiento no es el mejor de los posibles.

Sigüenza, a unos pocos kilómetros del Parque Natural del Barranco del  río Dulce, es una de las ciudades más visitadas de Castilla-La Mancha. Ha recibido desde que existen estadísticas (1996) a dos millones de turistas de los que se registran en la Oficina de Turismo –que en realidad son muchos  más– y cada año ya supera los cien mil, de todo el mundo, pero con más de un cincuenta por ciento de Madrid.
Y resulta que a ese potencial extraordinario que tiene la Ciudad del Doncel, con una más que notable industria turística, que es un referente del sector en España, se llega por una carretera de acceso desde la Autovía de Aragón que, si realmente quienes tanto hablan desde la Administración regional de las bondades del turismo en Castilla-La Mancha y de lo que mucho que están haciendo creyesen en lo que dicen, ya habrían actuado hace años.

No es de recibo que la Junta de Comunidades mantenga en la actual situación esta carretera, la CM-1101. Sencillamente, no lo es. Si nos creemos lo del turismo como factor determinante para potenciar nuestro medio rural, y en concreto la ciudad mitrada de Sigüenza y su amplia zona de influencia, despoblada y envejecida, no es aceptable ver cómo se construyen autovías millonarias y maravillosas en esta misma región mientras no se ha actuado en decenas de años en una carretera, de 27 kilómetros, que necesita reformar todo su trazado, su firme, la señalización horizontal y vertical, simplemente porque lo necesita y porque Sigüenza, esa joya turística de la región, no merece que se dé la imagen pésima que da esa vía, además de ser muy peligrosa en los muchos días de invierno que les toca sufrir, cargada también con camiones de gran tonelaje por la afortunada existencia de una conocida embotelladora de agua.

Y si nos desplazamos unos cuantos kilómetros hacia el este de la provincia, por la N-211 desde Alcolea, llegaremos a otra carretera en un estado realmente infame – sí, infame– que es la que conduce desde Anquela del  Ducado hasta Milmarcos. Resulta verdaderamente sorprendente que hoy la Junta de  Comunidades pueda permitir una carretera como esta, de apenas 32 kilómetros, que da acceso al Valle del Mesa, uno de los mayores reclamos turísticos de la comarca, pero ante la que muchos usuarios deciden dar un rodeo de varias decenas de kilómetros para ir a Villel, Algar o Milmarcos solo por no asumir el riego de recorrer esta vía. Una vergüenza en todos los sentidos.

Y hay más. Citaré otra muestra de la farsa que es esto que nos quieren vender del turismo como fuente de riqueza, empleo y desarrollo del medio rural despoblado y envejecido, porque no se lo creen quienes lo venden, o al menos eso demuestra ver el estado de otra carretera, también regional, y vital en el acceso desde Molina de Aragón y Corduente al Alto Tajo, ese maravilloso Parque Natural, que tiene hasta tres centros de interpretación construidos por la propia Junta de Comunidades, que es Geoparque y donde después nos chocamos con la realidad cotidiana.

La CM-2015, carretera prioritaria en la comarca, que cruza el Tajo en el conocidísimo Puente de  San Pedro, que recorre en unos 33 kilómetros el Alto Tajo de norte a sur, desde Molina y  Corduente, con su Centro de Interpretación, a Zaorejas, también con otro centro, llevando a los lugares más visitados del Parque Natural, es en realidad una vía abandonada a su suerte, peligrosa, sin señalización mínima, una verdadera ignominia y la manera más sencilla de desmotivar al turista que llega a unos parajes vírgenes, limpios, llenos de recursos naturales, culturales y arquitectónicos que algunos como los responsables del Geoparque se afanan, sin medios humanos ni recursos económicos, en promocionar aquí y allí y que otros, en Toledo, llevan décadas dejando estar, como si tal cosa.

Como ocurre con la CM-2106, que lleva desde Terzaga a Peralejos de las Truchas (16 kilómetros) y al límite de la provincia (por cierto, su continuación en Cuenca, perfecta). De poco nos servirá promocionar la Fiesta de los Gancheros si dejamos esta carretera como muestra de lo que nunca deberían encontrarse los turistas que llegan hasta el maravilloso pueblo de Peralejos y el río Tajo.

No  quiero dudar de la importancia y necesidad de las autovías manchegas, de los Viñedos y la Sagra, que por asuntos personales uso ahora con cierta asiduidad y veo su tráfico, del que no haré valoraciones, pero me gustaría que alguien explicase por qué esas pequeñas carreteras de Guadalajara no lo son en la misma medida, cuando en realidad hablamos de una zona que una de sus pocas posibilidades potentes de futuro pasa por el turismo, y ésta no es la mejor tarjeta de presentación; y hablamos de toda una provincia azotada por el abandono población y la desertización que necesita como el comer el turismo... y para eso precisa de unas buenas carreteras.

A ver si va a ser verdad que no hablamos el mismo lenguaje en Toledo y Guadalajara.
 


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