Viernes Santo. Desde las ocho de la tarde y hasta casi la medianoche, las calles del casco histórico de Guadalajara se sumergieron en el recogimiento propio de la Procesión del Silencio. Este es el acto procesional más emblemático de la Semana Santa de la ciudad.
Una multitud respetuosa, formada por miles de vecinos y visitantes, acompañó el tránsito de los nueve pasos. A lo largo de más de cuatro horas, estas imágenes recorrieron el centro de la ciudad guiados por el ritmo sobrio del tambor. Además, hubo el sonido grave de las matracas y el silencio sólo roto por la devoción.
La procesión reunió a cuatro de las siete cofradías de la ciudad. En su conjunto, estas cofradías integran un total de 3.700 hermanos, un número que sigue creciendo cada año. En particular, esto ocurre especialmente gracias a la incorporación de gente muy joven.
Esta vez, a diferencia de 2025, la Procesión del Silencio y Santo Entierro pudo celebrarse con total normalidad. Esto fue posible después de que el año pasado tuviera que ser suspendida por la lluvia.
No faltó la alcaldesa de Guadalajara, Ana Guarinos, ataviada de negro, con capa castellana y portando su bastón de mando y medalla. Participó en la procesión encabezando la comitiva civil, acompañada por miembros de la Corporación Municipal.



























Cofradía de la Pasión del Señor: 80 aniversario y apertura del desfile
La primera en desfilar fue la Cofradía de la Pasión del Señor, que este año conmemora su 80 aniversario. Abría la procesión el Cristo de la Expiración, portado a banzo. Además, le seguía el resto de pasos de la cofradía, acompañados por 50 cargadores que marcaron un ritmo sobrio y muy preciso.
Entre los momentos destacados, el público pudo contemplar la imagen de la Piedad, recientemente restaurada y portada a banzo exclusivamente por mujeres. Igualmente, vieron al Cristo de la Pasión, que lució su túnica fundacional, aquella que las Hermanas Adoratrices bordaron en los años cuarenta y que no se vestía desde 2022. El paso se presentó sobre un cuidado lecho de claveles rojos, con los hermanos portando cirios. Algunos iban descalzos y hasta arrastrando cadenas en gesto de penitencia. Finalmente, los pasos de la Pasión se retiraron en su sede, la iglesia de Santiago Apóstol.
Cofradía de la Virgen de los Dolores: tradición desde el siglo XVI
La Cofradía de la Virgen de los Dolores, cuya historia se remonta al siglo XVI y que cuenta actualmente con unos 350 hermanos, desfiló con su característica túnica blanca.
Su imagen titular, la Virgen de los Dolores, salió de Santa María sobre un solemne lecho de rosas blancas. También acompañaba el Conjunto del Calvario de la Quinta Palabra.
Cofradía del Cristo Yacente: sobriedad y tradición sonora
La Cofradía del Cristo Yacente aportó algunos de los momentos de mayor recogimiento.
Abrió su participación la Cruz desnuda de Jerusalén, réplica de la que acompaña al Cristo Yacente. Esta cruz salió por la puerta lateral de Santa María llevada por 12 cargadores debido a su altura y envergadura.
El anochecer llegó justo cuando el Santo Sepulcro salía de la iglesia de Santa María. Así se dejó una de las estampas más sobrecogedoras de la jornada, con la luz del día extinguiéndose mientras el paso iniciaba su recorrido en medio de un profundo silencio.
La imagen del Cristo Yacente, portado de forma sobria y sin relevo durante todo el recorrido, es sostenida por 24 braceros.
El acompañamiento musical estuvo a cargo del Grupo de Dulzaineros Mahurotos. Ellos realzaron el silencio penitente, junto a los característicos faroles y al sonido de las matracas.
A su regreso a Santa María, el Yacente fue recibido por el canto del Miserere, interpretado por el Grupo San Patricio. Posteriormente, se realizó el tradicional besapiés dentro del templo, uno de los momentos más esperados por los fieles.
Cofradía de la Virgen de la Soledad: cierre solemne del recorrido
Encargada de cerrar la procesión, la Cofradía de la Virgen de la Soledad, una de las más antiguas de Guadalajara, se incorporó desde la Cuesta de San Miguel. Su paso titular, La Soledad, junto al del Cristo del Consuelo, destacó por la sobriedad habitual de esta cofradía. Además, contaron con el acompañamiento musical de la Banda Sinfónica Complutense de Alcalá de Henares.
La Soledad fue la primera en retirarse al llegar en la Calle Mayor a la iglesia de San Nicolás, su sede canónica.
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