La intensa lluvia caída durante la madrugada y buena parte de la mañana del jueves, 5 de febrero de 2026, ha tenido sus consecuencias. Nada que vaya a ocupar minutos en los telediarios, pero lo suficiente para llamar la atención de algún lector de LA CRÓNICA, quien nos ha remitido las fotografías que acompañan a estas líneas.
Trozos de piedra, afortunadamente de pequeño tamaño, han caído desde las alturas de la fachada del edificio más importante de Guadalajara. Esas que se ven estaban en el suelo hacia los once de la mañana. ¿Habrá más?
A lo largo de los últimos años, no han sido pocas las ocasiones en que desde este diario se ha alertado de la necesaria mejora en la conservación del Palacio del Infantado, tanto de sus jardines como del propio edificio.
Su galería fue sometida a una larga reparación por culpa de la aluminosis de las viguetas de cemento usadas cuando se rehabilitó todo el conjunto en los años sesenta del pasado siglo.
La fachada, de caliza de Tamajón según siempre se ha creído, presenta en su base un deterioro evidente, que no ha motivado nunca atención especial por parte de los técnicos ni de las administraciones que tienen algo que decir al respecto. El rejuntado entre las piedras tampoco parece ser una necesidad más allá de la estética y de las preguntas que se hacen los profanos.
Que caigan «chinazos» tras horas de intensa lluvia puede ser una simple anécdota o un síntoma. El que deba juzgarlo, que lo haga.
¿Y de aquello de recibir obras del Museo del Prado? Eso, como se avisaba en las antiguas tascas contra el vicio de fiar… quizá mañana.


