Fotografías: Nacho Izquierdo
Durante casi cuatro horas, la ciudad dejó de ser lo que es habitualmente. Se convirtió en escenario de una coreografía muy medida: costaleros, música, incienso y un paso avanzando milímetro a milímetro.
La Virgen de la Macarena recorrió las calles de Guadalajara bajo palio. Más de sesenta personas se coordinaron para que todo funcionara sin margen de error.
Giros complicados, calles estrechas y momentos clave como la subida por San Miguel. Allí el esfuerzo se hace visible y el ritmo baja lo justo para que todo siga encajando.
Más allá de creencias, la escena funciona como un ejercicio colectivo bastante afinado: logística, tradición y puesta en escena.
Y sí, también como una oportunidad fotográfica impagable, gracias al objetivo de Nacho Izquierdo:





























